Carlos López Dzur

Name: Carlos López Dzur
Location: Orange County, California, United States

Un hombre ecléctico, librepensador, pacifista, que cree sobre todo en la justicia social y los compromisos en todo orden de la vida.

Tuesday, January 12, 2010

Contenido y colaboradores: Sequoyah 51


La revista Sequoyah Virtual anuncia su contenido y autores incluídos en su edición 51

Contenido 51

Crítica del agravio moral, cosificación y reconocimiento
En torno a Axel Honneth
/ ensayo

El optimismo de Vallejo en un poema

César Vallejo

Hoy me gusta la vida mucho menos / poema

Mario Capasso
Flores son amores / cuento

Iris Miranda
Tánatos
Ante el oráculo del espejo
Invitación

Frags. de «Los escritores inútiles»

Carlos Daminsky
El hombre sin párpados
Desdicha gramatical

«Para escribir hay que estar chiflado»:
Entrevista con el poeta Carlos Daminsky


Éktor Henrique Martínez Hernández
Crisis de la cultura y cultura de la crisis
Poesía como un montón de mierda

Alejandro Vórtice
Fantasía / prosa

Alicia Fontecilla Aravena
Muerte / poema
Mística / poema
paroles d'une femme terrible
dédié à ma chère loup, Javier Monroy

Alicia Fontecilla Aravena:
Una entrevista con Sequoyah Virtual


Liliana Varela
Hay Días / poema
La llegada
Gente que trabaja
El final adecuado / cuento

«En poesía son necesarias: musa y trabajo».
Entrevista con la poeta Liliana Varela


Carlos López Dzur
Cosa de púgiles / cuento
Aproximación al «Libro negro» de Carlos Daminsky

Fanny Jaretón
Porfía
Navi/amarte
¿Quién eres?

Arturo Cardona Mattei
Haití / poema

La revista está abierta a colaboraciones en los renglones de poesía, cuento, ensayo. Colaboraciones se envían a baudelaire1998@yahoo.com



Saturday, January 02, 2010

La ropa limpia




En apariencia, Mano [nominativamente, Manolo] nos pareció un chico bueno. Casi siempre se le observa solo, acomplejadón porque era un bodoquito gordo, aunque tenía más estatura que nosotros. Andábamos cazando algunas chicas, por eso de ir al cine en grupo. Con una parejita del sexo femenino y Mano vivía, al lado, vecinos de una niñas que nos gustan.

Entonces, sin conocerlo, lo abordamos. Nos dio confianza que el gordillo viste impecablemente limpio. Calza unos tennis shoes blanquísimos, tanto que parecen nuevos. Y las medias igualmente blancas, como la camiseta de cholo. Los pantalones son negros. Brillan por una negrura sin desgaste. Siempre es así, medias relimpias, la blanca camiseta. Todo lo que utiliza es pulcro. Tiene su reloj de oro que marca horas de sus soledades, porque siempre anda solo, y casi no sonríe.

Tuvimos algún recelo. El no trabaja. Ha de tener una madre que lo quiere y lo mima. Que se desvele para tenerlo muy alimentado, higiénicamente vestido. O bien, que lo complazca en sus gustos cuando le obsequie y le compre. El oye música por un apartico, con audífonos, minicomputadora digital, juegos que lo joroban, al caminar, porque derrama su mirada sobre la pantallita y se asoman imágenes que medio lo sonríen.

«¿Quieres ir con nosotros? ¡Vamos a bebernos unas aguas frutales y comernos unos taquitos!»

Se metió las manos en los bolsillos. Sacó apenas dos pesos con la centavería y un pase de autobús.

«¡No, no puedo! Tengo dos pesos y mi pase de autobús, que está vencido... ¡Vean!»

Mi otro amigo de parrandas tiene vista de lince y vio que el pase no caduca hasta el año que viene, en diciembre del año. Pero guardó silencio.

«Yo conozco a tu tío. Por él es que sé que hace dos meses se murió tu padre.

«Sí. Se murió el viejo», le dijo con sequedad.

Total que nos fuimos los tres. Comimos, bebimos y gastamos más de lo que pretendíamos. Mano resultó buen colmillo. Pidió a costa del amigo y mía y, a la hora de pagar, ni siquiera quiso dar la propina, como solitamos. Un peso, carajo. Un peso que no dolería a nadie. Era de esperarse. Nos había advertido. «Estos dos dolaritos los quiero para el autobús. Esta noche debo ir a algún otro lado».

La desazón fue mucha para esa mañanita. Olvidamos preguntar por la razón por la cual invitamos a Mano. Mas mi amigo, «El Lince», como lo llamamos por su mirada astuta, no se quedó satisfecho. Visitó al tío de Mano. Mintió diciéndole que, aún siendo de él íntimo amigo, no le quiere decir por qué él anda, preferentemente solo, o es un adolescente entristecido.

«¡Ese sobrino mío, amigo tuyo! vaya... Es un hijodelagranputa. Dejó morir a su padre. Sólo vive viendo vídeos de pornografía con sus juguetitos... De alguna manera, él fue quien mató a mi hermano. Pudo donar la sangre que él necesitara, no lo hizo. Pudo cumplir con las llamadas necesarias que yo le encomendé, era sólo agarrar el teléfono, ayudarme en las gestiones de salvarlo... pero se pegó a una computadora a ver encueratrices y pingas chorreando en culos... Mi hermano enfermó grave... pero no... toda su puta vida se concentró en su ego, hasta el punto de decirme: 'Deja ya que se muera. El no tiene remedio. Ahora voy a ser el rey de la casa. Y lo suyo es sólo mío. Tú no te metas'.»

Lo que dijo al pobre Lince lo llenó de escalofríos. « Por eso yo ni lo quiero a medio metro de mi casa... y tú no vuelvas más, si eres amigo de él, de tí no puede salir nada bueno».

También yo ví a Mano otra vez. Sin la ayuda de él, llegué casi a su puerta. Me encontré con la nena que te gusta y le dije que me gusta su hermana. La acompañé a donde iba, al bajar hacia la calle por unas escaleras y nos topamos con Mano, que subía a su apartamento.

«Ahí viene. ¡Cuidado!», me dijo la niña que te gusta cuando ya comenzaba a decirle sobre tí.

«¿Quién?», pregunté.

«¡Ese vago! ¡Hipócrita, que esclaviza a su madre! y la tiene lavando todo el día, ese pendejo que se siente el rey del mundo y su madre lo consiente...»

«¿Cómo sabes? Sí, míralo. Siempre va limpio y parece que no anda en malos pasos...»

«Pero un día andará. Dejó la escuela y su madre, toda un mar de llanto, le cuenta a la mía, que está acabándose los ahorritos, que le dejó su padre a ella, para cuando estuviese viuda, porque a él le dio cáncer».

Y ví, con una mirada que le dí, ya desde la distancia, que se encerró en la casa. De su balcón salió una mujer con un cajón de detergentes y mucha ropa que lavar, rumbo a la lavandería.


03-12-1982/ Microrrelatos

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Indice: Las zonas del carácter / Monografía: Filosofía de la Acción

Tuesday, December 22, 2009

El Milagro de Navidad


Paulatinamente, Evaristo se dio cuenta que estaba «investido de poder». El dios, a Quien sólo recordaba para echarle maldiciones, le encomendó un rayo mágico, poder mental o concentrativo, con el que desde su cabeza, al sólo vibrar una mala intención, lo que fuese venganza se materializaba. No había necesidad de matar, o maldecir más. Si funciona así es porque Evaristo es meramente ignorante, fatalista. Un hombre ordinario de los que, en el mundo, todo le cuesta trabajo. El dice que, aunque lo persiga la desgracia, cumplirá los dos mandamiento esenciales, lo que él puede. No matar, no robar. «Los demás que se los metan por el culo».

El no puede honrar a quien no vive ni ve. Ahora, si lo piensa, perdió a los padres y cercana parentela en un terremoto y era tan niño. De tanto meditar en que el mundo no tiene salvación ni remedio y que la Naturaleza mata poco a poco, además de aprovechar los errores humanos, tiene su memoria la fuerza del terremoto que hizo desaparecer su ciudad natal.

Ha puesto a prueba su poder. El mueve objetos con su mente. Los pulveriza. El fue y destruyó el puente, bajo el cual durmió meses, sin que nadie le trajese una torta en semanas. Tuvo sus pies hinchados, sangrantes de caminar, se arrastró sin esperanza y con mucha hambre y, recordándolo, cuando reconoció su poder, vara mágica de Moisés en su alma, dijo: «Destruyéte» y el puente se vino abajo por causas no explicadas. A nadie Evaristo dijo: «Materializo destrucciones al maldecir; pero, yo no soy malo ni bueno».

Esto es definitivo. Lo han investido del poder destructor que la Naturaleza tiene en sí. El no es especialmente merecedor de privilegios divinos. Ahora cree que tiene éste y lo llama la Fe, o a veces la anti-Fe, y cuando dice Anti-Fe y anti-Cristo, como ha visto en películas, si alguna iglesia está cerca, con una cruz visible, la Cruz se cae y es el rayo mágico de Evaristo. Se cae aunque él no vea al momento la imagen cuando se hace trizas.

Si se ha acercado a las iglesias, ha sido por hambre. No para tirar altares o cruces delante de sus portales. Su oración alguna vez fue un «dáme» (una frazada, una latita de alimentos, albergue supervisado por causa del terremoto, o algún otro evento trágico, su emergencia). Y él da 'las gracias', si algo consigue, y se va. O se iba. Tal vez haya sido virtud suya que no sea aprovechado ni hipócrita.

Hoy se levantó, quisquilloso y susceptible a sus lastres emocionales, por el mal dormir y se topó con alquien que siempre llevara una Biblia que huele a sobaquina y sudores del brazo. Una vieja religionera, de esas que se dan golpes de pecho. Son varias las veces que ella lo maltrató con palabras en la calle. Ahora, tan ufana y quitada de la pena, le cruzó por delante y susurró. «¡Dios le bendiga, señor!» Ni a él, por su experiencia, habría gustado que otro doliente recibiera ese Dios le bendiga que ella da, porque, al parecer, tendría que estar encumbrado con el don del éxito y la respetabilidad para que verbalizara tales bendiciones.

Suerte. Hoy está apto. Aleluya. Se bañó, se rasuró meticulosamente. Ahora no será humillado ni privada ni públicamente. Evaristo tiene ya un empleo. No está en fachas. No será ejecutivo o burócrata; pero ni siquiera tiene la pinta de pordiosero que tuvo antes de este diciembre. Aires de Navidad. Jamás lo había pretendido con esta consciencia de poder o envestimento mágico.

La recuerda en los predios del mismo templo. El se acercó a ella, tan digna y bien vestida, como él hoy, y escuchó cómo disparó su desprecio por la vagabundería y el desaseo personales. Ni pensarlo que ella lo dejara entrar y llenar de pulgas, o sabe Dios qué microbios, el interior de la Iglesia.

«Entonces, con finas palabras, me dice que yo me hinque en las ventas del carajo, ¿es éso? ¿Cómo putas quiere que me bañe si vivo en los mugres rincones, bajo un puente, si no se me quiere a la luz, siendo yo una cucaracha?... Si ahora ando descalzo, señora, no es porque soy vagabundo. Soy un ciudadano en muerte, desempleado... y me equivoqué. Este templo no es para desafortunados». Prometió que no volvería a entrar a ninguno ni por un mendrugo ni cuando repartiesen cobijas, por «amor a los damnificados».

Madrugó con este recuerdo. Ahora que la vio, ella se atrevió a decir que va hacia el lugar donde se reciben bendiciones, donde se reúnen a dar gracias los benditos y a planificar «Buenas Obras» para el prójimo. Claro, la «iglesia»; él sabe donde ella va y no necesita de tantas metáforas sospechosas para que entienda a una hiena, vestida con piel de mojigata.

«Pues, si quiere, le acompaño».

«Sí, venga. Es el lugar más libre de la Tierra».

Todavía tan hipócrita y él la juzga en silencio. Evaristo se aguantó el malestar de verla, sin revelar su identidad y su odio. Dedicó su remanente de energía a concentrarse en la cruz del Gran Altar. Bien que lo rememoraba y quisiera verlo en pedazos. El conoció el lugar y ni siquiera lo maldijo aquella vez, hoy puede, siendo que se le dijo, «no traiga sus pulgas ni microbios» y en amargura lo guardó como recuerdo. Entonces, estuvo tan cansado, tan débil, sin ánimos afirmativos en su alma, que ni discutió; pero, esta vez será diferente.

Acompañado con la mujer de su antipatía, Evaristo entra. Va sintiendo el crescendo de unas ondas vibrantes que crepitan. A ras del piso, a sus pies bajo la superficie, él siente como aguas turbulentas que se embravecen desde algún fondo invisible, Aún más según va yendo hacia el altar. Debajo y a la largo de sus senderos, Evaristo las siente como a sus propios pasos, pero el proceso es subterráneo, oculto bajo del piso enlozado de la Iglesia.

Sucederá. Es el rayo mágico. Va a caer esa cruz desde la pared. Caerá y destrozará el altar. Lo supo. Lo declara la energía intensa y reconcentrada: un temblorazo viene. Catstrofe en marcha, con agua y fuego. Explosiones, estallidos de las cañerías, paredes que se desquebrajan, pisos que revientan y se hunden. El no los ve. Sólo los siente, como Anticipo meditorio de la fuerza del rayo que domina.

«Yo llamo a aquel Altar, con su inmensa Cruz de Oro en la pared, el lugar de las bendiciones, y mirando hacia esa cruz, antes de sesionar, oramos para que discernamos cuáles han de ser las buenas obra que debemos planificar», dijo ella a Evaristo, quien se detuvo al ver que un niño corrió por su costado. Fue a colocarse ante el altar, juntó sus manos y oraba.

Era un niño hermoso, como ese que pintan en las estampitas en medio de un pesebre. Y se miró en su prisa con miedo.

«Venga, no se detenga. Unámonos a la oración. Ese pequeño nos da ejemplo de devoción intensa, desde temprano en las mañanas y en su vida. Es el hijo del Pastor. A veces ora por horas».

Evaristo lo mira, enternecido; pero el rayo ya fue activado por la antipatía que él sintió al toparse con la mujer.

«Hágame usted un favor, si quiere usted tanto su altar. Traiga a ese niño aquí y corramos».

«¿Qué dice usted? ¿Corramos? ¿Que salgamos?»

«No hay tiempo que perder. No manche ni la cruz ni el altar con sangre».

«Le juro, no entiendo».

«¡Vaya, vaya! Llámelo, Tráigalo a mí, Aquí la espero».

«¿Cón que derecho interrumpiré la oración de ese niño? Eso me metería en problemas con su padre...»

«¡Hágalo, carajo! y salgamos».

Al levantar el tono de su voz, el temor de la mujer la hizo reaccionar. Fue hacia el al altar, susurró al niño y salió con él por una puerta lateral, más cercana a la salida. Fue mejor así. Que Evaristo no supiera que la mujer lo pensó un secuestrador, o robachicos. Afortundamente, ella no lo que dijo a la prensa cuando opinó sobre lo sucedido.

El templo quedó reducido a escombros. Los periódicos vespertinos describieron casi similarmente que el evento
:

«Una avería eléctrica, en el fondo de la sección central del edificio, despedazó la superficie, sumándose el efecto destructivo originado por un incendio y sucesivas explosiones, un violento brote de aguas que fue inundando y desgajando cañerías de cablaje eléctrico, abriendo el piso y paredes. El altar de la iglesia parecía retorcido, tras la explosión que tiró violentamente la pesada cruz de oro macizo. La Virgen se hizo añicos. Afortunadamente, en horas tempranas de la mañana, la Iglesia había recibo a muy pocos visitantes. Cinco minutos antes de la molicie, una ayudante administrativa del Pastor XY y el hijito de éste, de sólo siete años de edad, abandonaron la iglesia, rumbo a la casa del pastor, a dos cuadras».

Días después de que Evaristo activara el rayo mágico, en una edición del diario local se especuló que la única víctima de la Extraña Explosión en la Iglesia, fue él, aunque no se le identifica por su nombre, sino por su oficio: Guardia de Seguridad, 50 años, estado civil desconocido, residente de la ciudad, sin expedientes criminales.

La vocera parroquial, o Señora X, afirmó que habló con éste sujeto Y, y lamentó la tragedia de su muerte y las cuantiosas pérdidas materiales de la Iglesia. No obstante, explica que fue «como una experiencia angélica lo que hemos vivido» debido a «la irrupción de este mensajero divino». Evaristo no sabe que se le ha llamado «Hermano heroico, porque salvó las vidas de ella y el niño».

2009 /

SALUDOS DE NAVIDAD

Tuesday, December 15, 2009

Saludos Navideños




Las publicaciones:

SEQUOYAH VIRTUAL

LA NARANJA / DE OC

CARLOS LOPEZ DZUR

BLOG PERSONAL


les desean FELIZ NAVIDAD Y PROSPERO AñO NUEVO a sus colaboradores, lectores y familias

y a todos sus amigos: CARLOS LOPEZ DZUR y familia.

Saturday, November 21, 2009

Sequoyah 47: Contenido y autores

La revista virtual Sequoyah presenta su número 47. Aquí su contenido y colaboradores.


Contenido 47

María Meleck Vivanco y Perla Rotzait
en antologías del FNA de Argentina


María Meleck Vivanco
De «Bruja melancólica»
Los amantes se giran
Enredaderas del ocaso

Perla Rotzait
De «Ella ríe sin embargo»
Llevo puesto un impermeable largo
Poema XXX

La trágica historia de la familia Lugones

Carlos Adalberto Fernández

Ya decúbito dorsa
Memoria de la casa de mi puta durmiente
[Basado en un cuento basado en un cuento]

José M. Vallejo
Homero Aridjis: ¿Un escritor marginalizado?

Homero Aridjis: Textos
Al hablarte me escuchas...
Mitla
A Betty de Homero Aridjis

Alicia Fontecilla
Monólogo a Bucoscky
Santiago de noche (microrrelato en 100 palabras)
Bestias

Ian Welden
La Chancha

Javier Monroy
Razones para inventar ®
¿Para qué escribo?

Carlos López Dzur
Plegaria para salvar a un inocente
La voz
Tierra mía
El poeta y la revolución

Jorge Luis Estrella
Mezcla de pájaro y luna
Olvidó perderse

Alejandro Drewes
Algo sobre la nieve
Album nocturno
Nota para un albacea

Alfredo Villanueva Collado
El tiempo
Los peligros de la imagen macho

Barbara Robles
Testimonio: «Puerto Rico en el siglo XXI»

Ricardo Ayllón
Podrá no haber lectores pero siempre habrá poesía

Revistas amigas

La revista está abierta a colaboraciones con poesía, cuento y ensayo.

Colaboraciones enviarlas a:

Carlos López Dzur / Sequoyah
baudelaire1998@yahoo.com

Sunday, November 01, 2009

Sequoyah 45: Contenido y autores


La revista Sequoyah Virtual preparó su número 45 correspondiente al primero de Noviembre 2009. A continuación los colaboradores y sus aportaciones al número.


Contenido 45

Víctor Montero López
La visión de lo humano y el consumo de prensa sensacionalista

Mirna Estrella Pérez (PR)
Espurios (poema)

Dr. Alberto Buela (Argentina)
Algo sobre lo público: Un disenso con Habermas y Arendt

Alberto Martínez Márquez (PR)
Pensamientos olvidables
Analfabestias / 1.

Julio Carmona / Perúsn título (poema)

Lúthien Tinúviel
Teorema sin demostrar (poema)

Aurora Sansores (México)
Foro Internacional de Poesía La mujer rota:
La misoginia, odio disfrazado de amor (ensayo)

Carlos Adalberto Fernández(Argentina)
Tócala de nuevo, Sam
Ramona termina mañana
Historias del bajo: Lena (cuentos)

Liliana Valera (Argentina)
Crónicas de la violencia, V

Carlos López Dzur (PR)
El no es uno de nosotros
El Relato posmoderno de las Grandes Ilusiones
Aforismos sobre la Amiga Secreta

Fanny G. Jaretón (Argentina)
Tan necesaria
Shem-Yya
Golem

Néstor Barreto (PR)
las confesiones de petirrojo capucha

Carlos Barbarito (Argentina)
«Las piezas de tu teatro»

Enlaces / Revistas amigas


Sequoyah Virtual / revista de arte y literatura

Sequoyah 45

Abierta a colaboraciones: poemas, cuentos y ensayo.

Un abrazo,

Carlos López Dzur / poeta boricua y fundador de Sequoyah

Correspondencia a:

Correo / baudelaire1998@yahoo.com

___

Teth, mi serpiente / Funcionarios pepinianos /

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Tuesday, October 20, 2009

Sequoyah 44: Contenido y autores


La Revista Virtual «SEQUOYAH» presenta su Edición Especial con motivo al 31 de Octubre: Día del Poeta Virtual

SEQUOYAH

El presente es sumario de temas y colaboradores:

CONTENIDO 44


Carlos López Dzur
31 de Octubre: Día del Poeta Virtual

Chema de Francisco Guinea
La poesía experimental en España: Una conversación con Fernando Millán

Margarita Morera
La poesía hispanoamericana en los últimos decenios

Fernando Millán
Sobre la poesía visual y experimental

Teresa Domingo Català
Poética

Enrique Linh
La musiquilla de las pobres esferas
Si se ha de escribir correctamente poesía

Javier Monroy
Illuminati gestus (r)
Rito surreal

Manuel Mosquera Mugarra
Nuestra poética

Fanny G. Jaretón
El secreto de sus ojos
Con mayúsculas
Juguemos en el bosque
¿Quién eres?

Carlos López Dzur
La palabra mágica y poética
Salvemos el poema
Para proteger el soluto del poema
Mi tesoro, el lenguaje

Amparo Coronas Bosch
Poesía

Rafael Mérida Cruz-Lascano
La poesía y el poeta

Claudia Isabel
Homenaje al poeta

Kolongi
De Deep blues

Extor Henrique Martínez
Solvencia poética y realidad virtual

Revistas amigas

http://sequoyahmagazine.blogspot.com/2009/10/edicion-especial-octubre-31-no-44.html

La revista está permanentemente abierta a colaboraciones en las áreas de poesía, cuento y ensayo. Para colaboraciones, comunicarse al @:


baudelaire1998@yahoo.com