Sunday, October 03, 2010

Del poemario Las zonas del / carácter / Carlos López Dzur


De las cosas maravillosas que he visto

Ninguna cosa es preferible,
si es que se anhela por experimentar
las maravillas posibles, estarse frente a frente,
como testigo y sentirlo, ese momento
en que alguno dice:
Soy amado,
me admitieron, tengo un espacio y no estoy solo.

Ninguna cosa es maravillosa que he sentirse
aceptado, mínima o enteramente protegido.
Y sin amor no es posible, porque yo he visto
la indefensión, gente echada a la calle,
gente a quienes dolió que se dijera,
poca cosa, muérete,
eres feo, no mereces la vida, tampoco
el beso, abrazo, pan para el hambre,
techo que te libre de la lluvia y el frío.

Ninguna cosa es preferible,
si uno anhela atestiguarla, por si la urgiera
un día, que la misericordia.

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De las cosas más horribles que he visto

Quien llega a sentirse solo para combatir
a la nada a la que lo han reducido
asomará a las pupilas
la mirada que más temo.
No sé si es llanto, o si es ira incalificada.
No ha de tener control, se procesa
meramente, se potencia.
Es incertidumbre alimentada
que salta a las barreras, ante todas las prohibiciones.
Es un estado desesperante en que surgen
las ganas de matar, un signo vengativo
y rencoroso, que se vuelve mirada
hacia todo lo externo.

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De las cosas más incomprensibles que he visto

Aquel que tantas veces fue tan gentil conmigo
(aquel que no quiso confesarme sus penas,
pero darme alegrías, tal vez salir un rato,
unos tragos, un recuento ameno
de recuerdos, un llenarse las pupilas
con algo hermoso que danza
o esos rostros cordiales de mujeres
en la taberna, meseras o no,
pero todas extrañas, al parecer divertidas,
aquel se quitó la vida.
Se le colmó la copa, la paciencia,
el presente que le ató
al pasado.

Primero dio muchos puñetazos
sobre una verja, alambrada de púas,
continuó vaciando sangre por sus nudillos
para destrozar toda su mano
sobre la puerta de su casa,
después por no matar a su mujer
ni oírla discutir ni echar di(h)abladas),
se disparó en la boca
y se voló los sesos.

De Las zonas del carácter
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