Friday, March 18, 2011

Primera parte: Memorias de la caverna / Estéticas mostrencas y vitales


Primera parte: Memorias de la caverna


DEDICATORIA


A los batalladores culturales del mundo
y de mi patria, porque en todos hay un capital económico
y riqueza humana, pero si no hay cultura no se sabe
qué defender y cómo organizar ni tal capital
ni su gente:
Carlos López Dzur

Como Alianza del subyugo
Montanistas
Detén el hacha
El padre y el hacha
El sacrificador y la ofrenda
El hacha del No
El hacha de Carlos Abram
¡Cuánto lo quise!
Y parece una persona pequeñarra
Criatura nocturna
Los burladores de la sombra
Tráelo al fuego
A Blaise Pascal
Caverna del mutatis mutandi
Bendición de los hijos
Las cavernas de la creencia
Los verdugos
El terror viene
Ni quien nos salve
El Líctor desea a Lumia
La zorra Lumia
El placer en cifras exactas
La zorra originaria
La relación pura
Dueño de mi olfato

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Como Alianza del subyugo

La Santa Alianza fue concertada en París en 1815 entre Rusia, Austria y Prusia, para sofocar las aspiraciones nacionalistas de las pequeñas naciones subyugadas.

¡Será cosa de ver!
... si ése que viene a ti,
dándote aliento con la virtud
de sus muchas prohibiciones,
si ése que al hacha tuya la conmina
deténte, surte su consuelo.
O convence.
En la sombra de la cueva te retuvo
y todavía él mismo obedece
a cinco dedos que son cinco sentidos
impuramente honestos,
consoladoramente adquiridos
en miopía y tradición de rebenque
y azote sinarquista
con placer escabroso.

¡Será cosa de ver
su Santa Alianza con la Mano Invisible
que te ahoga! ... Ahí está
con la ruleta rusa en París
y el gatillo, dispuesto a disparar
a las núbiles sienes, inocentes
y en congoja.

Con la prusiana disciplina
de cinco dedos puñeteros, frota el pene.
Con austríaca vanagloria
se vacía y echa sus mecos
en el decoro ajeno.

Será cosa de ver cuando digas tú
quiero naciones soberanas
y a mis hijos con poder sobre las llamas.

07-09-1989

<>

Montanistas

¿En nombre de qué amor
hablaste de las verdades, Montano,
si sacaste el tuétano a la vida,
si en árbol carcomido
transformaste esta siembra humana
que me asedia zurriendo
broncamente
con su homicida alarde?

A las ramas y semillas
sobran los tuecos, agujeros,
y un viento del siglo, sin oriente,
el tronco de mis árboles maldice
y, más allá, a las sombras de reposo.

Los sinarcas, armados con sus lesnas,
me han cercado, me han quitado
esta raíz que eludió dar sus votos de reata
(ya piensa, ya bendice, este corazón
tan ultrajado y prohibido).

Estoy con el vetarro de mis huesos,
añorante de días
y propias cuentas y hecho un mico
con espíritu noctívago.

Busqué el monte, sin temor,
la piedra para extender el alma
y alargar la razón de mi ser
y aceitar la mañana.

Pero, ¿quién eres,
hijo de montanada, con qué amor,
si alguno, se escribieron días del fin
del hombre sobre el mundo,
con qué carcoma santa
rechazaron las nupcias de la sustancia
con sus cielos, de qué verdad
o torpe vademécum leyeron su mentira
y me echaron de mis montes trascendentes?

Absolutas y mortales
son tus desgracias, tus blasfemias,
me predican, tu Hacha
es la que hiere geometrías.
Tu voz es la que mata
al Cristo ultramontano.

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Detén el hacha

Rescataron el poder
con cada mando simultáneo.
La autoridad absoluta fue del Papa
y vino él, al llegar estuvo
cuando cargué mi niño como ofrenda.
En su nombre, me dijeron:
¡Déten el hacha, hijo de la reala!
¡No lo mates, no regreses al seno
del Dios puro, no dés un paso más
que no mereces tú la trascendencia!

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El padre y el hacha
... la intolerable estupidez de la virtud:
Nicolai Berdiaev
El bien no es un valor absoluto.
Cállense, moscas placeras,
vayan y posen al carajo,
que las normas farisaicas
me mutilan; y el padre está
cargando su virtud
de pequeñarra estampa
por soledades sin caminos,
por su alma.

Vayan donde yo no les vea.
Que me condene solo
y no por oír a los vecinos
del postín, el antojo y el chantaje.

Yo no puedo orar
en las tinieblas, quiero la luz
más alta que la llama.

A mi dolor lo acostaré
sobre el pedrejón duro y ardiente
donde soy yo mismo el padre
y mi dolor, el hacha
que gritará este mandato descorazonante:
¡mátalo a cuchilladas con tu mala sombra,
sean sin condición las cosas ofrecidas y sagradas!

El oblata no es tutela legítima
(que alguien te ofrezca
por obligación civil
ya admitida y declarada)
ni aventura que allanará
el sendero numinoso
ni fácil consolación
cuando te duela corazón y vida
ni absoluto omniconclusivo,
justificativo del acto
y el campo de batalla.

05-22-1989

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El sacrificador y la ofrenda
El nominalismo niega la existencia experimentalmente cognoscible deprincipios físicos universales que pueden descubrirse más allá del ámbito de la percepción sensorial
El hacha como el viento
que sopla hasta Occidente
y recorre por praderas del vírgen,
tierno cuerpo de muchacha,
saltó al abismo, a la fe
del cimiento más oscuro,
y llevó consigo el puñal desmesurado
y ella, la materia, la nominada del escarnio
estuvo a su merced, cautiva, presta,
con dos palomas que salieron del escote,
con su vulva tibia y anhelante
que fue llamada el alma.

El céfiro se olvidó de todo método
(algunos alegaron que fue su acto
subjetivo, irracional, incomprensible,
in desesperadum).

Con un trapo atrás y otro adelante
tembló de gozo, afiló el nabo
que a cuerpo y afán empírico,
remordimiento y sustancia, escindieron
con prédicas de ruin nominalismo.

El se fue a rescatar la trascendencia,
se fue directo al beso y al orgasmo,
al experimento más allá de las proclamas
sensualistas, cartesianas
de principios a priori.

El hacha incondicional dijo
de pronto a la ofrenda de holocausto:
no es igualdad absoluta que te ultraje;
yo sufro y no lo sabes; soy humano,
pero voy a fundar la libertad
más allá de tu muerte, construída
por rudo y vil nominalismo.

Voy a darte el placer eterno
de la obediencia que trasciende,
el amor de los dioses
fuera de la cueva
egoica, vocinglera;
así la mala sombra
de lo humano
no será ya
capricho.

06-24-1989

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El hacha del No

Esto también solicito,
amados míos: que el fuego
sea placer y bien sentido.
No tengan miedo.

Satán no es ser; no existe
y el Hacha que yo entrego
es el último recurso estetizado.

Que no escuchen la gallunga
y su gente que asesina,
que a martinistas digan NO
y otro NO a la caterva ultramontana.

No ilumines demasiado,
estrellita de arroz, cuando tengas
a espiones de Tu danza, sigue
y baila conmigo a tu lado.

Los fuguillas bestialistas,
al servicio de cautividad rutinaria,
no son dioses; son sarna,
son ácaros.

Lunita crujiente de maíz tostado,
tén ovarios limpios, no cedas
a populismos sentimentaloides.

No dejes que te silben
como a perra, quienes sólo
a la obediencia llaman
y pretextan su refugio
en sus dioses.

Tén la piel como la leche,
niña amada, y como madeja de seda
ata tu visión al alborozo,
el queso es así aún más sabroso
que la baba de los cerdos
en tu plato.

Cera del panal que sean tus labios
y el beso siempre, un conjuro,
contraseñales del hacha
para el Gran peligro.

¡Ay, Toña, tonina, jamoncito
de mujer, cómo cautivas,
tú neurotransas del pajar
mutua alegría, tú eres mitosis,
me das células-hijas!

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El hacha de Carlos Abram
El Dasein tiene una tendencia inherente a aniquilar el espacio, a extender los sentidos y ampliar el mundo y a determinar y organizar el mundo, física y sicológicamente, en términos de preocupación: Martin Heidegger
El Hacha que Carlos Abram propuso
como útil, preparada a-la-mano,
presente, como su objeto dado,
Carlos sabrá retirarla de tu lonco
cuando seas-en-común,
el hijo de mi sueño,
el Deseado.

¡Tú me preocupas, pedacito
de mi alma! te solicito
y Radamanto, juez del infierno,
no te arrebatará por siempre...
¡No importa su prudencia,
eres mío, no de los espacios
geométricos y abstractos!

En espacios cualitativos te guardo.
Con amor, te doy mi situación originaria
y te saco del SE DICE que te entierra
en el Uno y te llora desde el Moriah
como si fuera tu fatus
la tumba de Don Nadie
y tu verdadera dicha
y reposo.

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¡Cuánto lo quise!

Tuve un hijo en la casa del prójimo
siendo yo, por igual,
prójimo en la casa-caverna de mi hijo.
Le dí el espacio de cueva
de su vida. No pude
darle más en la casa del prójimo
ni en la casa mía.

Y, por amor, quise ubicarlo
en su gruta verdadera, visión
de las estrellas plenas, infinitas,
en la cueva de roca de mí mismo.

Quería amar a ese hijo.
¡Cuánto lo quise!
Y, sobre todas las cosas,
yo dispuse que se enciendan
por él las nuevas luces
en la cueva ahíta aún con simulacros
y dolores suyos y dolores míos.

Lo llevaría a la casa de mi certidumbre
por anhelo, yo lo quería y descubrí
que no pude dar lo que él merece
y sufrí como nadie.

Entonces, vino mi Padre,
padre de todos los prójimos posibles
y me pidió su sangre, las tinieblas mías,
y que lo sacara de la cueva
y que trajera su urna cineraria
y que lo matara en el monte Moriah
oculto en lo más solitario de la cima.

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Y parece una persona pequeñarra

En la cueva parece pequeñarra
la persona; la dulce y suave cría
de aquel a quien se quiere tanto
y se lo llama cuna,
pedacito lunar,
alma mía...

Si el alma es mucho más,
¿cómo saberlo?
¿cómo aducirlo
con estas semejanzas,
metáforas del amor al hijo?

En este oscuro conocer,
todo es mostrenco
y no se conoce el percal;
únicamente la pastrija
y la pastrana
y ese montón de tierra
que son mis huesos cercanos
por sus años, sus achaques,
sus lamentos ante un poco
de sol y de alegría.

4-12-1989

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Criatura nocturna

Déjala conmigo.
Es tan hermosa. Se acomoda perfectamente a mi sueño
y su pelo largo, pelirrojo y rizado tapa mis ojos profanos
que ya no saben volar, ni filtrarse, profundos,
ni maullar como gatos, orgullosamente tiernos,
tranquilos y hermosos.

Desde que se fue, manos tengo que se agarran a las colchas
como su cimiento; la soledad es grande como el monte.
Entonces, si ella viene y a veces viene, es mi único gozo
de la libertad; con ella, soy un gato cerval
y desde el alma, gimo con regocijo.

Con ella, soy uno de los peludos entre las cavernas
que sabe darse vuelo, implorar por la luz, en medio
de estas oscuridades que nadie salva, sino esa hiena
que nos come los escrotos, a fin
de rescatarnos para el reposo.

Déjala conmigo. Que nadie ponga un amuleto
prohibidor, cartel de veda, cuando sea yo niño
de modo que me olvide cuando crezca; no...
que venga al Desierto, y lama como Lamia
mis Cromosonas-Y,
con su lengua de ADN
mitocondrial.

En el Desierto, como en montañas alpinas
o nevados inhóspitos, ella es la Leche que manda
el Sostenedor, el milagro que vuela para mi noche.
La lechuza.
La vida de lo Alto, la Eva dionisíaca
de la libertad, Lilit.

Déjala conmigo, ya que me densificaste
y estoy derramado en la miseria de las cosas
con el corazón endemoniado por todos los anhelos.
Déjala conmigo. Déjala conmigo.

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Los burladores de la sombra

Están al llegar
los cinco dedos mentirosos
del Manotas, la pícara presencia
de la Mano Invisible que dice a Abram:
Deténte, no tienes que matar tu crío,
al hijo de Tu Risa.

Están al llegar los burlones de la sombra,
gamonales de las cavernas de la historia.
Es mejor que lo dejes en la cueva
en el templo de Pitón,
en la cárcel sin angustia.

Vienen, están al llegar
los ultramontanos, integristas,
martinistas de huesos colorados,
geómetras euclidianos,
admiradores ciegos de Trasímaco,
ciegas larvas que suben las paredes
y cagan la moqueta
y salpican el fango
sobre el mundo plano, tieso, umbroso.
Ellos, que con superficies carcelarias
se confortan y masturban, casqueteantes.

Son ellos los que desprecian las curvaturas
del dominio complejo, los principios reales,
la quántica ciencia de los saltos...

Vienen, están al llegar,
los que no creen en vientos suaves
con placeres intensos, paradójicos,
momentos que limpian el espacio
como hoz segadora, separando
la paja del grano
y son, de ese modo, tan a su saber
dizque divinos, que las varillas
se clavan en la más blanda colleja
de la muerte...

Vienen, están al llegar
antes que la brisa sea en la noche
tu hacha de holocausto, obediencia y salto,
trascendencia purificadora.

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Tráelo al fuego

Pero el Padre dijo:
Tráelo al fuego aderezado,
al dominio complejo, a las noosferas.
A la luz de tus lágrimas, camina tú
con tu ofrenda, es olor grato.
Sígueme hasta ese monte
donde tiembla y se arma tu brazo,
ven a la silva con el hágase
para que sea el día en que te conozca
el viento suave de mi beso.

Tráeme la pastrija y la pastrana
y yo las quemaré, seré tu nabo
y en su interior de vulva, alma nueva
haré para el alma sensorial, nominalista.
Con el hacha caliente, promisoria,
vaciaré tu salmo, reharé tu sustancia
y a todos lavaré con alegría de nuevos átomos.

Toma el hacha, Abram, abre ese sexo,
dáme tus niñas greñudas
con mejillas cristalinas
como rubíes de Bohemia.
Al hombre espiritual y luminoso
le daré pueblos sin cavernas
de inútil fe ni cuestionable heredad.

La tea que se encienda por tu causa,
las hachas y cuchillos que se blandan
a los aires, por ternura
y por amor infinito.
Todo será recordado aún
en los siglos hermenéuticos
del Decaer.

06-29-1989

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A Blaise Pascal

Yo soy el que robé el fuego
y me metí entre las zarzas a buscar
al Dios vivo. Yo.
Tú eras sólo el Dios de los filósofos.
Y si algo te robé me cortaste la mano.
Tú eras un Sujeto para que los sabios se diviertan
o tengan acaso empleo, o rentable simonía.
Tú eras el supuesto Saber, un cómo hacerse rico,
supremático, uno que absolutamente condena
como Dios de la filosofía y deidad de la ciencia.

Eras un Dios conceptual. Yo, un niño más
entre las ratas, el chamaco jalándose la polla
hasta que avanzas como un ogro con la hoz.
Vas a cortar su pija y sangrarlo

Pedir que sobre el aditón se ejecute
un sacrificio humano.
Como el padre declinas, faltas.
Hay que decir que desaparecíste
y se quedó un ritual neurótico en tu nombre.

Dejaste de ser un padre enaltecido.
y una fuente de espíritu para la hija.
En el Monte Moriah. no te detuvo un ángel.
Isaac no es ya tu risa.

Es su llanto y el tuyo. Vives asesinando.

Tú eras un Dios garante, cartesiano.
Dios, motor inmóvil de Aristóteles.
dios hegeliano, dialéctico
del idealismo objetivo.
Tú no salías del fuego
como el dios de Abraham, Isaac y Jacob.

Tú no eres padre de nadie: eras Uno
que castraba a los Otros o los metía
en su garganta de infierno como Saturno,
que devoraba a sus hijos.

Tú eras el dios del silencio eterno.
El dios que aterra y que, por tanto,
desde el siglo XVIII lo matamos llamándole
ilusión de cogebobos, neurosis obsesiva,
artificio metafísico.

Con el puñal cientificista
te matamos, nietzcheanamente dicho,
porque tú no eres bueno.

Dejaste de dar consejo sabio para acceder a lo real
Formaste mil prohibiciones y vaciaste
las convicciones sinceras de mi pueblo.

09-12-2003

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Caverna del mutatis mutandi

Yo dí el salto al abismo
cuando ví la luz que me invitaba
a dejar la caverna del mutatis mutandi.
Del salcocho de cerdos no quise mi alimento.
En rehalas de rebaños ovejunos,
dicté: soy soberano y con sinarcas
que desprecian a mis hijos
y les dan sus sobrantes,
no quiero mi banquete.
Innecesario exordio son
sus prolegómenos,
predicantes de miseria.

Yo dí el salto de fe
y mi alma era una risa,
la gloria de mi fruto
más amado, el vetarro vencido
en el deslinde, la gruta del deleite
por rutas de movimiento eterno.

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Bendición de los hijos

Yo soy un padre en fuga
y el titipuchal de críos me solaza.
Ni tolondro ni aturdido me organizo;
les doy lo suyo. Les ví nacer con gusto
y les juzgo y soy severamente dulce
cuando amo.

Les veo, les busco en la casa
de la madre que gritaba en los templos.
Con hembras del frenesí,
en plazas y bares, comulgué
y tuve críos. A una mozcorra
de materialismo atributivo,
yo dí una niña, nuestra amada.

Con santurronas, legalistas,
de lógica formal o moral judeo-cristiana,
me acosté en bandidaje;
pero ví el porvenir, yo ví
los hijos perfectos que ya no entran
a revolcarse en el limo
ni en desajustes de identidad
se dan cimientos; yo los bendigo
y les cuento el pasado
(la hora del Hacha
y la cima de Moriah)
con un poco de futuro.

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Las cavernas de la creencia
... the fallacy of the misplaced concretnss:
A. M. Whitehead

A las cavernas de la creencia,
de la abstracción, de lo no concreto,
el silencio ha llegado, cómplice
desde los pasadizos del Erebo,
ente apenas sin encarnar al hombre,
ente apenas que, en la bestialidad
de la Noche temible, sin reposo,
gato por liebre ofrece
al animal nocturno.

El silencio ha llegado, fecundo
de fealdad y descaro, sin intuición
de oportuna concreación,
sin fundamento en determinaciones
que sean su necesaria racionalización
y completa percepción sensible.

El silencio comienza
en el fermento de todo dinamismo;
diciendo al Ser eres Nada,
diciendo al hombre estás sin acaecer,
no eres potencia, no eres acto.

El silencio escinde y atropella
cuando avanza con su carruaje
tirado de dragones, fantasmas
de plenitudes de ser desactivadas
en taciturna inercia, el reposo
sin hombre, la existencia
sin acto de su esencia,
MACACOA.

09-12-1981

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Los verdugos

Tienen el sol de su parte
estos verdugos,
varones de la medianía.
En sus hornos, en pocas horas,
las armas se fabrican.

Fundaron el tiempo nuevo
que apresura las horas.
Domestican a perros todavía
y se mueven en carros
y, ad nutum, con multitud
de utensilios sobreabundan.

En este tiempo sin mitos
(¿saben ellos de estructuras eternas?)
tienen su tiempo histórico de muerte;
aún así, por sus nombres nuevos,
el varón que a-luz-sina
el fin de la guerra,
el dolor y el bandidaje,
los conoce y desprecia.

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El terror viene

Dio ese NO que viene
de las Tablas Divinas escritas
con la punta de la guasca
y la repulsa al casquete
y el rito anal del puto dionisíaco.

Un NO que no gana para sustos
el Lobo viene y morderá a corderillos.
El frigio Montano bien que insiste:
el Reino viene y su Terror en chinga,
el Señor de la Siega se apresura.

Entre los pobres de Haití
y el vudú quebranta-muertos,
un NO a punto caramelo
asalta a Tertuliano
y dice a Martínez Pascual,
judío y mentiroso, su adiós
y Port-au-Prince apesta demasiado
porque él es la pestilencia en bruto
y la ausencia de lamento
y de vela del temor honesto.

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Ni quien nos salve

Tampoco hay Diosa Madre
que nos salve, sino 7,000 años
de armas de bronce y utensilios
y 900 torres que delatan
la esclavitud en Uruk,
su Gran Muralla,
y el dolor que, con antepaga,
regresa antes que el sol
que ajora en cobro
de sus deudas
con documentos
de alcahuetería.

13-06-1990

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El Líctor desea a Lumia

Vamos a acomodarnos en la cama,
a echar un palo, sea el último recurso.
Hagámoslo sobre el lodo pegajoso.
Una lichera encima que nos cubra.
Escondámonos con los ojos cerrados.

El Líctor viene, el monstruo
lebrón que no perdona,
¿qué haremos, Lumia,
si este placer tan nuestro
él nos los quita, qué hará
con tu changa, putaza,
pues tu changa es mi maco?

Con sus fasces de muerte
exije tanto y tenemos tan poco,
este morir de vulva,
hambre brava de mojica,
mi rico hartazgo, tu crica.

En tus muslos de légamo
mis huesos escondía, temblando,
sacrificamos a las doncellas,
éramos cómplices, yo pedí
que muera una, no tú...
otra que no sea mía.

Cada vez que apareció Megilo,
el espartano, o Euristeo, quien avanzó
a destruirnos, fuimos homicidas
y tú, hoy maruga que no jalas,
malpagas y desprecias, te engrandeces.
Como gran ramera, posmoderna tusa.
Ayer tan santa zorra fuíste.

Obedecías, venías entonces
y me dabas la concha y lumiábamos,
escondidos y en penumbras
sobre el barro, no cobrabas.
Te entregabas hediondamente
entera, golosa y sabia.

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La zorra Lumia

Sepa el mundo sobre la Gran Ramera.
Me cagó la changa (y por eso son
mis versos, odio por la Fata,
maldición de mi Fatus).

La conocí junto a vándalos altivos,
entre humildes herejes del estrago,
acechada de mártires, espectros
de varón, malparida al fin
de la Edad Media.

Se aupó como una zorra-lumia
entre salvajes y fue lobuna.
Echó sus morros como dientes afilados.
Me buscó en la mejana
como hurguete que averigua lo escondido
y mala hostia que ensarmentó mi boca
y yo fui amargo, cada vez más amargo.

Ella me dolía como el mal beso
que traiciona; era la cama
un cúmulo de arena y el agua
no llegó a refrescar las costillas.
La marea no bendijo la playa.

Humo y paja la pasión, su esperanza.
Ya no había en el julepe, sino la bestia
con alforjas vacías y el cielo que nos dijo:
'Pues allá se las hayan'.

Ofrecí como colonia mi cuerpo
y proyectos locos y lógica afectiva;
no fue suficiente, todo se lo llevó
y pidió más la mercachifla,
lóbrega buhonera de caprichos,
síntesis magra de mi amada zorra
en el estero y la nueva lumia
del descaro.

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El placer con cifras exactas

El minuto oprime. Es tiempo.
Hoy su mensaje en papiro organiza
del cuerpo su mecida, su gozo
en la península; ahora se cobra,
noche y día, con cifras exactas.
En el luto predecible de las deudas
se paga de la perra el tiempo con sus pulgas
y aúlla entre herreros y cabreros
y reclamará las monedas y la paga.

2.

Un tic tac de la muerte
(que es vivirse en tinieblas
hasta en el orgaasmo)
la cobranza a tiempo reclama.
El tañido de la Ley de lo Alto viene,
del sol aerobio del espacio,
el dios banquero y relojero,
el Tesoro celeste que a todos
ha convertido en tributarios.

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La zorra originaria

Uno tiene la zorra originaria
a los huesos alojada como su madriguera.
Uno sabe que ese corazón cató prudencia
desde su fondo de batallas y lunas.
El hombre es bueno
como el árbol de higo;
la mujer como el pan, sabroso.
El deseo de aportar al almacén cooperativo
fundó el economato y leyes naturales
que el corazón entiende
a pesar del medio patógeno
y la muerte, con su ecología de tinieblas.

Unico paraíso: el manantial del movimiento,
la lluvia que desata la adaptación
al canto, al desafío, la esperanza
como mito de sobrevivencia.
La función permanente, la realidad,
el ser, transformar la madriguera.

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La relación pura

¿Pero dónde, mujer, serás tú más amada?
Me gustas, nulípara, y no quiero pagarte
porque en tí está escondido todo lo que quiero
primariamente mío, hormonalmente santo,
tus críos con su lenguaje puro
a menos que los vendas,
lo mismo que a tu cuerpo.

Te hallaré como el zorro
que no vende ni compra
su presa, la persigue.
Se cerciora si conservas o escindes
tu luz de fe y malicia,
tu fuego de amor e instinto,
tu pez ígneo de lealtad
en los montes sagrados de los días.

No vayas por fuego fatuo y por ventaja
a los ojos del salvaje, que él no paga;
él muerde, acosa, organiza,
desespera, se angustia
y en su mundo no existen las monedas
ni el fascinum ni escarnio;
no pagará las deudas no debidas
ni fundamentadas,
menos al nacón de las monedas.

Como el salvaje, satisfecho del rito
de pezuñas clavadas por astucia y por deseo,
soy el preguntante del te quiero.

13-04-1975

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Dueño de mi olfato

Ni la razón ni la intuición
pueden captar cabalmente el ser
de lo que se encuentra:

Martin Heidegger


Porque, en oscuros corrales de mentira
y, en guaridas del monte, mi rival
hizo ciudades y perjuró:
¡a la zorra, candilazo!
yo persisto con mi cabeza ancha
y con mi hocico agudo.
Soy un perro salvaje,
aún dueño de mi olfato.

Los entes manifiestos vienen-ante mis ojos
y yo no los persigo; pero a las aves de corral,
con cluecas mañas de Bezug
e hipócritas ardides, referencialidades,
yo sí las cazo, voy por ellas, las espanto,
las muerdo y que se vayan, digo.
Su humo incomoda mis zorreras.

Habitan cerca de mí
y a su aroma nauseabundo
yo detesto.

Tengo las orejas empinadas:
¡soy todo oídos! y desnudo
me deslizo con sigiloso paso
y me sigue la cola
más larga que mis patas.
Largo y abundante, mi pelo y con él,
nazareo, nazco, crezco, muero,
¡pero ya son muchos
los zorros desollados!

¿Y qué será? que me duele por instinto.
¡Pues que no soy intuitivo, entre otras cosas!
¡Que con dolor y con angustia aprendo!
Y a la gruta del desfiladero llamo geografía
y serme-anticipado en mi avanzar, astucia,
mi gramática parda, lo aprendido...

12-01-1976

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Segunda parte: Nos cayó la macacoa
Tercera parte:
Tránsito de hienas
Cuarta parte: Consolaciones de Agar

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Las hienas en «Estéticas mostrencas y vitales» de Carlos López Dzur/ Conversando sobre las «Estéticas mostrencas y vitales» de Carlos López Dzur (2) / iNDICE / Conversando sobre las «Estéticas mostrencas y vitales» de Carlos López Dzur (1) / Tercera Parte: Tránsito entre hienas / Carlos López Dzur / Estéticas mostrencas / Crítica / El ¡ay! del yo lírico-amatorio / De Teth / «Teth cumplió 33 años»: Carlos López Dzur. / En EL LIBREPESADOR / Los Alcaldes del Pepino / Los Alcaldes del Pepino /

Cuarta parte: Consolaciones de Agar / Estéticas mostrencas y vitales

Cuarta parte: Consolaciones de Agar

Agar, mi sublime zorra
Te busco dionisíacamente
Detén tu mano, Abram
La estética de la necesidad
La necesidad tiene cara de hereje
La estética del areito
Mientras tanto hizo adobes
La vulpeja que enseña el cobre
Dama añeja, choripanta
Radunica y el azul
Deshumanización del amor
Jactancia
Fuente zorruna
La que vió a los amonitas coloniales
Estéticas de homicidio
Demofonte
Raéme del libro
Anticipo de promesa
El recital
A pasquinar
A Pitágoras y Orfeo
La belleza a la venta
El ¡ay! del yo lírico-amatorio
El trabajo consciente
El secreto de la Fortuna
Del parto de mi voz
Estas cosas dijo el Vitoco
Bendición de la zorreada


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Agar, mi sublime zorra

Yo no hice un Becerro de Oro,
no aporté un quinto.
Cuando estuvíste ausente, Moisés,
y el mundo entero pensó que no vendrías,
yo propuse a mi Sublime Zorra
(esa que nunca sería lumia,
mangaza o lagartera,
esa que no arrastra tras si
a las monda vividoras)
ni necesita Edad de Oro
ni sexo con turistas
en las Saturnalias.

Yo la propuse, mea culpa,
porque no es la Durga feroz de la carne
ni la cara engañosamente dulzona
de la bota marcial y las fasces
y las banderas del que oprime
y sirve a la sinergia
y la gesta prusiana del injusto.

Yo creía en Ella y me temo
que la amo todavía.

09-12-1990

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Te busco dionisíacamente

Ese yo nietzscheano
que ha sido asociado a las rapiñas,
a las águilas mosaicas y los gallinazos
es voluntad, es mi mano; hurgo
en los campamentos de Israel,
releo las viejas tablas hechas añicos,
busco aún mi cuerpo y mi fe,
la voz del que te oye.

No es pues la quimba
del que no es Quién por tanto hartazgo
de No-Ser y qualia hediente
de cadáveres, no es ínfula de ser
y no estar en el camino de Ser
por sólo ser un eco ultramontano
y caníbal dimensión
de la desidia.

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Detén tu mano, Abram

Todo lo que poseo,
poco o mucho,
para la eternidad lo dispongo,
para el ágape de la posteridad
lo quiero.

En el presente la vida es sólo talento
que se pierde, afectada virtud,
modestia atormentada, probihición
de danza, exterminio de escándalo.

El empirismo degrada,
año tras año, todo se va olvidando
con arrítmicos días
y obediencia
y rodillas peladas.

En el pasado, su poder y autoridad
(el principio universal que contuvo
la voz de la conciencia), las apropiaron
ladrones, en medio de mártires
y guerras y, en calles de capricho,
tras esfuerzos de inútiles rescates.

Al final, los corazones vivos
quedaron sepultados
y el bien común, ese tesoro,
fue la piedra de tropiezo
y el escándalo histórico.

Todo lo que poseo,
poco o mucho, ¿estará escrito
en las Tablas que echaste de tus manos?
Entre pizcas del Becerro de Oro,
demolido, buscaré mi tesoro,
entre residuos de la Ley,
examinaré mi parte;
entre cadáveres de los desobedientes,
hurgaré como perro mi mendrugo.

A la espada que quiera eliminarme,
diré Todavía No, sacaré el hacha
con que fui a la muerte,
siendo niño y la voz
a mí debida detendrá la agresión
con gesto existenciario.
Detén tu mano, Abram.
Déjalo ir por las rutas
del Nosotros.


08-11-1981

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La estética de la necesidad

Que la necesidad carece de ley,
pues me gustas por necesidad y por ella,
desde ella, contra tí y tus pareceres,
voy a zorrearte con colmillos
debajo de tu ombligo,
venceré la urdimbrada de tus noches.

Con hocico agudo lameré tus tetas.
Donde tengas un corral, destenderé
tu cama, rasgaré tus máscaras,
por olor puro de tu aliento,
por sudor sagrado
de tu sangre, vulpeja.

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La necesidad tiene cara de hereje

Que la necesidad tiene cara de hereje.
Que huirás de mí, que no querrás aullido
entre los pobres, alarido en soledad
de madriguera, ¡pues, pobre de tí
y tu oropel y tus tesoros de recompensa
en numerata pecunia!
... vanas cosas son
si un salvaje te descubre,
que no sea yo,
que voy a preguntarte si me quieres,
que voy a subirme a tus muslos
y tus nalgas hasta que pierdas
el cobre y te delates
salvaje o malnacida
del estero
y el pantano.

13-04-1975

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La estética del areito

El taíno vio las veloces lagartijas
(aquellas que antes fueron
gigantes alosaurios) y su dios
se hizo piedra debajo de las piedras
y lo adoraron artesanos de huesos
y predicadores de ciencia
y de cadáveres y fósiles;
pero el taíno dijo:
en el fondo de las fosas
dios sigue vivo y por el ombligo
canta y en el eco entre lomas
se escucha y pide areito.


Reconciliado con la muerte
y con sus ritos, el alma vuelve
y el indio sigue eterno
y sin llanto volvió a la faena,
cazador de peces
como antes de bisontes,
pizcador de ovas, algas,
careyes, burequenas,
conchas, aves, jigües
con presencia en los ríos
y reposó así, dios y el indio,
junto a las ondinas de Su Imagen
... porque somos del agua
y para el agua... dijo.

Y se hizo así preguntante cimero
de su Ser; se bautizó
en lo secreto de su alma
por el porvenir que nunca se devela
por completo y es el misterio permanente
de sus días, su espejo humeante,
la Otredad que trasciende.

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Mientras tanto hizo adobes

Mientras tanto hizo adobes,
buscó el cobre y el oro
que el amo impuso
como encomienda ingrata;
se meció en hamacas de henequén
(quizás lloraba, o tenía la ira sensible
como el moriviví o la mimosa púdica).
E hizo literas para que sean otros
Juan Ponce, Ojeda, Cerón,
quienes duerman
como él, y no despierten,
ojalá nunca y no se enojen...
pues, con minga parada al despertar
ultrajan a las indias, desnudas
e inocentes doncellas de los campos.

A la sombra de las ceibas
y algarrobos, los vieron llegar
en bergantines y empezaron
a dudar y a sufrir
los hijos cobrizos de los dioses.

08-24-1988

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La vulpeja que enseña el cobre

Cuando saltas delante de mis ojos,
cuando irrumpes, ente manifiesto,
y das en las pupilas,
eres un golpe de la brisa con aroma
y una mariposa
y una noche
y me encantas.

Por lo general, evocas el perfume
y la tibia forma del muslo
y la armazón de huesos
relajados y fluídos.

Tu estómago cubrirá mi piel
como arcilla que se lava
en barranqueras, o cascada que baña
dulcemente, aunque huelas
a yagrumo a mis espaldas
y te pierdas como gacela, apurada
por tu rumbo de malezas o escondrijos.

No me gustas por eso
porque te vas y tu encuentro
es más breve que el silencio
y menos duradero que la aurora.

... pero me gustas, zorra,
porque conservas la astucia de vulpeja
y husmeas la madriguera de la calle
en la ciudad mundana y en la plaza
del cuidado circunspecto, te temporas.
Te surtes con vestidos de lujo
y de marrana, si te place.
Te engalanas, asqueada o cómplice,
del orgasmo ajeno.

Te obsequias provocante y provocada.
Azuzas con lockeano sensualismo,
te enciendes como un motor de sexo, talonera.

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Dama añeja, choripanta


... les souvenirs ne pleu pen pas,
au contrarie, ils élargissent votre
solitude:
Gustave Flaubert
Dama añeja, choripanta, con asechanzas
endurecíste mi vida, me escondíste
la alegría, echaste abajo el proyecto
del vuelo luminoso y mi renacimiento.
De la esperanza, licuaste tu pitarra
y vino amargo, vociferaste en mi nombre
para echarme la biga, ahogarme en desconsuelo.
Bebí tu copa. Anochecí contigo.

Vieja memoria, necrópolis de mi alma soñadora,
ataste mis pies, dejaste de mis brazos
sólo un par de muñones y por eso te recuerdo.
Desandamos hasta que nos perdimos.
Si no fuera por tí, no sabría de mis propias cicatrices.

No sospecharía la cuenta de tus daños
y mi padecimiento. Vale mucho más olvidar
y, sin embargo, no puedo. Tu presencia
me ofrenda cementerios. Tu beso
me envenena la boca y no te olvido.

En mi soledad aparece tu penumbra.
Te agigantas. Asedias lo profundo.
Me conviertes en cómplice.

13-07-1985

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Radunica y el azul

Abrimos túneles en la carne
(únicos paraísos e infiernos
que podemos brindarte, Azul).
Todo el azul del cielo no puede ocultarse
bajo nubes terrenales de la muerte
como si fuese el asqueroso seno
de mares traicionados, la vida.

Es imposible envejecer
tan de golpe si no se prostituyen
por igual las horas de la aldea,
el rincón en la riba, el azul en pleno,
todo el azul que es guardado
en el hombre y sus anhelos.

Radunica, belleza robusta y travieza,
por 30 años al hombro cargo el cadáver
(que hoy me quita el libro de mis horas);
me pesa, me fatiga, no puedo
hacerlo vivir un poco más.

A orillas del río, ya dejé de ver mi fuerza
y no que esté desencantado con el campo.
Ni con la aldea que amo por sus silencios y colores.
Sucede que, entre aldeanos, veo a los tuberculosos,
tiritan al amparo de la leña y la chavisca.

Azul, esta tarde, me asfixias.
Me desangras. No volveré a mirarte
desde el cielo ni lo lagos, Radunica.

07-02-1980

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Deshumanización del amor

La peor changa,
la que dio los cimbronazos
más violentos a mi vida, fuíste tú.
Me sorprendiste, Maruga,
con las armas caídas,
con pies fríos,
con alas heridas y nerviosas,
serotonina abajo.

Yo fui el chiflado que soñó
tu cuerpazo, machota garrida,
gallaruza; yo fui la espina clavada
a tu piel de légamo, tu lodo,
flor de fango.

Vapuleado me hallé cuando te quise.
Me amarraste con cuerdas de esparto.
Me interrogaste; en Lista Negra
escribiste mi nombre, burlona:
sólo el etrusco puede darme lujos,
sólo el Lictor, ministro del terror, hoy llamado
Justicia y Orden, ensaliva mis senos
y me toma y me place.

Yo fui el que creyó en pájaros azules
y, al conocerte, bebí
en vasos libatorios de Don Nadie.

En cámaras de escarnio torturaste
mi fe y sus simulacros.
Me hicíste un valepoco tragándose
su mónada, con los güevos
a mordiscos, sangrantes.
Los chispos de mi alma,
mi conciencia, ya no volvieron
a ser tuyos como antes.

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Jactancia

Ninguno que sea pobre sea altanero.
No se jacte si no tiene fortuna.
Tener se ha convertido en autoridad,
medida de los hombres y hay medidas anuladas,
juicios impensables para quien en desgracia vive.

Baja tu cabeza. El hambre te borró del mundo.
Arrodíllate y no menciones a Dios ni con tus gimos.
Un bien vestido de sotana, una sociedad de mantillas
sobre el hombro, denunció tu pecadora vida.

Destituído fuíste de los cielos, sediento y con pesares,
tu espíritu se gafa entre las sombras. Palabras ociosas
son tus oraciones; en diálogo de sordo, sólo enseñas
el cobre. Prepara tu espaldas a los azotes,
tu mejilla al escarnio, tus ojos a las lágrimas amargas.

Tú no tienes ni una manta para el frío.
Tu presente es una cárcel clandestina
y tu ira, un testamento de la Nada.

03-05-1985

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Fuente zorruna



¿Quién mató al Comendador?
¡Fuente Obejuna, señor!:
Lope de Vega y Carpio
Fuente zorruna, ovejuna mejana,
isla en el río, dulce aldea,
el inquisidor llegó, dijo tu nombre,
Laurencia, te nombró, Juan Lloréns,
pidió tus credenciales, Junta
de los Trece zorros de Valencia,
preguntó por los pobres de Córdoba,
por las manos negras,
por los anarquistas
en Jerez de la Frontera.

¿Por qué no preguntaron
por los nobles engreídos,
fornicarios bellacones, por girones
del partido de la Beltraneja,
por Pedro Madruga, el chantajista,
por qué no por ladrones
y acumuladores, chupasangres?

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La que vió a los amonitas coloniales


a Juan de Sámano, ejecutor de La Poli Salavarrieta
y de su novio Alejo Sabaraín
Policarpa, víste tú al hombre
que combatió a Nariño,
le supíste su nombre y apellidos,
Virrey de Santa Fe, tú lo conoces,
prófugo en Panamá, bien que supíste
sus crueldades, su presencia
en el carruaje de dragones
después de su derrota en Boyacá
donde cayó su fama de jerarca.

Huyen, gente como él,
porque deben sus crímenes
y la infamia se averguenza
de la infamia, huyen estos hombres,
hijos del Erebo, paridos para venganza
y mayor Némesis, hijos de Nergal
y las cavernas, hijos del ser trunco
que en la Plaza brindara,
no holocausto grato, linda Poli,
sino niños inocentes a Moloch.

Son amonitas que se han comido
de miseria en los infiernos
como incensarios de la oblata
de lo injusto; tú los conoces,
maestra y heroína colombiana,
y los víste, galopantes, mistagógicos,
llevando a lo Oculto su porción,
macacoas como su miel.

Leña echan a sus erebos doctrinarios
y un haz de sambumbia y desecho,
a las dolamas y a las macacoas.
A sus nichos, oratorios en las sombras,
ofrendan cuerpos santos como el tuyo;
a seis héroes de la causa libertaria
los sumieron en la noche castrense,
en el fusilamiento, en paredones,
en mihrab de la escena del disparo.

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Estéticas de homicidio

Tú advertiste a esa caterva de asesinos,
y lo víste a él, cara a cara, Poli,
(Juan de Sámano es llamado);
sabes quiénes son los sargentos
que mataron a tu futuro esposo;
conoces sus carruajes dragontescos,
a matarifes que a tu complot
de libertad volvieron simulacro
de rareza y mirlos blancos;
tú sabes sobre el Vientre que traga
cadáveres y los conduce al Hades;
tú fuíste fusilada por el Virrey
de Sámano, tú sabes del silencio
que la muerte acumula
y de sordos oídos que son cómplices.
Tú sabes lo que Bogotá hizo
fe santa y muere y muere
en las manos de asesinos
como él, hijos del Nergal
y el Gran Imperio.

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Demofonte

¿Por qué me tratas así?
te pregunté, Changa-Lumia,
yo, Demofonte, sujeto a tus desplantes,
yo, que pregunté, changa-maruga,
ese por qué del ayer,
este cuándo y cómo, tu NO de ahora,
yo, que tuve tu maco tan peludo
y lo chupé como al molusco
que, por mis dedos, juguetones
se excitaba chorrosamente y, al fin,
dejaba sus humedades en mi boca...

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Raéme del Libro


... Alarido de pelea hay en el campamento... y aconteció que cuando él llegó al campamento, y vio el becerro y las danzas, ardió la ira de Moisés y arrojó las tablas de sus manos y las quebró al pie del monte: Exodo 32: 17, 18, 19
Ráeme ahora de Tu Libro.
Quita mi verso, tuerce mi lengua
de por si, torpe y gangosa.
Como harina de otro costal
se conmueve mi canto.

Ya no puedo con tanto excomulgado;
ya no puedo con las hembras
que no danzan ni escriben sus estrellas
en espejos de alegría, ¿por qué las callas?

Tú quieres un mundarro de silencio.
Vuelve al monte entonces.
Apártate de la farra del cansado.
Que te digan como Fatum
las palabras irrevocables
del Dios ignoto, impredecible,
impaciente ante el mínimo pecado.
Que las repita sólo para tí,
pero no jodas...

03-11-1981

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Anticipo de promesa


... No soy enviado sino a las ovejas perdidas de Israel: Mateo 15: 24
Hijo de Israel, voz
de carne cavernaria, pero
anticipo de promesa y esplendores,
vas a pasito, con luz propia,
lento y cansado, camino de sandalias.

Los ciegos por tí claman
y de Tiro a Sidón te llaman Enviado
y tienes tú más sed que todos,
la injusticia persiste
y hay tinieblas que jalan
y forjarás el sol justo
con tus solas pupilas como lámpara.

Una niña cananea está enferma.
Como demente llora, como perra ladra
y, en un oscuro paisaje de camino,
cada hora es posesa del recuerdo
la madre persistente que clama:
Ayúdala, las contigencias del futuro
la fatigan; la inocencia de su cuerpo,
la aminora; no repitas como tu grey,
es una perra, foránea...
aún los perrillos comen las migajas
que de la mesa del amo saltan...

¿Caerá alguna migaja
de la mesa de Tu Amor?

Lo que sobre de tu pan, lo que tires
que sea tu ofrenda, Rabino,
échale a perrillos cananeos
lo que tú quieras, pero cura mi hija
que padece, consuélanos
en medio de la xenofobia
y la misantropía.

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El recital


Del dicho al hecho hay mucho trecho:
refrán popular
Atardece la tarde y se muele la noche
y están mis compañeros, ansiosos, avergonzados.
Tanto cartel en vano, se repartieron volantes.
Se avisó por la radio: «va a llegar el poeta,
él nos leerá sus versos» y atardeció
la tarde y se molió la noche
y no ha llegado nadie. Ninguno.

«Esta sociedad es un muladar, Poeta»,
me dijeron. «Si el convivio lo reclamara un narco
con música de banda, si el temario fuera
el sexo compulsivo y el prurrito, si la historia
a contarse tratara sobre fútbol o goles o patadas,
del Cristo salvador, que nunca viene,
de cómo se hará dinero sin angustia,
como por arte de magia
este recital se habría cumplido,
lleno el salón hasta el fondo».


Habrían hecho malabares por darse
aquí presencia, no digo unos cuantos...
¡Todos! porque organizamos, hicimos
el trabajo para jalar audiencias
y no ha llegado nadie ni aquellos que dijeron:
«Estaremos allí. Lo prometimos».

Ni llegaron. Ni vendrán. Ni mañana
ni en futuro próximo. No me extraña, amigos míos.
Esta tarde, antes de que llegara, yo ví el Poema.
Me flotó ante los ojos, me habló privadamente
para que les explicara con palabras su sentido.

Era un árbol frondoso, altísimo, con verdes esplendores
y las ramas tan espesas con flores, que pesaban
sobre una banca en el parque. Un árbol era
que cargaba las esperas de alguien
que limpiara sus ojos de poeta
y se sentara allí, donde nadie
ahora puede, donde lo dejan solo.

El exceso de flor y capullos, hojarascas, frutillas
ya pudridas y caídas sobre el banco, ganchos de la arboleda
que pegan en ristra los espacios donde las bancas ubican,
marañosos ramajes ocupan el asiento todavía.
Este es el mensaje y ustedes, amigos,
como gallos presurosos a su canto, olvidaron
que a los poemas, al silencio sagrado, no los llama nadie.
Vienen solos. A los poemas llegan
quienes son humildes vigilantes,
los que limpian los caminos hacia la arboleda.
Los que buscan el Claror de cada espacio
y expresan la nitidez de la voz en solitario
como el gallo que anuncia el fin del día
con su canto cuando todo el mundo duerme
y el gallinero, tranquilo,
hasta que él vuelve y canta
el comienzo de otra madrugada.

La madrugada es segura. Algún día la será
la del Arbol-Poeta, la del árbol-Gallo,
la del vigilante de los parques
quIen es quien deja limpio el lugar y aderazado,
para que lleguen aquellos que quieren esa luz
que no la impone ninguna propaganda.

Vamos a sonreír, poetas organizadores,
despues de inútiles horas de vana expectativa.
No dejemos que nos lama la tristeza
porque en una banca del parque
ví mucha tristeza amontonada
y no era un muladar.
No era el calvario.

Hallé los árboles más hermosos,
dignos de cada sombra que su alta copa esparza.
Y la brisa es digna de las bancas vacías,
pero sólo era la tarde, no la noche aún
para el cantío, tampoco el punto
menos inadecuado de vigilia.


03-11-2003

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A pasquinar

Las poesías ocultan que fueron tinta negra: Samuel R. Quiñones
Juan Pasquino, sál de la purria
como el mal aliento y sé el Lampoon
que los burle y retuerza en sus catingas.
Que por primera vez conozcan
el lamento y moscas en sus orejas gachas;
díles que los vigilas en la plaza
desde tus escondrijos, dále de tu caldo
estética de pueblo...

Que son impuros, publícalo
en paredes de letrinas,
en los altares públicos
frente a palacios y congresos.
Que no estarán impunes para siempre
las reputaciones de sus canallerías.

Sé implacable con los hijos de Marforio,
gentuza cascarete de salones y foros y congresos.

Háblales con tu lenguaje de barbero.
Afila tu navaja y que dé miedo
y con tu lengua carretonera
menciónalos a todos, gran curriche;
cóseles el capotillo de dos faldas
si tan buen sastre eres como dicen.

En la Piazza Navona, surte ingenio,
porque son peor chusma
que todos tus libelos, todos ellos:
los proxonetas del Duque de Olivares,
los Conti que se esconden en la Iglesia,
los sepulcros blanqueados,
los Ortes, Grandi, Casanova,
Cagliostro y Capodistria.
Juntos, purria, como porra,
pasquinemos.

06-12-1980

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A Pitágoras y Orfeo


... la música de los hombres no es más que un eco de la Música de las Esferas, pero su instinto innato que hace que su alma resuene con la música, le proporciona un indicio de la naturaleza de las armonías matemáticas que se hallan en su fuente cósmica: Pedro Miguel González Urbaneja

¿Para qué le sirve a una guitarra
una cuerda rota? ¿Para qué a la canción
del infinito? ¿Para qué a la armonía de las esferas?
¿Por qué se ha cansado la humanidad que vivo
de buscar un acorde perfecto para su metafísica?
¿Por qué no dicen ya, como tú, Maestro /
Pitágoras / de finísimo oído, que los planetas cantan
y que el Cosmos guarda, como secreto
para quien oye, con corazón discernitivo,
proporciones aritméticas de fascinantes
concordancias que son los movimientos
de los cuerpos celestes, con tonos esparcidos,
melodiosos, porque cantan a la vida
y vibran en el universo entero
como si fueran un coro para el Himno de Ares?

Ahora que sé, semicautivo en esta coordenada espacio-temporal
de mi Tierra, que mi voz es guitarra y mi pensamiento
el orden mismo de la música, me obsede preguntar,
Pitágoras, ¿qué haré cuando falte una cuerda
a mi guitarra, qué haré cuando en Tracia
la desesperación me lleve a destrozar mi lira
como Orfeo, qué haré cuando Eurídice me falte
o digan que me parió una perra,
no la musa Calíope?
¿Qué... cuando no se duerman
los Cerberos del mundo, qué cuando el barrio
por el que vaya sonriendo sea selva de cemento triste,
catábasis inframundana, donde todo es discordia,
crímenes, peligros y me pidan como a mariachi loco
que venda mi alma o mi decencia básica
por la cifra de un peso?

¿Para qué me sirve la boca que quisiera
cantar, amando el Monte y Pangeo
desde el despuntar mismo de los amaneceres,
si desvirtuada está / pobre mi boca
por la ebriedad del mundo
y el viejo Patrón Dioniso, amado por la chusma
de sus avataras son amantes de castigo
y represalia, milicos de la antropofagia
y el nihilismo? ... En vano, iré con tu canción,
Eurídice; en vano que hable de la armonía del mundo
y del amor sonoro como las propias fuerzas
que mantienen en equilibrio el Sistema Solar,
todos sus hijos-ondas, porque todo es energía,
todos sus hijos, como salmos, todos nacidos
para el mismo abrazo que armoniza
aunque en geometrías parezcan divididos,
en colores y voces que son la misma cosa
que sustenta el Universo.
Todo: ondas de Luz y Sonido.
Pero en vano, en vano.

¿Qué haré cuando la chusma en Tracia
diga que son los dioses lo que imponen castigo
y como Orfeo me vea en la tristeza de la ira,
sordo para oír desde el silencio
el canto de los cielos y me tiente golpear
lira o guitarra sobre la roca, reventar
cada cuerda y el ruido sea la herencia del pueblo
que me pidió cantares y sólo tuve odio
en mí, o desaliento? ¿Para qué sirve,
para qué en la guitarra del futuro,
en la esperanza del presente,
el corazón marchito
en tumbos sobre la cuerda floja?

08-07-2000

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La belleza en venta

Por descubrimiento desfigurado,
a toda cosa se ha fijado un precio.
Las pérdidas se lloran con lágrimas
constantes y sonantes.

Las bellas zorras venden
el placer y todo encanto
con monedas que pagan
su estrellato. La verdad
comienza por serle arrebatada.

Lo expresado por Don Nadie
es oír decir lo dicho:
querer es ya ir pagando
a numerata pecunia la deuda,
la demanda,
el fundamento.

Por descubrimiento desfigurado,
somos cómplices
y los objetos saltan a la mano
y los útiles cohechos,
¡oh, del sensualismo vano!
tramitan la billetera soberana
y la usura crediticia.

Los cómplices, de la necesidad,
forjan virtud, compran a navajadas
y su corazón queda abierto
y vicioso por consumo.

Por ambición se desfigura todo descubrir
que requiera que escarbes con pezuñas
y tengas garras y un ¡no! del estero.
Basta el salario y que seas una pieza
del sistema, una tuerca,
un rasero,
un copartícipe
de lo aceptado y repetido.

21-02-1974

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El ¡ay! del yo lírico-amatorio


«La necesidad genética puede ser considerada una necesidad de evacuación; la elección está determinada por unas sensaciones que hacen más agradable la evacuación de los productos sexuales»: A. Hesnard
¡Ay, confidente Poesía, compinche de enamoradas,
alcahueta de miserias amatorias, Trotaconventos
de cada bella(quera) verraca de líbido!
¿qué podemos hacer? cuando las adolescentes,
las adultas... las vejacas, rezuman sus besos
por cada poro y a veces los ven volar
cual mariposas que no encuentran la flor,
como suspiros que no encuentran el cariñoso dato
cuando más saturadas está el alma de hormonas
y más hambrienta de besos...

¡Ay, díme si es por riqueza de Eros,
o si porque Cupido no acerta el flechazo
y el varón es rata de dos patas, o su cuerpo
es de sapo que croa en el lejano pozo,
donde no existe el príncipe,
eso mozo digno de quererse,
ese amigo digno de ser besado.

Dímelo, sicóloga de amores, adivina
de palabras, maga-hechicera de sortilegios.
Se han vuelto demasiados los poemas
a la carne, textos a los deliquios,
mis menciones de noches pasionales...

Ayúdame, consejera sentimental,
reparadora de orgasmos, veterana de líbidos,
a organizar el placer que nos provoca
(a nosotros, pobres poetas de todos los sexos
y avatares) a que fluya esta emisión
de productos sexuales.

Casi todas las palabras que yo encuentro
en los textos, ¡ay! se repiten como rimas
de amor, se unen a caravanas
de nómades hambrientos de ternura,
se urden para verte y que ofrezcas consejo,
Gitana, con naipes marcadas
de consuelo y ases de corazones.

¡Ay! ¿quien capaz fuera como Abu Chafar
ben Said, y uniera el agua con el fuego
y ofrezca consejo a Calixto y Melibea?
Sé tú en su lugar, Mujer Libre de dudas
y Casamentera de los atormentados,
quien a la reclusa de amor por doncellez
la redima, o en el cesto de su compra
ponga magia, la cita a ciegas
con quien dará caricias y susurre la palabra
más dulce y sincera.

Tira el panal, Celestina, y que no escape el deseo
de la abeja, pero que se coma miel
a ojos vistos o a escondidas,
¡ay, qué enamorado amor pica en los huevos,
qué humeda tibieza se esconde
debajo de la falda,
qué aromoso misterio mortifica las bragas,
que la Poesía ya no sabe
cómo callarse toda su gana de amar...
sin que nada nos joda
ni el laúd silencie su lujuria
ni el tocado de plumas de la joven risueña...

Haz el momento mágico en medio
de los oscuros y sombríos muladeres
del encuentro caravagista:
ella quiere ver a «Gerardo de la noche»
y sentir sus buenas intenciones,
si con él hay futuro, o sólo simulacro
por apuradas pasiones; ¡ay, cómo es líbido en pote!
cada palabra cómo infecta la lengua que canta,
o los dedos que escriben, con todo vaciamiento
en iemanjá de zamba para el gozo
y la pomba-gira, escandalosa...
como nalga...

¡Ay, LocaLorca, lo caliente no se quita.
Mi caballo negro está fuera de control
pues ha visto la rosa, ay Carol Baker,
tanto líbido, naufrado en la colcha,
y facilita de amar te he visto en Baby Doll...
Todo me habla de ti, Misterio Voluptuoso,
espasmito de biología, ansiedad metafísica
de mis progenitales versos, un cuadro,
un jardín, una película,
una suave melodía...
turgencia de los órganos bellos, disfraz
de la palabra coactiva, incentivante
de un qué sé yo
que es el ¡Ay! del yo lírico-amatorio
en aras de evacuarse
intensamente inmoralista.

03-11-2004

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El trabajo consciente

Mi dios se llama el Mito Eterno:
la actividad, la inventiva social,
el trabajo, el producto.

Dios es artificio, industria, ajoro.
Dedos altos, como frutos que de la copa
y savia de los árboles, recogen alimento.

Esos pulgares de primates mamíferos,
sus manos en gesto vertical por las semillas
y sus miradas al cielo, esperanzados,
son mis dioses humanos, mi dios erguido.

¡Y en las charcas de gibones, diosas tengo!
Las encuentro cuando cantan, o danzan en pelotas.

Son ninfas gritadoras, festejantes de gloria,
y ellas han sido y serán como almeas
en las calles pobladas y fueron alguna vez,
ojalá que puedan serlo otra vez y siempre,
danzarinas del areito.

En las selvas, diosas con dioses y tambores,
echan campanas al vuelo, arman su risueño regocijo
en Ceres-OM-nias. Se perviven
en inocencia primitiva de mi trópico.

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El secreto de la Fortuna


A Tykhé / Fortuna

Daughter of Zeus Eleutherios (Liberator),
Tykhe (Fortune), our saviour goddess:

Alcman, Fragment 64, Lyric II C7th B.C.
Serás afortunado. Beberás de la memoria
de mi Gran Vasija, del Cuerno de Abundancia.
Estaré en la Tierra, sin que tú me veas;
yo seré tu porción, el clamor de tu espíritu.

Te exilaré a donde pueda el timón llevarte.
Yo pongo la mar y el barco, tú navegas.
Y llegarás al puerto, flotarás como un loto.
Y verás, tú harás hallazgo, capitán,
y a las evidencias contiguas a mi Ser,
las llamarás Tu Mundo, teleología,
la potencia propositiva del azar,
lo posible, el kairós, lo oportuno.

Tú sabrás que todo es mío, cosa
es que otros no saben; tú sí sabrás decirlo.
A tí fue a quien hice, poeta. A tí pediré
más cuenta que a ninguno.

De modo que acepta mi vasija
(hoy te parece pequeña, como un haikú
de intensas sílabas); pero, a donde te mando
crecerán tus palabras y la dimensión de tu espíritu
será más abundante que el Cuerno de Amaltea.

2. Nunca estarás solo

Tengo este secreto: voy a musitarlo
casi quedamente a tu alma. Estoy disperso
en cada beso femenino, en lo viviente.
Cada mujer es una luna, cada emoción suya
es esplendor que en mí ha mordido
con ternura. Mi pasión, por ellas, es vida.

El que me quiere ver... hasta en su carne
doy yo la bienvenida; me les cuelgo en el alma
y me los llevo a mi olimpo, mi Fuente.

Nunca estarás solo, hijo mío,
aunque seas mortal y miserable y te sujete
el Karma, con su guadaña oscura y los ciclos
de Saturno y la tristeza que muerde
y la injusticia que faja con su macharrería.

Dejo a tí mi ley que bendice. Respétame
en la Némesis que distribuye justamente
mis ofertas; no hagas que Ella se indigne.
Distribúyeme para el amor de TODOS.

Solo no te dejo, solo no dejo a nadie.
Si crees en mí, llámame el Justo y el Fiel.
Yo soy el padre, Kéter-zeus-júpiter,
pero, en fin, más que nominalismo.
Te doy las novias de mi pasado,
las hijas de mi presente, las herederas
de tus bendiciones.

3. Busca a tus hermanos

Yo, Eleutherio el Liberador, te daré fortuna.
Hijo de la promesa, entonces, elabora pues
la palabra persuasiva.

Defiende la Eunomía cuando vayas a tierra
porque hay demonios duros y siniestros,
hombres bestiales, a donde vas llegando.

Tú sé heroico en cuanto puedas.
No te pido que cortes cabezas,
que seas la guillotina, cámara ardente,
horca, cadalso, silla eléctrica.
No inventes otros aparatos represivos
ni el policía, el soldado, el vengador milico.
No urdas violencia contra el prójimo.
No seas falange ni tortura ni guerrilla.

Solamente, sé eunómico porque existe el Orden.
Y todo tiene una hora en que retoña y secuencia.
Todo va, al fin de cuentas, a mi teleología.

Lo que crece es al final la cosecha.
En el encuentro con lo real, sé insistencia
del significante, no agitación adicionada
al caos ni a ciegos automatismos.
No seas la bestia. Tú no suplantes
al sujeto ni rompas su vasija.

Cuando llegues al campo o a la aldea
de los que nunca encuentran ni siquiera
las sombras de sí mismos cuando veas los compulsivos
con su impureza y sus alardes, busca
a la niña dulce, tu hermana. Ella compensa.

Abrete paso entre orquídeas y jacintos.
Identifícala. Vive en jardines.
Llámala Tyche Soteira, Salvadora,
o Agathe Tyche, Buena Fortuna.
Es el primer regalo que te haré
por llegar a la tierra y flotar en mis lotos.

4. Abre tus manos a sus bendiciones

Quienes estén movidos por un espíritu de bien
son tus hermanos; a tal familia llámala parentela
aunque no hayan nacido del vientre de la luna.

Los ciegos son sordos. No ven que tu vasija habla,
que es la vasija a la que llamo tu espíritu.
No le des de beber a quien no oye; no acerques
el sabor de tu alegría a la boca del asno.
Selladas fueron sus jetas con yugo,
cortados sus oídos con silencio,
cegados sus ojos con ingratitud.

Tiké, la salvadora, hermosa entre tus hermanas,
les negará providencia; no han de comer nuestros frutos.
No sabrán de la abundancia ni de las bendiciones.

Para que aprendas del proceso,
y no te compadezcas ante quien no merece,
házla que ande contigo y no la llames Caprichosa.
Ella es Agathos Daimon, el espíritu del bien.

<>

Del parto de mi voz


a Hefesto, el cojo y feo artesano
Para que un poema nazca
como debe nacer, yo no acumulo
lo mejor de las flores, primorosos jardines
(que se dan por sentados, aunque sean
espectros de ilusiones ideales, subjetivas
sólo en la apariencia).

Me gusta más el proceso
(el no dicho proceso) que lo hace deseable
y por el que se sufre, sea lo que sea interiormente
el sufrir... Una flor no existe sin que antes
se foguera en la raíz, en tierra de desbrujo,
en el humus oscuro,
en la pisada y repisada arcilla, en la violencia
de humedal con gusanos, en la semilla pudrida,
en la hojarasca que a nadie inspira un texto
o canción de orígenes...

... ahí nace, como materia bruta,
lo que será el gozo de los ojos, el esplendor
del aire, el nido en alto para las transparencias.

Voy por el poema profundo que nadie
transporta al benéfico asombro,
que ninguno avizoró
(para esquive su angustia).

Después de hechas las flores,
como tropel van las gentes por su aroma,
después que las mariposas han dejado
de ser larvas, cómo corre el cazador
con red de ansias a ver si atrapa una.

No yo. El poema me interesa cuando es sólo
un comienzo del rechazo, estercolero
de las indiferencias; pero...

Yo lo voy a pulir,
lo sacaré de la baba y el fango,
del puchero inicial con que lo Bello nace
y lo profundo se acuna...

Me gustan los poemas
en que tuve ojos que lo vieron
y mano sucia que se metió
en el útero ignorado
yendo por él, etapa por etapa.

Por eso, sin compañía, me hallaré en la tarea
y tendré pocos amigos que entiendan
lo que hago; yo no tendré de oquis
olimpos ni parnasos.

Como mi canto fui tirado al vacío.
Caí en la tierra con la voz sedienta,
renco, mustio, atolondrado, abandonado
de la esquisitez aplaudida,
pero, orfebre al fin,
entre gusanos.

03-06-2002

<>

Estas cosas dijo el Vitoco

Estas cosas dijo el Vitoco,
mesías sin mentira y cantor
de panderos y danzas,
al echar un árbol a las aguas amargas
y endulzar la vida de la arena.

¡Treinta vitaminas que Funk
ni imaginó, desde ese día,
reconstruyeron al pueblo de Tritón
y a las bocas que comen leudo
en los días de santa convocación!

En cada espacio de vértebra,
dáles la perfecta rima
para la canción del genoma!

Húndelos en el pozo viscoso
de tu amarillo linfa, mánalos
como tocofenol vegetal de tus aceites
para que no sean estériles ni magros
y se multipliquen en el texto
de Tu Sol nutricio; que beban
la sangre de tus espinacas,
caldo de tus legumbres
y bebedizos de tus patatas cocidas
en horno de elocuencia morfogénica.

¡Que aprendan a morder,
sin dolor de encías y sin tedio,
a los sabores de tus ácidos ascórbicos
ya que en tí, señor de sonoridades,
late la palabra furiosa,
la denuncia y el colmillo conspirador!

¡Tantas galas de violencia
y no resisten hasta el tercer día
estos hijos de Tritón,
depresivos, asténicos,
comegofios de arena!

Dáles la biotina, versolari
del Axis Mundi, suélvela
en las aguas de Mara y que beban
las riquezas de tus alacenas
de vitamina H, chacra por chacra,
del epistrófeo al sacro,
del alfa a la omega.

¡Que se laman los bigotes,
que olviden que tragaron polvo
y bebieron orines de cobras
y pitones; a fresas y a moras
que les sepan las jetas
a esos dueños de duras cervices!

¡Puebla sobre el poema
de las aguas dulces tu sustancia rojiza!
Combate a las crueles anemias del alma.

Exilia la pelagra
y establece el Reino del Consuelo
con ácido fólico que te sobre
porque hay torrentes sanguíneos
en desgracia y parturientas
con úteros rotos
y alambiques de tibias doncellas
que mueren en mañerías
con hombres engañosos
y hembras que no hayan ligamen
ni atadura porque no saben
salmos en madremontes
ni canciones para el fuego de la leña.

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Bendición de la zorreada


El lugar de la verdad no es el juicio:
Martin Heidegger
Bendita sea la zorra-madre que me parió
y la cautela zorreada que me salva.
Del pantano nutricio me dio su lenguaje.
De sus pisadas de vulpeja, sus verdades
y pezuñas; arcilla de lícuos pezones,
fue mi sustento hasta que mordí
al crecer, pan del Soluto.

A su gruta en el desfiladero,
su cueva entre malezas, llamé mi casa;
al olor de su pelambre, mi refugio.

Bendito sea el ser salvaje
que me da naturaleza.
Echado en ser mundano me porfío,
me descubro aún lamido por sus besos
y por su lenguaje
doy mis alaridos.

La bicha que me lacta
con rugidos me cuida.
Con zarpacillos sin dolama
me reprende según crezco.

Grande como el cosmos
es la dependencia nutricia
y lo que la madre instruye
por su hallazgo:
Dasein es
la posibilidad junto al peligro.

Esta verdad es cimera como cumbre.
Grande porque no cabe en el juicio
y porque la dice la zorra de mis días:
madre-vida-en su totalidad.

03-02-1976

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Indice: Estéticas mostrencas y vitales / Leyendas históricas y cuentos coloraos / De Teth / «Teth cumplió 33 años»: Carlos López Dzur. / En EL LIBREPESADOR / Los Alcaldes del Pepino / Los Alcaldes del Pepino / Libro En Nombre de Sus Nombres de Norma Segades / A Contrarreloj / Procrastinador / Libros y Letras / Carlos López Dzur: The press sold and anesthetized / Centro de Estudios Poéticos Alétheia / Graciela Maturo

Thursday, March 17, 2011

Las hienas en «Estéticas mostrencas y vitales» de Carlos López Dzur


Por Frederick Alberto Higgs, Ph D. / Universidad de California

La tercera parte del poemario «Estéticas mostrencas y vitales» se titula «Tránsito entre hienas». Hiena es una de las metáforas zoológicas que Carlos López Dzur (CLD) utiliza para referir las degradaciones del hombre y su peculiar proceso de crueldad. Este animal del sub-orden de los carnívoros y uno de los animales más pequeños de los mamíferos es reputado como uno poco gregario que si bien puede vivir en «familias», sólo se congrega para matar. Es esencialmente un animal nocturno, cobarde carroñero («cowardly scavengers»), que devora su alimento con rapidez, sin noción de disfrute y cuyos hábitos defecatorios deja un aroma muy desagradable. «Es uno que clava los dientes y casi no utiliza las pezuñas», observa López Dzur, quien es selectivo a la hora de crear simbologías asociadas a sus metáforas animalescas antes de aplicarlas al hombre social.

«Un perro salvaje, aunque sea morfológicamente y por su conducta cercano a la hiena, ha tenido una evolución diferente y aún diferente al felino con el que tiene una cercanía filogenética. En su mayoría, las hienas no cazan por sí mismas. Esperan que un león o un leopardo les conduzca a lo que han de comer. En ese sentido son parasitarias, no cazadoras... Son carroñeras... Ni el folclor ni la mitología de tiempos remotos y modernos las observa con simpatía, ni la asocian benéficamente a la magia, sino al robo de tumbas y ganado, a mala influencia en el espíritu de la gente... Las hienas pueden comer la presa cuando aún está viva y eso es una cena cruel... Es la crueldad de las hienas lo que no me agrada... y, entiéndase, que a todos los animales los justifico en su verdad evolucionaria y en su necesriedad en la creación. Todo animal tiene un sentido cósmico, un rol en la naturaleza esencial... y en la estructura de competencia y cooperación de su especie tienen un aprendizaje qué cumplir... Enfatizo que soy un animista y veo inteligencia y propósito en la creación... Ciertamente, las hienas son una de las más inteligentes criaturas de la evolución animal; pero si quisiera explicarte las expectativas de inteligencia humana y aquellas de la inteligencia humana de las que valdría considerarse unos ejemplos, aprendiendo unos de otros (el hombre por observacuón de ellas), las hienas me sirven para refeir símbolos de tración, o acciones desagradabilísimas, el pragmatismo más vulgar».

En conversaciones con López Dzur he observado su insistencia en indicar que este libro, «Estéticas mostrencas y vitales», así como el poema que utiliza como título, escrito el 8 de julio 2000, es, sobre todo, un «canto solar» al espíritu y la materia como agentes perfectamente equilibrados, aunque el hombre no lo entienda y desorganice su sociedad en lo que describe como «tránsitos abyectos y retrógrados». El gobierno, con las actitudes sicológicas y políticas que patrocina y perpetúa, es como las hienas «malas y perversas» de sus dibujos animales. «La hiena es la caricatura del género humano. Quiere transitar en cuatro patas cuando se le dieron dos largas piernas para que se yerga y se eleve. Cuando ocasiona un daño, prefiere reirse y burlarse como las hienas de las caricaturas», acota el poeta.

López Dzur admite que, cuando primero meditó sobre la hiena como encarnación de algo retrógrado, la hiena se le antojó como alusión sarcástica a la actividad bélica, una metáfora para las estrategias de caza en grupo, aplicada a la matanz organizada por rivalidad entre los seres humanos. A las tribus bárbaras que terminan siendo hordas triunfadoras les gusta compararse con animales victoriosos, hábiles para la agresividad, así como los chitas y leones. Los leones suelen llevar una guerra sin cuartel contra las hienas y éstas parecen poca cosa ante ellos. «De hecho, las hienas tienen las patas traseras más cortas y bajas que las delanteras. Sin embargo, las hienas no son ineptas y en las estrategias de caza grupal pueden vencer a cualquier super cazador, incluyendo al león o las panteras... pero, en cierto sentido, individualmente, son más cobardes que el león u otros depredadores cuando están solas... Para ocultar su cobardía, o para dar la sensación de que son sumisas ante animales dominantes, perdona este prosaísmo, las hienas se echan unos pedos nausebundos o se orinan. Secretan una sustancia amarilla que proviene de sis glándulas anales. Es la misma sustancia con que marcan su territorio y el modo en que se saludan. ¡Con ese olor a pedo, vaya cosa! Levantan sus patas para que otra hiena pueda olfatear bien. Esto las hace vulgares, o mejor dicho, un símbolo vulgar, para mi sensibilidad humana».

Mientras López Dzur lee de la tercera parte de sus «Estéticas mostrencas», va pormenorizando muchos porqués de su despectivo simbolismo aplicado a la vulgaridad de la civilización retrógrado, que es el subjtema que dibuja en esta parte de su libro. Como escribe desde la perspectiva de ese poema «Estética mostrencas» que mencionamos y que dedicara a Federico Schiller, filósofo, dramaturgo y poeta alemán, la hiena se le convierte en un símbolo de una civilización que se solaza con la vulgaridad, origina y se alimenta de carroña, renuncia a las invocaciones sublimes y enaltece una voracidad injustificada, esto es, violencia a la sombra. La simbolización de la «hiena moderna» está presente en su libro «Heideggerianas» como lo opuesto al 'Zorro eterno', que es el ser humano invocador, recursivo, pero empático. Del poemario «Heideggerianas» nos lee que la hiena transita por un sendero que:

No es el camino del Zorro eterno
el de la hiena caníbal que, en la piel del tiempo,
se conforma con carroña, con historia sin proyecto,
con vuelos nocturnos, brujerías que la engaña
con demonios de rondalla...

(
La hiena moderna, Heideggerianas)

El progreso es prurito.
Y las hienas otorgan sus lamidas. Carne será
que no quiero, hienas del Acontecer que maldigo.

(
El invocador (1), Heideggerianas)

La hiena moderna no hace un ser creador,
no es un ser libre y hacedor como dijo.
Sólo devora

La civilización-de hienas no se comunica amablemente, sino con su «chistoso y nausebundo cagarse», nos dice, al observar que la hiena está dotado de una voz desentonada, estridente, comparable a la risa histérica. Y ésto es lo que llama la «vulgaridad de la civilización» cuando ya no produce, por comercialismo, un arte digno de los seres humanos sensible y, con su manera de entretenerse, no educa a nadie. «Aún el cantar y el bailar de la cultura posmoderna parece un ejercitamiento de hienas con un paso o ritmo renqueante y la lírica, o letras de la música, pura chachalaca. No hay poesía ni magia. Hoy la comedia hilvana su regodeamiento con el pedo, la coprolalia. El espectáculo imita la hiena y busca la risa de la hiena y su estridencia... A mí me puede conmover el ladrido de un perro, mas, ¿sabes? no la risa de una hiena, porque las hienas no ladran», observa Carlos López Dzur, quien dice que su estética está más cerca de Sócrates que de Aristóteles y que si bien ama la «teatralidad» y lo «lúdico» o juego con los egos, tiene estándares para que satisfaga la catharsis. El tránsito que hay que satisfacer, con una profunda estética, es uno que nos sirva «para imaginar lo necesario, / aunque haya que ir a escarbarla / en lo oculto, proveyendo esfuerzo y amor / en el trayecto». Aún así:

Si por amor a la teatralidad de los egos
provoca purificaciones, catarsis pública
del prójimo, yo estaré AHI
como Aristóteles, aún cuando difiera
por amor a la estética socrática...

(«Las estéticas mostrencas», en libro del mismo nombre)

En el libro «Heideggerianas», nos había dicho, con respecto a los sofistas, que son quienes preparan el camino a la civilización de hienas, que cree en un «poetizar que filosofa», no en «opinantes de la felicidad barata, / gazmoños de cinismo operativo y ética triunfante» que toman la vida como «un enigma. Un juego. Y una enema», en cuanto a todo arte y cultura lo han convertido en una «propuesta final de la fruición / y el fanatismo, fiesta de los símbolos fascistas» (
Los sofistas, en: Heideggerianas). La vulgaridad, violencia, hipocresía y cobardía, del tránsito de hienas escandalosas, es el sofismo mismo como empobrecimiento de todas las pulsiones positivas, encarnándose en «la pólis oligáquica», una Esparta moderna, donde lo que importa es el consumismo, el poder coercitivo con engaño, «un sistema digestivo muy poderoso, con fluidos ácidos capaces de digerir su presa humana completa, con piel, huesos, cuernos, y dientes, como las hienas». Un sistema que crea una industria anti-ecológica y que produce por alimento («comida chatarra») lo que puede que no sea saludable a la postre, de modo que como las hienas pueda comerse lo que ya está «en mal estado, o sea, carroña».

«Hay buenas cosas que aprender de las hienas. Por ejemplo, son muy limpias. Nunca nunca se defecan cerca de donde duermen y comen; pero, en una civilización de hienas-humanas sucede todo lo contrario. La pobreza inducida, perpetuada, forja arrabales, antihigiánicos, enfermedades que son prevenibles y lo que más me desagradada cuando la sociedad se hieniza es la crueldad, matizada en burla e indiferencia por las víctimas. Significa que con la metáfora de la hiena, no sólo hablo del sofismo cultural, sino de la perversión sicológica de la civilización humana. Yo, en un poema reciente para mi libro «La revolución profunda» escribí un texto sobre la gente que valora o defiende la depredación, el colonialismo, un poema sobre los asesores del despojo y la mierda, tras las oleadas de sangre de las invasiones... ¿Qué significo con una hiena moderna, encarnada, pues, eso que dice mi poema 'De las hienas anti-islámicas', y mira... me gusta denunciarlas hasta con nombres y apellidos, porque siendo primates del género humano tienen los dientes con mas robustez que las hienas animales; no sólo tienen bocas pedantes de sofistas, sino glándulas salivales para echar por la boca sapos y centellas; sí comen mucha excreta, como acusadores de sus hermanos. Echan muchos pedos con las glándulas fétidas porque hablan, no con espíritu humanitario, sino con la región anal... En el sistema de poderes, en favor de las oligarquías, están siempre en movimiento y, como sucede con las hienas, ni siquiera los perros logran atemorizarlas; son perros de militarismo, invasores. espías chingaqueditos que, antes de regresar a sus escondrijos congresionales, olfatean una presa, dejan de aullar y avanzan con paso breve pero rápido, sí como invasores en guerra anti-terrorista, pero el terror son ellos... Se la pasan olfateando el aire y el peligro, dispuestas a la huida, pero también a atacar a los animales incapaces de defenderse, ovejas, cabras, pueblo bueno, vivo y sano... En las hienas, los animales enfermos, cansados o muertos, son los alimento preferidos, mas en la hiena humana hay preferencia por los inocentes. El verdadero canibalismo es el despojo de recursos vitales o materias primas... Como quiera que sea, no es sólo el hombre el que matan sus crias o sus congéneres. En eso Konrad Lorenz se equivocó. Las hiemas, lobos, leones y 15 tipos de primates, son viciosamente agresivos contra sus propia especies y el hombre que puede ser un sano propiciador de armonía y evolución es quien resulta a la postre quien más agrede e involuciona en su tránsito de hienas... Si yo concibiera la vida cultural como un poma que bendice, diría que ésta es la misión que se pierde en favor de una tradición pro-bestializante. El tránsito de hiena mienta en general nuestra decadencia humana, o ese lento ritmo en combatir los etnocidios, los feminicios, la salud moral y las tiranías, aún aquellas que son tiranías del vicio y la prostitución de los valores sagrados que trascendenciarían a la humanidad».

Para dar cuerpo a esta tercera parte del poemario, López Dzur recupera una misión o proyecto para el poeta y su nación. Esta tiene que ver con el Patriarca Abram, de la Primera Parte, a quien valora como símbolo del primero que salió de la «Cueva de roca / la caverna» con que López señala a la miseria histórica y dura circunstancialidad. Las cuevas fueron la primera casa / vivienda o albergue / de la humanidad primitiva. La cueva está «ahíta aún con simulacros / y dolores suyos y dolores míos». Si bien el hombre moderno ha salido de las cuevas prehistóricas, también ha entrado a lo que llama «la gran bancarrota». «Hecho trágico de la progresiva pérdida de libertad individual e introspección, que son la Gran Bancarrota» y que significa al pasearnos, poéticamente por leit-motiv como son Mesopotamia y Anatolia, donde se dio, el origen de la prostitución, la confección de armas, las guerras religiosas y tribales, las epidemias y la Edad de las Tinieblas.

La petición esencial que da en su exhorto al poeta es esquivar y no perder el tiempo con el «ruido gorgorero», los hábitos de las hienas, «militantes de oquedad y ruido», sin ningún compromiso serio con la «legislación que prohíba el odio, la inclusión, / la diversidad, los abrazos entre etnias, / las necesarias armonías en nuestro mundo, / el sentido profundo de la democracia». Y el consejo es contundente: «No la tomes en cuenta. Esa Nación no es tuya. / Es de sus egos». Es el mismo tipo de civilización hienesca, genocida y dominialista, que describe en el texto «Ante Pilatos», nación que no entendería «El poema que bendice». En el mundo circundante, con tradiciones pro-bestiales, avizora las hienas, fingiendo que muestran «promesas salvadoras», aunque, en verdad, «son ladrones-hienas-buitres / que comen tus entrañas» (vid. cf. La tradición pro-bestial).

Con un poema, dedicado a Enrique González Martínez (1871–1952} y titulado «La calandria y el búho», López Dzur valora los animales nocturnos, así como es el zorro y es el búho. Aquí el búho es un símbolo hermoso, no en cuanto seres volantes, aves o siquiera ángeles, con los que les compara. Más bien, quiere dar un retrato del propio Enrique González y quienes son como él, «intérpretes, husmeadores desde su quieta estámina, / con el ojo tan claro y tan puro / y parecen que viven en la sombra, / entre grutas, o posados sobre un ramaje», pero son hombres indispensables para la tarea que es necesario que se aprenda: la misión del poeta en la nación. En el médico González Martínez enaltece a un combatiente misional. «Angel mío, / Enrique, ave-pegaso, mentor / de mis noches, sublime hermano». (cf. La calandria y el búho). López Dzur se representa con otra ave, la calandria observadora que atestigua al búho, como «Un ángel sanador» de las miopías. «Veedor en la oscuridad, consolador de aquellos a quienes cortan el hilo del destino, sabio de la Apacible Locura». Está describiendo al hombre necesario, al antónimo de las hienas. A un enemigo entretenedor de las marugas mercantivas o ladrón de la autoridad civil.

En un mundo tenebroso los «sabios de la noche» son necesarios y López Dzur, con metáforas zoológicas nos da el mensaje:

Nunca están desantentos al murmullo
ni al dolor ni a la muerte. Ni al gemido.
Ellos sufren el día porque mucha luz enceguece
y se alimentan de la noche, otean el horizonte
y donde nadie explora van. Mientras vuelan
van tensos, solitarios, y es la razón por la que pausan.
Son sabios seres volantes, analistas
de cada situación; marcan el territorio
con el súbito graznido, se defienden de la apariencia
del rijo, que son la intrusa vanidad,
los agresivos esplendores.
La mucha luz que deslumbra, distorsiona.
Confabula espejismos.

Hay unos seres volantes
(yo digo:
«Son hábiles en lo oscuro.
Ese es su mundo, su universo:
el silencio nocturno»}
y yo, una calandria,
cantadora y diurna, y ellos, los sabios de la noche...

(
La calandria y el búho, Estéticas)

Un aspecto de la poesía de CLD que asocia a la valentía, como virtud cívica, se relaciona con la habilidad de ser «hábiles en lo oscuro», sanar las miopías intelectivas, ser sabios en la noche tenebrosa en que el mundo transita. La noche, sin silencio, es el verdadero pánico y morboso espectáculo, mas no sólo hombres atentos, meditabundos y audaces, pueden vencerla y esclarecer los espejismos que se confabulan en las noches de vicio y escándalo, detalle que asocia a las hienas. El se considera un poeta solar que deplora las noches infernales y cree que los poetas, con la habilidad de ver en lo oscuro, son necesarios en cuanto sus cuerpos son siderales, o como le gusta decir, poseen la cognición de los «eidolones o cuerpos astrales, que es algo diferente al olfato que se place con la peste de infiernos, o majadal de estiércol».

Del eidolón, alma de búho o sabio nocturno, hace una descripción en el texto «Y esta peste de infiernos» en términos de vida auténtica que nada tiene que ver con los proponentes de un arte tenebroso, fragmentario, o convencionalmente llamado satánico. El folcor satanista de la mitología popular la compara con un adormecimiento o desvelada fantasgomoría. Mas el adormecido no obserba claramente, sólo sienten:

... rasquiña en la piel
y la peste de infiernos
y el miedo, quitasueños
y las figuras sintéticas del eco.

¡Cómo nos adormecen, hermano mío!

A tales sensaciones les corresponde «la tiniebla del no-Yo», no un cuerpo astral auténtico, por lo cual esos transeúntes satánico son parte de la ignorancia y los embelecos mixtifidcantes, detalles personificados de la excresencia mental misma:

son ácaros, bestias, chupasangres
sin mundo, artificios de las sabandijas,
discretos bichos raros de lo oscuro

Mas CLD sí cree en una consciencia cósmica-sideral, originada cuando la vigilia es eficaz y se desarrollan las facultades de la clarividencia, clariaudiencia, aún el recordar vidas pasadas, como se infiere de libros como Tantralia y Teth, mi serpiente. No puede un ego con defectos obsesivos como la ira, la pereza, la , codicia, la lujuria y el orgullo malfundado, ser otra cosa que una hiena; jamás un mago solar o ser iluminado ni Kumará. Prevalecrá el primate, aunque no sea ya el depredador y sí una criatura espiritualmente adormecida, con miedos extramundanos. En textos como «La jeta del Nadie» y «Marsilio, la changa viene», CLD hace mofa de estos miedos caóticas del alma y nos presenta un bicho volante que ya había introducido en «Nos cayó la macacoa», otra sección de su libro. Ese bicho volante es la changa, un insecto dizque de mala suerte.

La crítica suya a estéticas tenebrosas y que CLD presenta en esta sección Tránsito de hienas lo lleva a considerar su posición ante algunos autores de la literatura maldita, entre ellos, a Isidore Ducasse (Les Chants de Maldoror, 1869), también conocido como Conde de Lautréamont, Charles Baudelaire, los poetas malditos de Rimbaud a Verlaine, el Marqués de Sade, ante el cual escribe sus Meditaciones sádicas, Fernando Pessoa, a quien dedica el texto Del desasosiego de mi hermano Fernando y otros. Con la evaluación que da a todos ellos, deslinda lo que entiende por sabio-búho y una hiena, o satanista vulgar y folclorizador. Como un búho, o sicólogo o hermano consolador, se aproxima a filósofos como Nietzsche y clarifica las nociones de anti-Cristo (cf. Diálogo con Nietzsche sobre el Anti-Cristo. Amonesta con dureza a Gilles de Rais. Profetiza contra los infanticidas, con una secuela de su poema «Amonestación a Gilles de Rais». Por igual, le vemos en diálogo con Mi amigo (León) Blum, «redactor anticlerical, víctima y prisionero de los Nazis», recriminándole su idea de que el hombre en colectivo sea «hediente horda / de biomasa primantrópica», «hombre del Vacío», pese al mucho nihilismo chabacano de la Edad de Tránsito entre hienas.

En palabras de CLD, lo que, por igual, se infiere de sus versos, «todo lo que burle la indefensión, la inocencia, el sentido sagrado y armonioso de la Naturaleza y el cosmos, es hiénico. La carcajada del opresor y sacrílego son mal aliento y son la irreverencia de un pedo», me comenta con esas sutilezas irónicas de su desparpajo filosófico. Por más que se esfuerce en justificar evolucionariamente al animalejo lo encuentra feo por todas partes y vil en sus hábitos. Sin embargo, donde lo irracional más lo ofende es «en que esencialmente, cuando el ser humano, que es más conscientemente sintiente de su conducta, se asemeje a la hiena. Una hiena no se burla, aunque subjetivamente interpretemos que nuestrra risa es su espejo. El hombre sí es burlón y si se caga o se orina ante otros, o nos quita la dignidad al atestiguarnos es culpable del sacrilegio. Yo no culpo al animal por desagradable con la pasión con que culpo al hombre de quien etiológicamente espero más. Hay que ser una hiena humana para ultrajar a una niña, sostener largamente la esclavitud como institución, robar al pobre el salario, ser hipócrita por conveniencia egoísta y ser despediado al marcar límites ante la gravedad de una transgresión. Quitar la vida, justificar la pena de muerte, es algo tan caníbal y hienesco como la depredación misma de un animal innatamente agresivo».

CLD explica que son necesidades de adaptación evolucionaria y supervivencia las que explican las conductas de los animales y que es la inteligencia científica, movida por empatía, la que debe aprender el proceso y mecanismo funcional de los fenómenos biológicos. Con ese fin, en las diferentes secciones de sus Estéticas, incluye sus reflexivos poemas en torno al tema: «Adaptación natural», por ejemplo, que dedicara a Charles Darwin. Explica que, en la vida evolucionaria y biológica, en los rumbos de peligro, hay lo mismo progresión evolutiva que involución, porque la teleología última es que siempre se regrese más divino. La evolución se hizo para un aprendizaje, culiminar un proyecto de sentido, a veces a paso lento de tortuga. Aún los animales más elementales pasan por el éxodo ingrato «hacia los sequedales», «el dolor del cáctus y las ortigas» o el tránsito hacia el fango, con la misión de aprender; pero, si se cree que hay un aprendizaje se implica tácitamente a quien bendide la partida, una ley divina... ¿Qué es lo que se aprenderá? López Dzur contesta en tal poema que es aprender...

... a paso de tortuga
que lo bueno es más agradable que lo malo
y se hizo duro como piedra y terco
y a la condición del suelo
llamó cimiento del sustento
y levantó las bellotas del camino
y supo que hay cosas dulces
en el fango y lo amó más
y el dios y el hombre comprendieron...

La parte negativa o involucionate del proceso también es descrita:

... hay, por el contrario,
los que no aman y maldicen
y pagan su dolor en karma
con cuchillos y aguijón
y son ellos, los mimes,
sangüijuelas, ácaros
del Erebo.

Esta es la concretización resultante de la hiena. En el texto Decadencia, como en los poemas de «Heideggerianas» hay plasmada la simbología del zorro, que es el animal que CLD extropola a la conducta de la hiena, considerada como animal involutivo. El hecho me hace preguntar si ambos libros (Estéticas y Hideggerianas) nacieron unísonamente. ¿Cuánta es la influencia de Heidegger en su procesamiento metafórico del bestiario? Hay un elemento que mancomuna las experiencias del zorro y la hiena que repetidamente CLD alude como el peligro de los «invasores del estero», o madrigueras, el asunto de la territorialidad en los animales o el marcarse los umbrales de tolerancia, en cuanto su lucha por los entes a la mano y la buena vecindad. Es evidente que Decadencia es un poema sobre el aprendizaje, o «el arte circunspecto del rechazo». El aprendizaje que los invasores no han aprendido es el «andar por el Umwelt / de su Matoco» para utilizar el lenguaje lopezuriano. El lenguaje de la mentira y el camuflaje es un «desollar a mis espaldas» al más manso y débil. En el texto «Los burladores de la sombra» la idea es más clara.

El aprendizaje, sea asunto de evolución o de consciencia histórica, concierne a lo mismo que se le dijo a Abram en el Monte Moriah: «Deténte, no tienes que matar tu crío, / al hijo de Tu Risa», al hijo de su contento.y futura convivencia. En esa alusión a los burlones de la sombra (que es el cuarto poemas de la Primera Parte) se implicita la hiena. Estos son los burlones de la sombra y de la historia, aunque en su desprecio poético CLD los insectiviza, descategoriza y nombrándolos no aptos para evolucionar en armonía con el «dominio complejo, los principios reales, / la quántica ciencia de los saltos», para salir de cuevas o cavernas oscuras de la historia, siendo aquí la historia una proyeccón ascencional... La connotación de ese cagarse en la moqueta y salpicar el fango implicita las costumbres defecatorias de la hiena, tal como lo discutimos.

ciegas larvas que suben las paredes
y cagan la moqueta
y salpican el fango
sobre el mundo plano, tieso, umbroso.

Los burladores de la sombra, Estéticas)

Efectivamente, aunque descategorizados como ciegas y nausebundas larvas, en la institucionalización histórica más perversa, CLD les da un rango criminal como advinientes.

Están al llegar los burlones de la sombra,
gamonales de las cavernas de la historia.
Es mejor que lo dejes en la cueva
en el templo de Pitón,
en la cárcel sin angustia.

Vienen, están al llegar
los ultramontanos, integristas,
martinistas de huesos colorados,
geómetras euclidianos,
admiradores ciegos de Trasímaco.

Son burlones porque su crueldad, ciega o consciente, pide el fuego que devora la nobleza, la empatía y el aprendizaje posible que da la evolución y como discutí en Conversando sobre las «Estéticas mostrencas y vitales» de Carlos López Dzur son la chispa degradable que no accede a la luz. En el misticismo judíos, son las vasijas de perdición. Las rotas. Lo involutivo. Aunque CLD admite su lectura heideggeriana en el proceso metafórico de «hienizar» lo involutivo, comenta que hay un segundo procesamiento más emocional e intuitivo en el asunto. Me conversa al respecto:
«No creo que Mamá escuchara jamás a una hiena emitir sus sonidos. Yo sí tuve la curiosidad de saber por qué ella decía que una vecina nuestra, Doña Carmela, inolvidable costurera y jugadora de dominó, que nos frecuentaba para darnos una paliza en el dominó a todos los que nos juntábamos a jugar con ella, se echa una carcajadas de hiena. Tenía risa de hiena, decía. Como siempre fui observador, descubrí en las caricaturas de la tele el sonido figurado por los personajes, su caracterización con burla implicada en el sonido... Yo leí mucho de ciertas revistas populares, tipo enciclopedia, alimentando mi interés sobre los animales, ese extraño perro, uno que no ladra, pero se carcajea. Leer sobre animales y circos me fascina desde la primera vez que entré a una biblioteca pública o comunal que había en el Caserío Méndez Liciaga. Creo que mi fascinación con la metáfora de la hiena data de mi niñez, de la edad de ocho o nueve, leyendo esas revistas que papá compraba y que yo devoraba obsesivamente... Al comenzar a escribir poesía, todo esa fascinación casi zoolátrica reapareció, claro, con sentido más crítico, pero siempre metafórico. De zorros y hienas estuvo llena mi niñez y ¡qué lástima de las hienas! que se me ha alquimizado imaginativamente como un modo de descalificar la parte más humana y noble de la persona... Y con risa de hiena, Mamá sólo aludía a lo escandalosa que Doña Carmela se tornaba cuando se excitaba con su orgullo de ganar una partida de dominó y gritar: «¡Tranque! O aquí cierro con la chucha»... mas era una viejita tan alegre y mansa, tan franca, como una hiena no puede ser en su ingénita naturaleza... y, con el tiempo, aprendo yo que las hienas son pedorras y malolientes, peor que un zorrillo, que son matreras... ¡Jah, las odio con odo jarocho!»
Después de tan intempestiva vapuleada como la que López Dzur da a la sociedad actual, con sus recursos de ironía y metáforas surrealistas, llo importante es que él mismo ofrece la perspectiva de remedios posibles. Tiene una visión perfectible del destino humano, que es ética y política. La mundanidad se puede deshienizar

Entre los pasos a seguir, el poeta sugiere:

1. Regresar a la oralidad del Ser afirmativo, no como fe ciega, sino como autioconfianza, descreyendo la retorica del oratio, pero admitiendo la SerSiOralidad o la cercioración que revisa dos veces o tres, o las que sean necesarias para que no haya ambiguedad en lo que se adquiera como educación o consciencia. En «La nación y los poetas», López Dzur concluye:

Gobiernos, ideologías, marcos de creencia
que te impongan una estrecha noción de humanidad,
para tí no es que hablan.

* * *

Una nación de mayorías en divorcio, en cuitas
con su testosterona, en lujurias con las hembras,
en lujurias con los sodomitas, en mamadas
de charcas venusinas, en orgías con pan de Eros
y vergas faludas de Príapo,
no es una nación para el amor.
Es un territorio tribal de obsesos y maníacos
y para tí no que sirvan sus convocatorias.

El Ser afirmativo, como verdadera persona, es social, pero aprende muy bien a ver su nación y ésa no es la dominialista ni de hipócritas. «No hables en torno a la Nación con sordos y ciegos. / Gente que no te mira a la cara y con labios torcidos a tus espaldas multiplican sus escarnios». Con el poema «Ante Pilatos», CLD da su descripción de lo que es un poeta / símbolo del hombre armonizado en un reino dominialista.

Yo defiendo el Reino del Poema que bendice.
Y mi reino no es la mofa del Dominio.
Quienes leen de mis textos para el Edén
sabrá que yo hice señores para el gozo,
varones que descifran secretos.

Lo mejor de los Reinos es el Cielo
de verbos, metáforas de Dichas y traslaciones
donde la bestia es amada
como si fuera un ave, o un pez del cielo
que se mete en las aguas terrenales.

Mi reino no es para genocidas.

[Ante Pilatos, en: Indice]

2. La honestidad en la búsqueda de la verdad requiere compromiso, «aunque sea ardua y duela y haya que dejar de creer en Las voces de sibilas que prometen mucho y no dan nada. Las voces sibilnas son 'moscas placeras de tormento'. Tras las sibilas y las parcas y las moiras de los templos lo qiue hay es ocutación del Chacal Estatizado, institucionalización de la mentira y se engaña al que se deja embacar por ser:

como malva, dócil y chiflado,
y mi trabajo me lo roban
los buitres y mis reses,
el chacal estatizado.

[Las voces de sibila, en: Indice]

3. López Dzur propone la vuelta a la valentia, no ya para disparar armas o depredar con osadía de seres temerarios. Se refiere a la valentia de asumir responsabilidades creadoras, razón por la que en los textos de Estéticas elimina las fronteras entre poeta y ciudadano. Quien se llama poeta, arguyendo una sensibilidad superior o una cierta altura intelectiva, puede que incurra en jactancia. También hay temeridad y orgullo cuando se humillación del otro. Se humilla con la palabra, el gesto y con la fuerza física. En cambio, hay humildad cuando en vez de buscar un protagonismo narcisista y egoico se ejerce un verdadero liderazgo, consistente en ayudar al prójimo, ser verdaderamente ciudadano. Tomar la iniciativa por un mero figureo equivale a la actitud del agresor quie dice quien pega primerol golpea dos veces... No es extraño que CLD ofrezca homenaje a poetas que fueron excelente ciudadanos y cuyo yo ético dio saltos a la genuina trascendencia (cf. «El yo ético y la fe»), que es un homenaje a S. Kierkegaard), quien a su juicio tuvo un «corazón ético, fecundo» y vigilante:

... tu corazón, Kierkegaard,
ese yo ético que irrumpe
en trascendencia.

Contra tí echan sus fueros,
porque dijo el YO NO
y dio un salto a la fe
trémulo y velando.

A CLD le satisface como parte de la valentía la actitud protestaria de quienes dicen «un NO a timócratas con cultos dizque iluminados»:

un NO a jerarcas de señal y pandereta y a vende-dogmas
hedientes en barajas y consultas y libracos,
en oráculos, cábalas, sesiones
de lujuria y mercado organizado
para genocidio intelectual
o más rodillas
siglo tras siglo.

Un NO a los martinistas...
a sociedades secretas, a masones;
éstos invocan muertos y se asustan
con sus propios ritos y cantos de sirena.

Un NO al esoterismo de aspermia cósmica
y a las maruga y sonajas y supositorios
que a los pálidos santos sirven
para místicos julepes en el culo.

[un No a]
los inquisidores,
sabelotodos embaucadores,
agarrapendejos, blasfemos.
Un NO que proteja de la burla
el misterio
y lo santo
y lo puro.

[Sangre protestaria, en Indice]

Hay que saber decir 'sangre soy de otro pozo'. Y, en este renglón de la valentía como virtud cívica, concluye que hay exhibir la valentía individualmnte tanto como en grupo. Y ser valiente es ser asertórico no para destruir, depredar o presumir. Las hienas atacan en grupo y hasta los cobardes posan de valentones en la anonimia grupal, cuando tienen el respaldo de cómplices. La valentía brilla en la soledad y en lo público cuando muchos herejes se pararon a solas defendiendo sus ideas y terminaron enterminados en las hogueras inquisitoriales. «Se puede transitar entre hienas, pero no con y por las hienas. Mejor vivirse contra ellas», comenta López Dzur.

Con un poema titulado El romántico, escrito el 3 de diciembre de 1999, en días de depresión y desencanto, comenta Carlos, compremdió que una buena parte de hallar valor en la vida, en juventud o en vejez, antes que el tiempo nos tire de bruces, es el aprendizaje de que la vida tiene un sentido, pese a todo. Hay que tener una respuesta para la pregunta: «¿Vivir para qué?» Este es uno de los poemas más triste que yo le he leído a López Dzur, pero cuando converso con él descubro que tiene respuestas para esas tres preguntas que se plantea, la mencionada del para qué y las dos adicionales a lo largo del texto:

Uno palpa la realidad y ella te escupe.
Uno ama los sentidos vitales
y el desengaño sigue, te lastima.

¿Vivir para qué?
La injusticia se te posa en medio de los ojos.
El enojo es un dolor militante.
La melancolía es el trapo con que limpias
lágrimas, soledad, traiciones.
Uno desprecia la vida y sigue vivo.
Uno implora al más allá y duele doblemente
el silencio. ¿Vivir para qué? La muerte
da más paz que el reino de los riesgos.

Todo seguirá su curso cuando mueras.
Uno, por su cuenta, da voces, idealiza
hasta el cansancio; pero nadie agradece
que reformes su mundo, que aceleres
el ritmo, que transformes el orden.

¿Qué haré con este eterno deseo?
¿Quién hay que me ayude a saciarlo?
La misma compasión se vuelve más tormento.
La justicia degenera en simulacro, mas tú,
¿por qué quieres misión, si ya lo sabes?

En la esquina, antes de que acabes de morirte,
se ríe de tí, con misional romanticonería,
tu propio desencanto.

[«El romántico», frag., en Indice]


4. Tener un sentido de la vida para derrotar del nihilismo es uina de las respuestas que da para «deshienizar» persona y sociedad. Se puede transmitir la experiencia acumulada, vivencias aprendidas, a la posteridad y parte de la posteridad está en nuestro presente con los hijos. A mi juicio, uno de los poemas más tiernos de las Estéticas mosrencas y vitales es precisamente el que que titulara «Consejos para mi hija»,. a la que llama Tonina, léxica y lúdicamente, aunque es Gabriela o Gabi; pero la intención es presentar un canto a la seratonina, moléculas hormonales y neurotrasmisoras de placer... En las tradiciones bestializadoras, uno de los empeños sistemáticos es robar la catharsis a los pueblos, la oportunidad de expresar su placer. López Dzur dice que «el Estado usurpa y blasfema» la poesía como placer y consuelo, así como todos los escondrijos bucólicos con que la persona quiere armarse gratamente ante el llanto y el nihilismo. El Estado usurpador es parte del engranaje de la civilización de hienas o «demonios de cartel» que devoraría el corazón, debilitándolo al grado de hacerlo el «diario pan insuficiente; / no sabroso». Los ladrones-hienas-buitres se fijan en Isaac, hijo de la risa, engendrado por Abram, para escarnecerlo y llevarlo al hacha homicida, la el Vil Hacha segadora, ricamente metaforizada por CLD en la primera, segunda y cuarta parte del libro.

5. La presencia del autor del «Himno a la alegría», el poeta romántico alemán Federico Schiller, uno de los comfesamente predilectos de López Dzur, se delata en el poema Las estéticas mostrencas de la Primera Parte y en A Pitágoras y Orfeo, que es un poema sobre la Música de las Esferas y sobre lo que «el Cosmos guarda, como secreto / para quien oye, con corazón discernitivo», aún más, texto pitagórico de homenaje a las «proporciones aritméticas de fascinantes / concordancias que son los movimientos / de los cuerpos celestes», asuntos que transparentan en López Dzur el convencimiento de un universo cognoscible y lleno de sentido. Una civilización de hienas puede trastornar a Orfeo mismo para despojarlo de su sentido de arte y profecía, armonía y sentido, retrotrayéndolo a la pregunta o duda del nihilismo.

¿qué haré cuando en Tracia
la desesperación me lleve a destrozar mi lira
como Orfeo, qué haré cuando Eurídice me falte
o digan que me parió una perra,
no la musa Calíope?

[«A Pitágoras y Orfeo», en: Indice]

Por esta razón es tan importante esta influencia shilleriana con que CLD se nutre y se perfila en textos como «El origen del poeta», «Eres mi hijo» y Tu función: esponja de dolor del mundo». La misma tónica de un poeta / profeta / que asume los dones misionales plenos del ciudadano se halla en el texto El secreto de la Fortuna.

«Todos esos poemas que me mencionas son los que distingo como poemas a la familia como primera lealtad. De un padre que ampara al hijo, como Zeus amparando al hijo que tuvo en Sémele, «hijo de luna amada»; de Zeus Eleutheriios, el Liberador, ante su hija Tiké (o la diosa Fortuna)... Mi interpretación de estos mitos es muy órfica, schilleriana, romántica no a la moda de la patología clásica y neoclásica. Son poemas con espíritu de protección, como lo entendían los griegos, no la charlatanería popular posterior, incapaz de comprender su grandeza. Cuando las sociedades se vuelven hiénicas, toda la sabiduría de estos mitos se pierde y vulagriza. Dejan de ser clamor de espíritu y se vuelven un intelectualismo impenetrable para las mentes animalescas para quien Zeus no es un liberador, sino un macharrazo o déspota en el Olimpo... Zeus, en cuando Eleutherio el Liberador da a su hijo un consejo que es parte de este persuasivo recetario que doy como propuesta para deshienizar nuestro mundo. Le dijo:

Defiende la Eunomía cuando vayas a tierra
porque hay demonios duros y siniestros,
hombres bestiales, a donde vas llegando.

Tú sé heroico en cuanto puedas.
No te pido que cortes cabezas,
que seas la guillotina, cámara ardente,
horca, cadalso, silla eléctrica.
No inventes otros aparatos represivos
ni el policía, el soldado, el vengador milico.
No urdas violencia contra el prójimo.
No seas falange ni tortura ni guerrilla.

Solamente, sé eunómico porque existe el Orden.
Y todo tiene una hora en que retoña y secuencia.
Todo va, al fin de cuentas, a mi teleología.

Esto es un gran consejo para humanizar el mundo, sacándolo de los ciegos automatismos. «No seas la bestia. Tú no suplantes / al sujeto ni rompas su vasija». ¿Y cómo se logra eso? El tercer fragmento de El secreto de la fortuna dispone que, si quieres jamás estar solo, busca a tus hermanos. Hermano no es sólo la familia inmediata. Miento a todos los prójimos posibles, la humanidad entera o que se comporte con decencia y gracia. «Quienes estén movidos por un espíritu de bien / son tus hermanos; a tal familia llámala parentela / aunque no hayan nacido del vientre de la luna». Claro está, que ni las hienas lo han de ser ni te darán la nación... Y en el cuarto fragmento concluyo que es prerrequisto, abrir las manos a las bendiciones. Este es el asunto de la certeza efectiva de la fe como anhelo o ambición fecunda. Los hombres buenos, generosos, no hiénicos, son como hermanos de fe. Cuando en el poema escribo sobre Tiké como salvadora aludo a éso. Aconsejo que nos aferremos a «la salvadora, hermosa entre tus hermanas», y quien a las hienas «les negará providencia; no han de comer nuestros frutos.

No sabrán de la abundancia ni de las bendiciones». Las hienas no saben de tener riqueza ni suerte, sinio por el despojo y el robo. Tiké como Fortuna no ampara a esas gentes. Ella es Agathos Daimon, el espíritu del bien. Sólo para las hienas es caprichosa cuando reparte frutos de su Cuerno de Abundancia... Y ella dicfe lo mismo que el padre Zeus, como Liberador. «No te compadezcas ante quien no merece». Este es un proceso que hay que aprender... Si quieres que se compadezcan de tí, comience tú siendo el compasivo. Un padre compasivo enseña con el ejemplo y es quien inicia en el ,mundo el proceso de simpatía, altruísmo y compasión. Padre es quien ayuda y ampara cuando realmente fuíste indefenso y más lo necesitaste... Mucha de la problemática del mundo actual, bajo las presentes alianzas del yugo y el montanismo, es la necesidad de compasión. Sin embargo, las hienas se ríen de los más pobres y se ajotan con los buitres, los perros a las guerras y barbaries... El poema que medio-,mencioné (Como Alianza del subyugo trata sobre la mal llamada Santa Alianza, concertada en París en 1815 entre Rusia, Austria y Prusia, para sofocar las aspiraciones nacionalistas de las pequeñas naciones subyugadas. De modo que ese año marca un momento o hito de la sociedad de hienas y las naciones pequeñas fundan el imperialismo explotador contemporáneo, que es un asunto de falta de misericordia y la disciplina militar prusiana es un ejemplo de cómo las hienas se organizan para el dominio despiaddo. Combaten como hienas en grupo, pero en defensa de la mezquindad y la codicia.

6. López Dzur presenta otro aspecto a trabajar para deshienizar el mundo social al que llama el volver a ser limpios. En el perfil caracterológico que el poeta hace de la hiena indica que su impureza mayor es la hipocresía. Es aparentemente limpia porque no contamina con su carroña el lecho, o lugar en que duerme. Limpia donde se acuesta a descansar. No se orina ni se defeca ahí. Sin embargo, a donde quiera que va que no sea su guarida, defeca, orina, ensucia con sus sobrantes de carroña, esconde o almacena sus porquerías. Esa es la actitud también de las hienas-civilizadas. «Limpian, en apariencia, el cuarto propio y ensucian el ajeno», comenta López Dzur y agrega mucho más:
Deja que te diga lo que pienso de la higiene espiritual que el mundo urje. Más que de ninguna otra cosa es que trata esta sección de mi poemario, que sí es política, pero yo creo en revoluciones profundas... El hombre contemporáneo en general es muy lujurioso y la lujuria mata más que la guerra. La sífiliis, la mala salud en muchos aspectos de la vida, el vicio, las adicciones de todo tipo, son expresiones de la lujuria, que es puerca como la hiena... Te converso sobre la lujuria o la concupiscencia como un exceso moral en que la sociedad humana escupe, se orina y se caga, en sus propios valores y en el laxo o precario imperio de sus protecciones y defensas. Lujuria, te digo, en el aspecto sexual, no es erotismo o sano juego. No es equilibrio o búsqueda tántrica, o entretejidos deliciosos. Es hartazgo, gula, vómito por indigestión... Yo creo en la la líbido y la libertad como cosas fenómenos naturalmente necesarios y útiles; pero ciando son armoniosas, o conductas no distónicas... El caso es que tenemos una sociedad mega-lujuriosa, carroñera, consumista, llena de gula y codicia, a tal grado que no mlimpia su karma. Se burla de él, se ríe como la hiena de los valores de cautela y afirmación del su autenticidad como entidad biológica y sicológica. Entonces, no hay limpieza ni interior ni exterior. Ni ecológica ni material. No hay estética, se prefiere el feísmo, ser 'sloppy', provocador en el peor sentido, ser caricaturesco, como la hiena misma, que parece una mala o despectiva caricatura de un perro, vomitándose y desgarrando a dentelladas sus propias pulsiones y deseos agresivos... Un perrito contento ladra; la hiena se ríe histéricamente antes y después de devorar ferozmente una presa. Se me hace difícil intuir un alma sintiente con ese tipo de bestia. Son como encarnaciones simbólicas del desquicio... Con cierta bondad, los onirólos dicen que soñar con hienas simboliza desengaños, mala suerte y riñas entre enamorados... Yo que he soñado alguna vez con las hienas me conturbé con las imágenes de una sociedad de hienas.
Cuando digo al poeta que me elabore más sobre recuerdo y la estructura surrealista que explica las metáforas, me aludo a la riqueza filtrada de sus lecturas que ofrecen otros contextos aún más interesantes de los aludidos sueños. Durante ese periodo de incubación de Tránsito entre hienas surgió un poema sobre Ana Bolena, Enrique VIII, el Gordo y la princesa española, Catalina de Aragón; pero soñaba con hienas y reptiles. «Era una mezcla de monstruos del Cretáceo, con detalles palaciegos en las Cortes Inglesas. El poema 'Retrato de un reptil humano', se contextualiza con tales escenarios. El rey gordiflón, que me representa la gula y la lujuria, pidiendo de Ana Bolena un hijo y un divorcio... Cuando miro el resultado textual del poema, no cupo dudas de que más describir la complexión física y moral de ese rey asesino e hipócrita, había descrito a una hiena inintencionadamente:

... dueño de robustas patas para mover
el trasero que le pesa e irse en retroceso,
caer sentado y cortas patas delanteras
(para moverse al porvenir sin dicha)
dada tan grande corpulencia
y concha moral y mandíbulas.
Renquea, asaz trepidatorio.

[Retrato de un reptil, en Indice»]

Mas, con sucesivas lecturas, CLD infirió mucho más: la lucha de poderes religiosos entre la Iglesia de Inglaterra y Roma bajo el papado de Clemente VII, quien considera a Enrique mala persona y mal cristiano. La adjetivación surreal forja una caricatura animalesca de Ana Bolena

y una vieja caliente, tocha,
toda tetas, con las patas peludas
de una loba y la boca mamadora,
¡Ana Bolena, toda bolas!

Tanto Roma, como Inglaterra, le parecieron imperios inmundos. La historia de estas dos mujeres es trágica. «Toda civilización de hienas es trágica», acotó de inmediato. Ana Bolena, quien fuera reina de Inglaterra entre 1533 a 1536, como segunda esposa de Enriique, fue ejecutada por éste durante una crisis que dio comienzo a la Reforma o la ruptura del poder católico en Inglaterra. Sucedió que el lujurioso rey, aunque enamorado de Ana, quien se resistía a ser seducida, terminada casada con él, pero sin darle un hijo varón que anhelara. La desgracia fue que para Enrique casarse tuvo que declararse nulo un matrimonio previo con Catalina, reina consorte y, en el sistema imperante, ésto se daba como ilegítimo e improcedente para la Iglesia de Roma. El rey fue excomulgado por el Papa y él tomó la iglesia bajo su dirección. «Estas son las guerras entre leones y hienas», comenta CLD. Ana Bolena tuvo tres embarazos fallido y el rey corteja a su vez a Jane Seymour. «Donde una hiena pega las manos deja sucio por doquiera, no sólo sucio, sangre. Enrique terminó agenciándose que Ana Boleta fue enjuicida por traición, enviada a la Torre de Londres y decapitada cuatro días después. Los historiadores mordernos se inclinan a pensar que las acusaciones de adulterio e incesto por las que Ana Bolena fue ejecutada fueron inconvincentes y viciosos; pero esa es la historia perversa de las sociedades de hiena».

7. Para deshienizar individual y socialmente, en el poema Del desasosiego de mi hermano Fernando, el autor plantea concentrar las energías psíquicas en la afirmación egodistánica de la persona. Tiene mucha simpatía por Fernando Pessoa, mas la mejor estrategia emocional para ttratar con el desasiego no es buscar exprofesamente la propia despersonalización. A él dice que quiera su mismidad, aún con sus inevitables conflictos.

Yo quiero algo de mí, mi fondo, Fernando,
mi mismidad, aunque no me guste,
mi dolor, si es preciso.
No quiero otros nombres,
nombres diferentes a mi misma persona.
El nominalismo no me aporta nada
ni otros personajes cosa alguna
si no arranco de cuajo con mis propias uñas
lo que tienen mío y les doy en desafío
mi propia cara.

López Dzur compra la heteronomía de Pessoa con un síndrome desubicador o huída de sí mismo, que puede que no sea sólo un juego estético o poético. Le preguntaría:

... ¿para qué me engaño yo
pretendiendo ser alguno que no soy
o alguno de ellos?

Fernando, la heteronimia no funciona conmigo
por más que quiera vestirne con el karma.
Me molesta el alma que no rasca el presente.
No puedo yacerne en la «Stóa poikilé» de Crisipo
ni alojarme en Pórticos pintados del ágora de Atenas.
Quiero este fango raigal de mis huesos primarios,
no heteronimos, quiero un ángel que me tuerza
el muslo y yo aferrado a él, evitaría
que me detenga el paso, o me prohíba el equívoco
de mí, si es que yo soy el equívoco...

* * *

Despersonalizarme no,
un cosmos ficticio que sea mi eje
no quiero y todas mis sensaciones que sean
mi inquitud si estoy perdido y no valgo
ciudades inventadas, no quiero.
Que sufra yo con mi geografía
lo prefiero, desarraigo no ni nihilismo...
aunque me sobreabunde la histeria
y las neuras y el carajo, misántropo no,
aunque no ame lo suficiente y me coman
los odios, porque alguno tengo.

El colmo del desosiego lo detecta eniógenes Laercio, el cinismo. Escapar a través de los artificios de la despersonalización es casi el mismo simulacro de identidad que se da el vicioso en las drogas. Obviamente, el afán de Pessoa es mucho más refinado y rico y revela una necesidad que forzar la «aparición del otredad que nos convoca», cierto anhelo de novedad y excitación ante la monotonía de la vida, a falta de convicción profunda de que la vida vale. Lo que López Dzur hace, describiéndosele espiritualmente, tiene un propósito generoso, darle ánimos.

Fingir no conocerme, ser otro, no puedo
disgregado no me quiero,
ni por un gran Yo filosófico-uniabarcador,
totalizador, impersonal y supremo
aunque tal vez, como tú, vivo dialógicamente
hablanndo con los otros, con Nietzsche, ¿sabes?
con Schopenhauer o Kierkegaard,
con todos los adoloridos, los solos,
hasta contigo, Fernando.
pero no son heterónimos de mí
ni enigmáticas máscaras.

De paso, CLD aprovecha para comunicarle su propia visión de la poesía, no como una búsqueda jactanciosa de soledad, sino como una sutil y privada solidaridad. «No hay ninguna soledad en la poesía. / Soledad que no tengas a quien escribir un pensamiento», le dice. Un filósofo y poeta de formación heideggerianas, CLD observa dos cosas en las sociedades posmodernas bajo el síndrome de la hienización. Una es que del intenso desasosiego o procesos de ansiedad que la historia marca la historia, se ha pasado a la «cómoda indiferencia, tolerante para con todo aquello» que parece emocional e intelectualmente indigerible o incapez de asimilarse. Las especulaciones abstractas y el cientifismo racionalista al empeñarse a reducir al hombre a una entidad o sujeto limitado ofrecen ofrecer una visión deshumanizada, reduccionista, mecanicista y determinista. que no funciona, creando angustia, máxime cuando factores sociales y culturales, tras la Segunda Guerra Mundial, intensificaron la amenaza atómica, la guerra fría y la insatisfacción social. Lo que si bien se revierte por lo antes dicho, hoy la indiferencia, hace todavía más necesaria la centralización en la persona, su experiencia interior, o la autopresencia de cada potencial inherente de decisión, creatividad, autorrealización, sin que se pierda la relación con las restantes personas y grupos sociales. Sin personalización se va por un callejón sin salida de soledad e insolidaridad y la visión meramente biologista y mecanicista del ser humano patrocina las hienas, vicio y desvío.

8. Con Isidore Ducasse y Les Chants de Maldoror, (1869) de su autoría, se da el ejemplo severo del desvío. Sobre él, López Dzur escribe Los dos Montes de Isidore, la encrucijada del ser humano que no observa la Aurora. Ducasse es un opiómano, prematuramente exterminado por las drogas y una despersonalización más severa que la de Pessoa. La Metafísica de lo Absoluto y los dioses indigerible le provocan odio y, entonces, desplaza en ellos la bestialidad más impúdica y la crueldad, tal es el desasosiego; pero él no es de la misma catadura de Blaise Pascal, con sus reparos al Dios conceptual de los filósofos, réprobo del «Dios de la filosofía y deidad de la ciencia» («A Blaise Pascal»). Isidore Ducasse es más joven y menos sabio para entender lo que está planteado en la sospecha del dios que ha dejado de ser un Padre enaltecido y fuente de espíritu para ser meramente:

... un Dios garante, cartesiano.
Dios, motor inmóvil de Aristóteles.
dios hegeliano, dialéctico
del idealismo objetivo.
Tú no salías del fuego
como el dios de Abraham, Isaac y Jacob.

y uno que, en el Monte Moriah, probó la lealtad de Abram pidiendo la vida de su hijo, Isaac como hijo de ka risa y el contento. López Dzur hace la pictografía angustiosa del Dios objetado, según lo aprehende de Pascal :

Tú no eres padre de nadie: eras Uno
que castraba a los Otros o los metía
en su garganta de infierno como Saturno,
que devoraba a sus hijos.

Tú eras el dios del silencio eterno.
El dios que aterra y que, por tanto,
desde el siglo XVIII lo matamos llamándole
ilusión de cogebobos, neurosis obsesiva,
artificio metafísico.

Con el puñal cientificista
te matamos, nietzcheanamente dicho,
porque tú no eres bueno.

Dejaste de dar consejo sabio para acceder a lo real
Formaste mil prohibiciones y vaciaste
las convicciones sinceras de mi pueblo.

[«A Blaise Pascal», en: Indice]

En la era de Mal d'aurore, que es la edad de la hienas eclesiásticas y monacales, Ducasse, Conde de Lautréamont, quiere verse como un luzbel:

«Y yo, con alas de ángel, inmóvil en los aires
para contemplarlo» todo, con la misma insanía profética
del Manfred de Byron, el Konrad de Mickiewicz
o el Fausto de Goethe, héroes del maldoror,
testigos de un dios divino en el burdel
del sobrehumano asesino que seduce
a Dazet y al efebo Mervyn, en la cúpula del Panteón
tras la columna de Vendôme... ¡qué inútil protección
que se muera así como tú, adicto,
compulsivo consumidor de angustias sentimentales
y desdicha y mala voluntad sin grata
aprehensión de lo sublime!, .porque se está
en la noche con excesos en la sombra
y en lo numinoso, con guerra de opuestos imposibles
como la tiniebla y la luz... y los creadores de ultratumba
son nefastos, pero se llaman divinos.

Son lechuzas de asalto con tu alma en pederastia
y ojos opalinos sobre un pozo de escondidas tarántulas,
¡ay, condecillo del opio! profeta del Otro Monte
---l'autre mont ---, donde el Cristo y su Dios
no van, mira qué lejos se está del infinito
desde el barrio parisino de Montmartre,
mira los diez ejemplares diez balas en el costado
de Dios que duelen como flores malignas
de Baudelaire...

[Los dos Montes de Isidore, en: Indice]

... pero él no puede. Muere de de 24 años de edad, « a prisa y corriendo» y, como dice CLD:

(...) defraudado de cuanto se llama
la inquietud de sí como eje formativo y corrector
del carácter, actitud general, relación consigo mismo,
la inquietud de sí como privilegio estatutario,
la cuestión del ser del yo del que hay que ocuparse
a fin de determinar el yo como alma –
o el alma como sujeto de acción –
o la necesidad de un maestro de la inquietud.
o la inquietud de sí como autoconocimiento...

[Los dos Montes de Isidore]

Murió sin experimentar el El salto cualitativo que López Dzur describe en tal poema, que es el mismo salto de fe de Kierkeegaard y de Pascal, salto que requiere valor espiritual pues es un salto sobre el abismo que pueblan las hienas.

Yo dí el salto al abismo
cuando ví la luz que me invitaba
a dejar la caverna del mutatis mutandi.
Del salcocho de cerdos no quise mi alimento.
En rehalas de rebaños ovejunos,
dicté: soy soberano y con sinarcas
que desprecian a mis hijos
y les dan sus sobrantes,
no quiero mi banquete.
Innecesario exordio son
sus prolegómenos,
predicantes de miseria.

Dí el salto de fe
y mi alma era una risa,
la gloria de mi fruto
más amado, el vetarro vencido
en el deslinde, la gruta del deleite
por rutas de movimiento eterno.

[El salto cualitativo, en Indice]

Tampoco Nietzsche (cf. Diálogo con Nietzsche sobre el Anti-Cristo,, el Marqués de Sade ni Isidore Ducasse, pudieron darlo para regocijarse con los beneficios de estar libre de la angustia y, de veras, disfrutar la dopamina y la seratonina, que son las bendiciones implícitas en el poema Consejos para mi hija. Este poema es como un canto a la alegría de corte schilleriano, en el que CLD rehumaniza el placer que el Marqués de Sade satanizará como como perversas pulsiones, sin higiene mental. Nuestro poeta desmitologiza a Satán, lo mismo que al fuego devoradoir del cristianismo vengativo. Lo transforma en un placer gratificador que no hace daño a ninguno de los que lo comparten

Que el fuego sea placer y bien sentido.
No tengan miedo. Satán no es ser; no existe
y el Hacha que yo entrego
es el último recurso estetizado.

Que no escuchen la gallunga
y su gente que asesina,
que a los martinistas digan NO
y otro NO a la caterva ultramontana.

No ilumines demasiado,
estrellita de arroz, cuando tengas
a espiones de Tu danza, sigue
y baila conmigo a tu lado.

Los fuguillas bestialistas,
al servicio de cautividad rutinaria,
no son dioses; son sarna, son ácaros.

Lunita crujiente de maíz tostado,
tén ovarios limpios, no cedas
a populismos sentimentaloides.

No dejes que te silben
como a perra, quienes sólo
a la obediencia llaman
y pretextan su refugio
en sus dioses.

Tén la piel como la leche,
niña amada, y como madeja de seda
ata tu visión al alboroz.
El queso es así aún más sabroso
que la baba de los cerdos en tu plato.

Sera del panal que sean tus labios
y el beso siempre, un conjuro,
contraseñales del hacha
para el Gran peligro.

¡Ay, Toña, tonina, jamoncito
de mujer, cómo cautivas,
tú neurotransas del pajar
mutua alegría, tú eres mitosis,
me das células-hijas!

9. Y, en fin, desglosar su visión anti-hienírtica es extenso.


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Tercera Parte: Tránsito entre hienas

La nación y los poetas
El poema que bendice
El origen del poeta
El secreto de la Fortuna
Ante Pilatos
El mundo circundante
La tradición pro-bestial
Decadencia
La calandria y el buho
Los entretenedores
Maruga mercantiva
Ladrones de autoridad civil
La Gran Bancarrota
Meditaciones sádicas
Los leprosos
Los dos Montes de Isidore
Estéticas del hombre pertinaz
Diálogo con Nietzsche sobre el Anti-Cristo
El sacrílego
Del desasosiego de mi hermano Fernando
Mi Amigo Blum
La bruja
Los demonios blancos
Amonestación a Gilles de Rais
Profecía a los infanticidas
La jeta del Nadie
Marsilio, la changa viene
Y esta peste de infiernos
Adaptación natural
El primer hachazo
Ya no resucita ni la guasca
La Gran Rosa y La Mina
Voces de sibilas
Sacerdotes belonarios
Oubao moin
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López Dzur, Carlos (1955). Poeta puertorriqueño. Su libro «El hombre extendido» fue premiado por el Certamen Literario Chicano de la Universidad de California, Irvine, en 1986. Aborda temas védicos, folclor antillano, lo aruaco-taíno, exalta los placeres tántricos y las gestas sociales anarco-libertarias. Entre sus libros: «Heideggerianas», «Tantralia», «Lope de Aguirre y los paraísos soñados», «Cuaderno de amor a Haití», «El hombre extendido», «Teth, mi serpiente», «El libro de anarquistas», «Las zonas del carácter» «Canto al hermetismo» y «La revolución profunda».

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