Monday, March 31, 2008

Contradicción

No se me defina el amor de una manera
que sea yo el crédulo que vaya y diga
de ese amor quiero; no se me defina así,
lo suplico, si ese amor no existe,
escasea o no se da.



Porque así me presento muchas veces,
casi a diario y con fe, porque así me extravío
y me aparto, pero voy y llego tarde,
porque así mis pies sangran más
al pisar las ortigas del camino.


No se me defina el amor de esa manera.
Apíate antes de emitir tu llamado.
El hambriento está en la husma,
con los pies sangrados, cuando se ofrece el pan.
El sediento está con el sol que se lo come
a mitad de la esquina y el crédulo,
con el alma hecha pingajos.


No sé me defina la incondicionalidad
de ese amor; llegaré tarde y nada será
más grande que el rencor que escucharlo:
El amor se ha acabado.

19-3-2000 / «El hombre extendido»

Todo lo que busco


Todo lo que busco es un recuerdo
en la densidad de este olvido,
alguno que entienda cuán grande es
la memoria que perdí, cuán doloroso
es vivir con la difusa culpa,
con el profundo remordimiento.

Es lo que clama desde mí
a un no sé dónde, a un alguien escondido.
Todo lo que busco es una dicha y un reposo,
una piedra que ungir, donde recostar
mi cabeza soñadora, y estos huesos
calados de frío y soledad.

13-7-2000 / «El hombre extendido»


Absorbo mucho dolor


Absorbo mucho dolor, mucho dolor.
Tal vez es mi lugar / espacio,
seguro es la vida para la que nací,
ciertamente, el Yo
que todavía sobrevive.


Habría preferido un punto
que sea casi el vacío, un punto de luz
y la cósmica alegría que vuela como rayo,
ser que no sabe de su precariedad.


Pero aquí estoy, lugar / espacio /
Y amplio y sólido, contingentemente
consciente del dolor y esperando…

13-7-2000 / «El hombre extendido»

Portal Mundo de Poesía


Me llamarás


Cuando quieras puede echar tu puño
sobre la tierra y cosecharme.
Mi planta ya dio el fruto.
No lo juzgues en mi presencia
frente al fango. Van a decir que no agradecí
la semilla y no es cierto; van a decir que
descuidé las raíces. Busqué el agua,
te amé como una hormiga puede,
me arrastré hasta subir hasta mi propio tallo.


Esta cabecita loca ha echado hojas
y las trepado al sol con la fuerza que puedo.
A veces pensé que la luz me sofoca
Y, en el mareo, caigo a los suelos,
a la noche, dolido.


Cuando quieras, llámame.
La noche me ha sorprendido casi muerto.
El sol no ha penetrado al patio donde yazgo.
Una plantita enferma de cansancio.
Una vida, con seco fruto, muy sediento de luz.


15-8-2000 / El hombre extendido

Saturday, March 22, 2008

El campesino divino




¿Te imaginas cómo es sentirse hijo divino?
Tener la llave exacta de Alegría y abrir lo hermoso
con los ojos abiertos aunque vengan los cuchillos
de la duda a cegarte, ¿te imaginas la vida,
dando pasión a todo lo que haces?


Saberte un poco árbol y echar ramas y frutos.
Saberte la vendimia y esparcir el vino
como si la mar fuese una cava, la vid lícua
de vida y de embriaguez, el sabor gustoso
de los entusiasmos. ¿Te imaginas tú
ser dos veces nacido aunque vengan piratas
a tu barco y el abordaje sea impulso vil de asesinos.


Saberte secuestrado y que Dios mismo
festeje tu rescate, que envíe lo que tú pides:
nada que sea absoluto, tal vez una canción,
un cabrillo, una tupida hiedra.
unas mejillas protectoras, como yerba
húmeda y fresca, recuerdo difuso de Luna
y muslo de Dios, sabor de hueso vivo
entre bacantes, ¿te imaginas? Saberte
vecino de Orcómeno y de Nisa
y viajar entre montañas, educado por ninfas
y musas y ménades, viajar por cada mundo
a la mano, ser la cabrilla lujuriosa,
la rumorosa orilla, azul de cielo y pájaro,
saberte Tierra y Luna, exaltar la verdad
desde el placer interior, en theos, arrobamiento,
enloquecer por el amor ilimitado y no envejecer,
ser entre árboles, con el tirso de hiedra,
ser desnudo detrás de una parra
o un uvero, ¿te imaginas? morir cada invierno
y resucitar en primavera…


10 / 07-1986 / El hombre extendido

La voz salvaje

A Dioniso, hijo de Sémele

Olvidarme de mí mismo
¡eso quiero! Abrir las venas del subjetivo lamento
¡eso quiero! Olvidarme de mis inicialidades
y mis representaciones, desafiar a quien reparte
los destinos, fluir naturalmente como un río
crecido entre rígidas Moiras, que no piden
más ádyton que las yerbas que tapan el hoyo
y que no tengas ojos abiertos, sino un gran amor
para que ofrezcan algo, el rumor del río,
la música de las que nace el Ditirambo.

Olvidarme de mí mismo, estar en la noche
con los campesinos, festejar la vendimia
que el alma cosecha con antorchas
¡eso quiero! procurándose un grito y una danza
y una ebriedad caníbal y un sentido común
disparatado porque ya no hablas tú,
comportamiento diseñado, habla la ausencia
de palabras, habla algo afuera de lo representado
¡eso quiero! olvidarme de mí mismo.

12 / 08-1986 / El hombre extendido

http://es.geocities.com/baudelaire1998/antologiaErotismo1.html

Thursday, March 20, 2008

¿Para quién es tu canción?



Cuadro de Cervelli: Orfeo y Eurídice

Canta el hombre. Que tal varón haya
y hembra que escuche exista, el dueño
del poema, la cítara, la lira, su proyecto
de música y de flauta, su memoria
de la Musa que lo hizo nacer.


Orfeo tiene la dulzura de los hombres
que a las bestias amansan, duerme
los perros bravos, calla sirenas y trinos
en la mar y en los aires. En lagos
de duplicidad y alharacas; él sobrevive

al dualismo de las cosas. Con música
se disolve la epifanía desfigurada
y el pavor.

Que no muera el cantor
que por amor a los infiernos baja.

2.

¿Para quién es tu canción, hijo de Apolo,
heredero de lira? ¿Para quién la ternura
y la fidelidad, para quién la dríade que se muere
mordida a los pies de la serpiente
y a orillas de los ríos de Tracia?

Responde, Orfeo, porque tendrás que aprender
que las dudas matan y el que canta, si deja
su función, se pierde en infiernos mundanales.
Lo escarnecen los insultos de la tierra y el celo
de las hembras en deliquio, hechizadas.

Detuvíste tu canto, de repente,
y la rueda de Ixión no se detuvo. La rueda
siguió moliendo un corazón en la venganza.
Se agotó el hombre que empujaba la roca
de su causa. Desfalleció, como Sísifo,
en tristeza por la pendiente hacia el abismo.

Canta, hijo de Calíope. Pasa tus dedos por la lira
porque los mortales te escuchan y descansan.
Responde a quién va exactamenten tu canción.
Prueba tu amor. Un perro duerme
porque en suburbios de la muerte
das reposo. Dí que cantas por los vivos
y los muertos, no sólo por la esposa
que te ama. Haz un canto social
en los montes eleusinos.

3.

El hombre canta y esa es la verdadera pederastia.
Que haya un padre que le diga al hijo,
Talla la lira, con magia de los dedos,
cohabita en el misterio de los cantos.


Canta por el ensordecido por los truenos
que matan; musita tu respiro hasta las tumbas
del caído; entre la gente pestilente,
enferma en hospitales, en presidios,
en exilios, en las iras del hampa,
ofrece el sortilegio más dulce de una cítara,
la voz más inspirada de tu alma.

Canta, desde el drama interior
del sufrimiento, canta, poeta,
porque el dolor se repite
y prohíbe la alegría.

Dínos agriopemente la amargura
del amor perdido, ablanda el corazón
de los demonios; define la tristeza
para que puedas salir del agujero
que te tiene cautivo a su capricho.

Citaredo, no seas cobarde.
Si no vas a cantar, muere por amor
y no maldigas los dioses.
No golpées con la piedra el don de la alegría.

No escandalices con esa vibra horrenda
de congoja. Se está marchitando la cumbre
del Pangeo, se va secando el prado
sin canciones. Canta otra vez
el canto social y humano del que sufre.


12-03-1986 / El hombre extendido



NOTA: El pueblo lo asesinó a Orfeo cuando destruyó la lira con una piedra y produjo un ruido, al hacerlo, que la comunidad no soportó y se decidió a pararlo. Esta es la moraleja: El que nazca para cantar, hágalo hasta el final de sus días.

Wednesday, March 19, 2008

La muerte de la esposa


Murió como un gusano que trepa

a su penacho y se detiene.
La devora un lagarto verdinegro.

A nadie tengo aquí porque llueve en la sombra
y en mi paso. Y todo es un camastrón selvático
que depreda la voz con que lamento.

Las bestias huyeron y hablo solo.
Grito a los muertos y, en candelero,
está mi aliento únicamente
y mis ojos ávidamente perceptivos
ante la rica gratitud del todo
al filo del alba y el olvido.

7-13-1980 / El hombre extendido

La cruzada a oscuras


A nadie tengo aquí en la sombra de mi piel

sino a las bestias, al ave, al jabalí;
a esos nervios a los que doy celada
para no estar solo, aislado, en suspenso.

A nadie tengo que escuche y comprenda
la gratitud que me inspira lo vivo.

Ofrendo el primer canto lejos de aquella mujer
que danzó al ritmo del bambuco.
Voy a buscarle horizontes.
Y la separación duele.

Ella me observó como la noche vestida
de sus soles y me exhibió sus pechos de brasa,
y yo le dije adiós. Un adiós negro como el cedro.
Un adiós oscuro como aquella noche
y el sendero y el cruce y la alambrada.

7-13-1980 / El hombre extendido

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Te fundaré los ojos


Te fundaré los ojos como dos capangos duros

en apariencia de cristal porque la luz se olvida
y los ciegos taimados y brutales,
por engaño, la arrebatan. La encubren.

Haré tus ojos blandos, por igual.
Y la dulzura insertaré en ellos,
bellotas diminutas con estrías secretas
por su corteza blanda. Filtros de luz serán.

A veces, en la disparidad biocular
y por información insuficiente del fenómeno,
serán como quieren, caprichosos, desafiantes.

Si hay miseria visual en la fovea no será la culpa
de tus ojos. ¡Yo los quise así, tentadores!

2.

Como blinda será tu horizonte.
Con fino material de oxidasa citocrómica
te haré las córneas, sus músculos ciliares y nervios,
¡y tus pestañas largas, peludicas, bien soñadas!

Con lluvia de axonas que procedan
de tu corteza estriada, con conos y bastonzuelos,
haldearán tus gestos de pupilas, dilatadas
en la penumbra,c asi diminutas y por luz, deslumbradas.

Tus miradas tendrán filos de espadas;
quietos secretos, alfileres de tumba.

9-2-1979 / El hombre extendido

http://carloslopezdzur.blogspot.com/2008/03/todos-somos-inmigrantes.html

http://es.geocities.com/baudelaire1998/generacion70C.html

Ahorcada en Tijuana


Toda la méndiga noche te esperaba.

Un parque que la chota lleva al asco fue testigo:
ví borrachos de pocas, prostitutas, transas
de todos los calibres y colores y la jaina.
la reina de mi barrio, viene del Norte.
Ya conoció Los Angeles.

Un sueño de Hollywood la enamoró
siendo muy chica. Ella canta.
Su corazón se perdió por esa filfa
y así me la ganaron mil cantinas,
los churuvuscos de ventaja.

Al fin, La Pocha ha de volver al nido.
Sin un disco grabado todavía.
Tijuas no la condena. Mugrosa y derrotada,
¡qué bien! si así llegara, he sido
el enamorado de su infancia, el que dejara
un día. Nos lo juramos. Le dije: «Yo sí
te quiero!»...Y ella: «¡Espérame!
Regresaré con triunfos dedicados».

Y la esperé ni modo, año tras año.
Hasta este día que la supe en la prisión
La Mesa, donde se hizo un vilo,
se colgó de una soga y quedó muerta.

Y nadie la reclamó. Ni yo.
Nadie.
No pude.

1986. Tijuana / El hombre extendido

http://carloslopezdzur.blogspot.com/2008/03/el-transfuga-csmico.html

Negada fue la Tula verdadera

Levantaron su huipil porque lloraba.
Ella buscaba la Tula verdadera.
Un lugar sin hambre y sin congoja.
Un paraíso con los suyos, sin traidores.

Pero el pochteca estuvo allí.
La vendió gachamente después de coyotearla
por los montes, trazándole la ruta del escarnio.

En la casa de Calmécac, el tarado del átlatl
dio su golpe. Un cafre fayuquero, por dinero,
la entregaba. La robó. La dejó sola.

La cedió a un monte oscuro de salvajes,
sin patrullas que le dieran protecciones.
Un migra mexicano, deseándola, comenzó
a chupar su piel como una fruta.

Y aquel huipil cayó con la deshonra
y del polvo nació un escarabajo.

En la casa de Calmécac, su sangre inspira el luto.
Bajo la tierra de un patio la enterraron.
Ahorita ya hasta un macegual canta.
Un azadón de sangre en su hombro gime.

Y en la tierra donde la calaca virginal
se irá secando, ya nadie tiene hambre
ni congoja ni ilusiona un paraíso
con los suyos: ¡la olvidarán!

1986. Tijuana / El hombre extendido

El inmigrante

Memoria de Chile





A José Naranjo, chileno


Usted se olvida que me dijo engreído y parejero,
pero es que no sabe quién soy ni de dónde vengo.
No todos somos el mismo cuño de inmigrantes.
¿Cómo es eso? Me escupió la cara y dijo:
Víctima fácil del ego. Vendepatria, resentido.
Izquierdista de vitrina, odia-mojados.


¿Yo? ¿A mí se refirió? No saque cresta
porque me ha visto renco, en mi sillón de ruedas
y ensimismado en recuerdos y tristezas...
Usted que es un jornalero, lechuguero,
me trató con escarnio, a mí que me rijo por el «debo de»
y lo dí todo, a mí, torturado, despojado de mi rango,
por no dar a Sepúlveda, Pickering, Prat,
mis confidencias, mis conocimientos.

A mí, por decir la verdad, soy capitán
y Viva Allende, me llamó cobarde y engreído
y bien que estudié la Milicia y tuve qué…
(por si no lo sabía, donde el mismo Pinochet):
en el Colegio de los Sagrados Corazones de Valparaíso,
y la Escuela Militar del Libertador Bernardo O’Higgins.
Usted, con ganas de ver menos, me dice:
«Ganó Patricio Aylwin, véte pa’ Chile».

Pues, no. Me quedo, y con todo derecho.
Se ve que nada sabe de quién es ese farsante,
antes y después del Plebiscito del ’88.
La misma gata, una mierda. Pinochet es todavía
el Comandante en Jefe del Ejército.

¿Que vine huyendo porque soy cobarde?
Ah, qué bien. Mire hacia su país, no sea hablador.
Busque a valientes, cuéntelos con los dedos.
¿Acaso no está lleno Norteamérica de los suyos?

Vine porque el exilio me salvaría la vida.
Soy un sobreviviente desde esa vez que la CIA
mandó a matar a Scheneider, pero,
¿usted qué imagina? ¿que traje un dineral,
que no hubo necesidad? ¿que soy un delincuente?

Usted le tiene odio al suramericano,
al argentino, al colombiano, al chileno;
usted no sabe cómo es vivir con generales
y con sus botas encima, usted no sabe,
usted no tiene qué, aún no ha vivido
un «tanquetazo» ni se ha visto
bajo el fuego de un Regimiento Blindado N° 2,
con hienas manejadas por el imperialismo.

Para usted es tan simple. Me dio hambre,
brinco a México, acá tiene familia,
ciudades, sucursales, sus tortillas.

Yo no. En Chile están mis enemigos a muerte.
Allá Pinochet es Senador Vitalicio.
Allá la Unidad Popular se hizo una mierda.

El falaz Prat puso su precio en mi entrecejo
y las balas entonces me gritaron: Vivo o muerto.
Ya no me voy. Menos porque usted lo pida, cojonudo.

En América, en el culo de su madre,
dondequiera sea, voy a decir Viva Allende,
viva ese recuerdito de mi pasado, ese valiente
ego que me desprecia usted si lo afloro
y por el que fuí apaleado, descoyuntado,
casi muerto.

11-9-1990 / El hombre extendido

Impasse

A quien se halló en el límite de su propia resistencia rumbo al Norte, en una celda del Servicio de Inmigración o la Patrulla Fronteriza

Que nadie me observe. Déjeseme
de espaldas, así, disimulando.
Que no quiero llorar ni hablar mis cosas.
Este estado de emergencia es mío.

Que nadie me toque ni pregunte.
No me ofrezca ninguno un abrazo.
Gracias. Yo tengo mi propios cigarrillos.
Y, en el fondo, una angustia
de espejismos extremos.

Voy a tocar fondo. Un momento más
y se desata este vacío y si me sobrevivo
es otro azar ante el cual no puedo
ni aún sé cómo detenerlo.

Que algo nuevo ocurra y no aquí
con tantos ojos tristes y llantos del extraño.
No sé qué es lo que viene, o si es inevitable.

Que venga el nuevo parto cuando ya esté
en la calle, no en esta puta celda,
no en este pozo de maldito refugio.

Espero, aún sin confianza en el fin
de este viaje; espero, en la voluntad audaz
de algún rescate. Espero, con dolor,
el ciclo nuevo. Espero y no puedo hacer nada.

6-18-1986 / El hombre extendido

El shock

Shock: Cantidades de energía que la persona no puede manejar: Dr. Edward Bach


Inmigro con tal trauma que me está llevando el diablo.
Lo digo, con la boca callada; yo no puedo decirlo.
Lo digo, con las piernas que tiemblan, y con los labio secos.

Todo lo que traigo anula mi elocuencia.
Yo lo he perdido todo. He perdido mi casa,
Mi mujer. Mis hijos. Me han devaluado
a tal punto que ya nada merezco.

No puedo con las malas noticias.
Una más y me derribo y muero.
Vengo aquí para huir, para estar lejos.
Ganas tengo de que el avión se estrelle.

Que asesinen a Pilatos, al ladrón, al depravado.
Que algún temblor estremezca mis ciudades.
Que Dios venga y deshaga los mundos.

Estoy con un pensamiento abismal.
Que pide la venganza. Estoy en bancarrota total.
Lo he perdido todo: propiedad, familia, trabajo
y no puedo manejar ni mi final ni mi comienzo.

5-8-1986 / El hombre extendido

El brincó con su herida



Un día se vino al Norte como tantos.
Tuvo que esconder su cabeza yucateca.
Escondió una cuchillada que le dieron
en Tijuana bajo una guanga ropa.

Ocultó su frustración de ser un tarambana,
jornalero sin trabajo, sin diploma, sin tierra,
sin ninguno que reclamara los huesos
con que vivía, la fatiga de sus años,
ya era viejo, no anciano, adulto nomás
con el único tiliche existenciario: biología.

También se supo humano. «La necesidad», lo decía.
El quería ser productivo, aún carente de todo.
Sin desestrezas. Hizo todo lo que pudo:
lavar botellas, cargar de aquí o allá
pesados bultos, reparar cercas.

Y llegó a Tijuana, rumbo hacia el Norte.
Luchó con la culpa, todo hambre. No era nadie.
Como un perro, como un huérfano
y desvalido, indisculpado por las horas.
Y la miseria. «Es la necesidad», decía.

Ignorante de futuro, ignorante de pasado,
brincó la valla, el alambrado muro
en la frontera; así lo hizo, así haría; pensó
que al otro lado, todo será seguro.
Funcionaría con lo que sabe: hurgar en tarros
lavar botellas, recoger desperdicios,
reciclar la basura.

Y trepó, hiriéndose las manos a la luz
de la luna y brincó, hasta abrirse los sámagos
y empezó a sangrar la vieja cuchillada.
Y helicópteros alumbraron su agonía.

Le pusieron una inmensa farola
para identificarlo. Vio tanta luz que se pensó
en otro mundo, en el Cielo. Moría.
«Es la necesidad», su última palabra.

6-8-1984 / El hombre extendido

Todos somos inmigrantes





Todos somos inmigrantes, cósmicos
y cotidianos fugitivos de algún tiempo y espacio.
Todos un poco pordioseros, todos otro poco
o apenas disculpados. Llegamos a la patria
de la culpa,
con el indocumentado clamor
«Yo no merezco», «no merezco», «no merezco».


Algunos en las alambradas quedaron atrapados.
Secos en el desierto, cadáveres varados y sedientos.
Asfixiados en las aguas, tránsfugas de ningún lado,
los tragará el remolino, los sedujo el vigía
con la contracorriente. A unos les mordió la serpiente
o un perro verdinegro y amarillo, rumbo a la estigia

del Río Grande o el Lago del Olvido.

Pero todos somos inmigrantes.
Vamos a serlo por siempre, siglo a siglo,
con esta sensación de autoreproche
y desprecio de sí mismo.
«No merezco. No hice lo suficiente.
Culpa me llena el morral. Soy fugitivo».


Con pautas de autoagresión, todos,
todos y uno, somos vagabundos fronterizos,
desvalidos del presente, nunca definitivamente
aptos, admitidos, maduros y perfectos.
Uno es quien empieza de nuevo
disculpándose y sin perdón
de un remoto pasado.


3-9-1984 / El hombre extendido

El tránsfuga cósmico




Mi camino en la tierra se pierde en los milenios.
Es condena uranofóbica que deambula en la sombra.
Evade uno y cada uno de los cuerpos.
Sepulta toda luz, sólo se mira a sí mismo.

Un sol es que depreda y me alcanza.
Un sol es que muerde.Y aún no sé por qué
si la luz es infinita y el sol
cuando amanece sale para todos.

Vago como vaga el karma en las edades
del poder ilimitado y el placer caprichoso.
Una chispa disparada soy en lo frío de la noche.
Un perecer detenido, aún cargado de fuego.
Mi padre dijo: «Mi fuego es para Ella.
Y ella es sólo para mi fuego».

El cielo es celoso y yo no lo comprendo.
Es tan inmensa la Urania. Y mi madre lo sabe.
Y un día lo preguntó: «¿Que haces, esposo mío,
con los hijos del fuego que comparto?
¿No enciendo yola llama que relumbra en tu pabilo?
¿Dónde escondes a los hijos que te doy?»

Tal vez la unidad no aspira a dividirse.
Tal vez la soledad no quiere compañía,
tal vez el amor indivisible se sienta avergonzado
y no se atreve a ser dual y no se atreve a ser múltiple.

No fui el primero, no. Fui el último que heredé los ojos
de mi padre y quise inútilmente solazarme en ellos.
Soy el advertido de que La Tierra llora;
el primero que dije a mis hermanos:
«Nuestra madre sufre por culpa de su esposo».

Fui el primero que intentó el consuelo
desde las grutas profundas de la vida.
Escuché la queja y me hice hombre...
«¡No escondas los hijos que te doy.
No los apartes de las caricias de mis dedos!»
Ese día la Mujer inventó la madre humana.

Pero el amor es celoso. Y los celos
se vuelven homicidas y se heredan en la hoz
que empuñamos, dizque por redenciones.
La Urania es un espejo de la psiquis, no una piedra,
no un pedazo de hielo de los polos…

Y ella, transgresora, me dio la hoz.
Y rompio el orden cósmico y se hizo natural
como mi mano y vulnerable destino.

Me dijo: «Sálvate y mata»… Y yo lo maté.
Me cansó el eterno exilio cosmogónico.
Yo, el más pequeño de los yoes. maté al padre
que me escondió en el abismo.Yo maté, sí,
yo fui el primero que maté y, por tal causa,
seguirán matando los hombres.

2.

Ahora me llaman el parricida y mi memoria
me sigue a todos lados. Y me escondo
por mi cuenta cuando Urano no existe.
El semen anega mis caminos.
Salpica a mi paso todo lo que encuentro
y entre charcas del semillero lácteo naufrago.
Resbalo, caigo y lamento.

Mi esposa se niega a darme noches e hijos.
Se ha inventado el trauma de la sangre.
«¿Qué se puede esperar de quién mató
al padre suyo, quien es el padre mío?»

Hermana mía, el Cielo está medio vacío
y mi estómago seco. No hay delicia nutricia
después que formulaste las acusaciones:
«¿Qué se puede esperar de criminales?»

3.

Y el parricida se convirtió en caníbal…
Y caníbal soy, sin el pozo mágico de Rea,
lo femenino; parricida soy. No encendí
el fuego reconciliador y fascinante
que pudo unirme a él, padre olvidado.

Es que estuve en el ombligo de mi madre
cuando ella se creyó centro del mundo.
Ahora tengo el Hades intramundano por camino.
El devenir se volvió un escarabajo.

En zanjones y en estanques donde reina
la sombra húmeda y el semen de mi padre como barro,
duermoy me despierta el sol, mordiendo estiércol
desde el ocaso. Me embriaga la luna y me da sus puñales.

Bebo, haragán de sueños.
Bebo, bebo, enloquecido, con las culpas
del crimen y la herencia de una ley inexorable:
la condena sagrada, la edípica culpa de los ojos,
porque yo lloro y mendigo
siendo un rey transmundano
e hijo de reyes históricos.

Para alguna energía renovadora, a hurtadillas,
me robo los manjares del palacio; me los trago
y absorbo desde un vientre fecundo.
Es la sangre de mis hijos.

«Tú eres sabrosa, Hestia,
pero tengo que devorar la amarga fruta, tú,
aún más sabrosa, Deméter, pero debo comerte igual
que a Hadesy en Poseidón, me beberé los mares».

4.

Voy a darte una piedra, esposo mío.
Una pócima de amor. No es un veneno.
Es placebo quizás; es una roca de mentira
que aceito con tu nombre. Soy tu esposa
y tu hermana y, pese a todo, te quiero.

Andas ebrio, azaroso, pordiosero, por campos
y ciudades. Devorar a tus hijos y llenarte de culpa
te vuelve vagabundo. Ya ni yo misma me acuerdo
de tus besos; ya no sé si guardas la ternura primigenia
con que nació la alborada y el fuego y la esperanza
en las grutas escondidas que nos dio el padre Urano.
Voy a parir el consuelo otra vez.

Quizás no comprendas lo que hago.
Te voy a rescatar humanamente para que vivan
tus generaciones y se haga el hombre extendido.
Tu pequeño está por nacer (lo llamaré Zeus,
el nuevo orden) y tú vendrás a exigirlo
y a robarlo; pero esta vez, no podrás.

Voy a salvar a ambos, parricida.
Voy a cortar tu paso en las edades kármicas.
Te daré una piedra de consuelo.
Voy a fundar un héroe verdadero.
Lo harás copero en el trono de tus desvaríos.

Vas a quererlo sin saberlo.
Con él, vas a entregarlo todo.
Vomitarás sobre el pecho mis generaciones
y tal vez llores conmigo, por primera vez.

Voy a fundar el ser del hombre.
Ya no serán titanes del capricho
ni títeres del Destino
las criaturas nacidas en el mundo.

17-06-2000 / El hombre extendido

Tuesday, March 18, 2008

El árbol que me habló

… porque se cansó de caminar


el vagabundo vio el fantasma del desgaste,
su energía, justo al lado del árbol
en que buscó una sombra.

El sol estaba intensamente desprendido.
La brisa se metió en una talega de ironía.
La soledad se fue acercando como muro.
El vagabundo besó la incertidumbre.

Pensó hasta en el capricho de la muerte.

El maldijo un par de ángeles que huyeron de sus poros.
Fueron gotas de sudor y desaliento.
El caminante alegó que está vacío.

Siempe ha sido así. Todo lo busca afuera.
Va por caminos que lleven a su hallazgo,
mas se siente bagazo seco del Destino.

Al fin, el rudo tronco de un árbol
(que lo observa) se hizo blando. Compadece.

Y desde la rama ha comenzado a mirarlo
con ternura. El no creerá mi voz, ya sabe.

Entonces, tiró un oscuro fruto de sí.
Soltó una baya y con la baya el higo dulce:
la corazonada, la voz inconsulta,
la voz del vagabundo que despertó
casi oyendo, autoexaminado…

Reposa unos minutos, caminante.
Yo sé que estás cansado; pero, cuando veas
otros que cruzan el camino, deja el orgullo.
Pregunta, consulta; alguien ya fue a dónde vas,

o quieres ir, él sabe cómo, él te confirma
y, un último consejo, vagabundo:
Come las voces de la baya misteriosa.
La pongo en el fondo más puro de tu alma.

5-12-1984 / El hombre extendido


El árbol

Adiós, patria

Una comunidad fue lo que quise:
familia, hermanos, vecinos, amistades,
pequeño lugar al que he de llamar la patria,
hábitat al que clamar dulcemente
mi paisaje, nicho mío, ecología de mis ojos,
cercanía íntima con ecos.

El día llegó. En cierto modo, inesperado.
De la comunidad salí, con adioses fragmentarios.
Me secuestró el exilio, me chantajeó
la causalidad del poderoso, imperios interventores,
extraños, suplantadores, industriales, traficantes.
Bancos transnacionales, engendros globalizadores.
Miseria reinventada, desempleo, traiciones.

Se burló lo universal con su sarcasmo
y la historia, con su construcción de privilegios.
Me dijeron: La patria es la nación, borincano.

No fue poco lo que yo quise
y todavía lo busco dentro de mí mismo;
pero ya no es lo mismo, la patria no es
la comunidad íntima, nostálgica,
que se quedó conmigo. Hoy es la nación
(sí, la nación, la nueva idea con sus ultrajes)
cosida de retazos, una neutra y laica
confabulación que me distancia y me divide
en otros reinos, con banderas y engañifas estrelladas.

2-18-2000 / El hombre extendido