Monday, October 11, 2010

Ironia de los capitales / De El libro de anarquistas


Quienes acceden a los cargos imperiales
de poder, quienes no tienen pueblo para que auxilie
sus ventajas, sus campañas de Big Money
y esferas partidarias de nominados
a complicidad y ultrajes sociales contra el pobre,
van y piden donativos al extranjero.
Se agencia la misericordia en efectivo
(y ese extranjero es casi siempre el adláter poderoso).

El pobre, nativo jodido, no les daría
un centavo para que sigan perpetuando
la democracia del rico, el escaño
de sus ladrones.

Por eso van a llorar
desde sus Cámaras de Comercio,
desde sus corporaciones.
Creen que es su derecho que el pobre les ayude
cuando a éste les dan sus espaldas.
Creen que se merecen que el mundo más allá
de sus fronteras les sufrague los costos
de sus explotaciones.

Se quejan de que les quitan las oportunidades,
atropellando el libre discurso de sus peticiones,
la palabra artera de auxilio que tienen en la boca
(¡ellos que piden como pordioseros
pero son dueños de todo, medios, prensa, editoriales,
cadenas de comunicaciones, toda la industria
afianzada en la democracia corporativa
que sustentan y, sin embargo, lloran
como si fueran pobres y creen que el rebaño
está para servirles y el gobierno para obedecerles.

Quien no tiene los recursos, que se saque
del bostezo las migaja, que ofrezca lo que no tiene
(¡arriba, corazones! rebaño, sé generoso)
Así, se coordinan, evitando que se pida
al más mezquino que son ellos,
quienes sin el lucro garantizado
meditan y remeditan sacar de la bolsa un peso.

Así son los codiciosos, los plutócratas,
siempre en campaña de recaudaciones.
Sólo que a veces el pueblo llano no los oye.
No les da un céntimo, aunque hay bobos
y entonces van al extranjero
y allá trafican influencias, financian sus mentiras locales.
Piden dinero, dáma dáme,
por la democracia y los derechos humanos
(con que se limpian el culo),
dáme por la santidad de las instituciones
(que suelen ser las cuevas de ladrones y sicarios),
dáme por la defensa del mundo libre
(y el mundo libre es una manaufactura contínua
de atropellos), dáma, dáme, dáme...
Estamos necesitados
(¡pero cebados están sobre megamillones
de lucro y dividendos!)

03-11-2004 / De El Libro de anarquistas

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