Carlos López Dzur

Name: Carlos López Dzur
Location: Orange County, California, United States

Un hombre ecléctico, librepensador, pacifista, que cree sobre todo en la justicia social y los compromisos en todo orden de la vida.

Sunday, November 01, 2009

Sequoyah 45: Contenido y autores


La revista Sequoyah Virtual preparó su número 45 correspondiente al primero de Noviembre 2009. A continuación los colaboradores y sus aportaciones al número.


Contenido 45

Víctor Montero López
La visión de lo humano y el consumo de prensa sensacionalista

Mirna Estrella Pérez (PR)
Espurios (poema)

Dr. Alberto Buela (Argentina)
Algo sobre lo público: Un disenso con Habermas y Arendt

Alberto Martínez Márquez (PR)
Pensamientos olvidables
Analfabestias / 1.

Julio Carmona / Perúsn título (poema)

Lúthien Tinúviel
Teorema sin demostrar (poema)

Aurora Sansores (México)
Foro Internacional de Poesía La mujer rota:
La misoginia, odio disfrazado de amor (ensayo)

Carlos Adalberto Fernández(Argentina)
Tócala de nuevo, Sam
Ramona termina mañana
Historias del bajo: Lena (cuentos)

Liliana Valera (Argentina)
Crónicas de la violencia, V

Carlos López Dzur (PR)
El no es uno de nosotros
El Relato posmoderno de las Grandes Ilusiones
Aforismos sobre la Amiga Secreta

Fanny G. Jaretón (Argentina)
Tan necesaria
Shem-Yya
Golem

Néstor Barreto (PR)
las confesiones de petirrojo capucha

Carlos Barbarito (Argentina)
«Las piezas de tu teatro»

Enlaces / Revistas amigas


Sequoyah Virtual / revista de arte y literatura

Sequoyah 45

Abierta a colaboraciones: poemas, cuentos y ensayo.

Un abrazo,

Carlos López Dzur / poeta boricua y fundador de Sequoyah

Correspondencia a:

Correo / baudelaire1998@yahoo.com

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Teth, mi serpiente / Funcionarios pepinianos /

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Tuesday, October 20, 2009

Sequoyah 44: Contenido y autores


La Revista Virtual «SEQUOYAH» presenta su Edición Especial con motivo al 31 de Octubre: Día del Poeta Virtual

SEQUOYAH

El presente es sumario de temas y colaboradores:

CONTENIDO 44


Carlos López Dzur
31 de Octubre: Día del Poeta Virtual

Chema de Francisco Guinea
La poesía experimental en España: Una conversación con Fernando Millán

Margarita Morera
La poesía hispanoamericana en los últimos decenios

Fernando Millán
Sobre la poesía visual y experimental

Teresa Domingo Català
Poética

Enrique Linh
La musiquilla de las pobres esferas
Si se ha de escribir correctamente poesía

Javier Monroy
Illuminati gestus (r)
Rito surreal

Manuel Mosquera Mugarra
Nuestra poética

Fanny G. Jaretón
El secreto de sus ojos
Con mayúsculas
Juguemos en el bosque
¿Quién eres?

Carlos López Dzur
La palabra mágica y poética
Salvemos el poema
Para proteger el soluto del poema
Mi tesoro, el lenguaje

Amparo Coronas Bosch
Poesía

Rafael Mérida Cruz-Lascano
La poesía y el poeta

Claudia Isabel
Homenaje al poeta

Kolongi
De Deep blues

Extor Henrique Martínez
Solvencia poética y realidad virtual

Revistas amigas

http://sequoyahmagazine.blogspot.com/2009/10/edicion-especial-octubre-31-no-44.html

La revista está permanentemente abierta a colaboraciones en las áreas de poesía, cuento y ensayo. Para colaboraciones, comunicarse al @:


baudelaire1998@yahoo.com


Saturday, September 26, 2009

Microrrelatos: Carlos López Dzur

Thursday, September 17, 2009

Impaciencia



Yo no soy normal, no quiero serlo.
Me emputa que los normales me llamen
a su lado o me sigan
instando a ésto y lo otro... los normales,
gente que sólo a sí misma se oye; prudentes
que han sido y son los imprudentes
de ayer y siempre, cómplices de su Tradición
perfecta, incuestionable y sin defectos.

Así, pluscuanperfectos, hablan
sobre amor y humildad,
ecos de Modelos Celestiales y Divinos
y uno, en carbón de prueba,
en el cuatro de las atrocidades.

A uno se lo está llevando la porreta,
uno no ve la vida,
por la maldita hipocresía del mundo, el escarnio.
Entonces, ellos piden que llores. Suelta el trapo
y que te culpes y revientes
como si fueras el rey de los culpables.

Se aprovechan de la evidencia
de la llaga y las traiciones clavadas
y la angustia floreciendo como rosal
de espinos y que no hay rosas todavía.
Ellos son la visita de ese garfio,
tu acusador, el hermano normal
que te escupe. Ellos piensan que te tienen
en sus manos.

Me apestan quienes son pues lengua rasposa
y pardo gramático pico y hablan de amor perfecto
y de bello amor, mientras se roban todo.
(Quienes han de morirse no necesitan nada
y el asesino es que verifica a tu lado, investiga
si se puede contigo lesionar la normalidad de otros,
matar del mal lo que queda vivo,
modelo de las imperfecciones).

Es por lo que piden la aceptación humilde y realista
del desastre vivido. Tú eres el otro modelo,
que no sirve, no en balde te emputas y marginas.
Ellos, en cambio, vienen a perdonarte
como si fueses tú el padre de violencia
y esa opresión que ha buscado tu exterminio.

Por eso es que no quiero abrirles
la puerta; no soy como ellos. No quiero serlo.
No soy normal, odio su modelo de socializaciones
y triunfos y ese decirse redentores
y dueños de la buena voluntad
y ese civismo y metas predefinidas que no son
otra cosa que amores a distancia,
dolores fatuos, piadosas simpatías
que son espejos de lejanas
lejanías, ecos del eco.

De Las zonas del carácter
.
/ Ver

Las zonas del carácter


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Monday, September 14, 2009

Visitas inesperadas / 2


Recuerda que, por unas u otras razones, junto a otras niñas, fue transportada aparte, aunque su destino fuese el mismo. Irían a uno de los caserones, habilitads para dormitorios y comedores de la Escuela México-España de Morelia. Como era el caserón más pequeño, se dispuso para las niñas, la cocina, la escuela del taller de costura, una salita que llamaron la futura Biblioteca.

El camión entró por la parte oriente, donde está la Plaza de San Juan de Dios, al parecer, la que hoy se identifica como la Plaza Melchor Ocampo. No recuerda si la estatua que hoy honra al estadista se había eregido. Sí rememoró que un hospital tenía ese nombre: Melchor Ocampo. Y recuerda que bajó con las otras niñas y, según caminaban, el hospital iba quedando a sus espaldas.

La plaza tenía árboles sembrados en sus bordes. A la catalanita, le trajo vagas memorias de Barcelona. Sin embargo, cuando alcanzó con su mirada unos edificios, no tan distantes al fondo y hacia el Norte, a pesar de que le dijeron que yerguen los letreros: «Les daban la bienvenida», la pancarta semicaída y desdoblada por una violenta brisa, parecía como si, por enojo, la estropearan. O hubiesen decido que se cayera y se pierda. No se le quitó de la cabeza que en España se comparaba al grupo de niños que arribó, con el buque Mexique, con niños en campos de concentración en Francia.

Ana Catana leyó otra pancarta en el edificio, aún más grande y amarrada a una pared, sobre la altura de dos puertas, de un extremo a otro: «Todas las elecciones son una farsa: almanzista, únete al sinarquismo». Preguntó en voz alta qué significa el 'sinarquismo' y qué es un 'almanzista'. Sólo le dijeron que la campaña presidencial comenzó y será reñida.

A las siete de la noche, a poco de haberse servido lo que fue su primera cena en el centro, leyeron la cartilla a las niñas. —Darse su lugar, evitar irse a jugar con los varones, porque la edad no es garantía de protección ante «criaturitas perversas y lujuriosas», como son ciertos niños—.

Le mostraron una habitación. Había como diez camas; sólo dos habían sido ocupadas; las niñas fueron solicitadas por familias católicas y caritativas, que las adoptarían, en su momento. —Ahora ya son seis con ustedes—. Todas para compartir una sección, donde había una ducha, tres lavamanos, tres bidets, con su toilet al lado. Se habló sobre cómo no desperdiciar el papel de toilet, tras la limpieza post-defecatoria, porque «está tardando y dificultándose la compra del papel de China». Cuando eso sucede, aún las niñas educadas en las buenas costumbres y progresos, utilizan o un trapo, o papel de periódicos viejo.

El vestido que Ana Catana había elegido para estos primeros días en México lo cuidó celossamente dentro de un morral, muy distinto al que le dieron luego. Mas ella defendió estos vestidos, no más de tres, uno de los cuales eran su ropón de dormir y una enagua.

Ahora, para este paseo, vestía el mejor vestido, con fina tela y prendas interiores que delataban su clase social, hija de la burguesía más distinguida. En ningún momento, ella hizo aspavientos de serlo. Ser niña rica, o presumirlo, fue como inconveniente, o se supuso serlo. En España hay guerra y hambre.

A su padre lo asociaban con el Gorro Frigio. De hecho, así salió en una caricatura que un día, en Barcelona, vio en la prensa. Como pequeñita, Ana Catana no supo el por qué de lo que leyó. Leyó, sin entender, y le explicaron, que con la caricatura y unas parrafadas bajo el epígrafe se le recordaba a su padre que ser rico / goliardo / rentista y señorón / no va tan acorde con la vida política que él había iniciado, desde el gobierno: Marchiel Possé discursa sobre la libertad para las masas, la conveniencia de la democracia jacobina.

—Pero eso es una iniquidad y contrasentido, viniendo de usted, Señor Marchiel—, se le decía a su padre. —Usted se ha olvidado de cuál es el Modelo Original y lo que debería imitar deliberadamente, para no ofender el tradicionalismo. Los cambios del mundo... mire, doctor, deje que se dén, no los apoye. La Mano Invisible que gira el mundo es Dios. No copie los giros y malgiros de los humanos, copiando de malos modelos, por las generaciones sucesivas no perdonan... Corta memoria tiene la reacción de los revolucionarios jacobinos y muy larga y segura es la memoria de los tradicionalistas—.

A su padre le estuvieron diciendo traidor del Tradicionalismo. Fue el primero de los Marchiel-Possé que cayó en la herejía tan abiertamente. Uno, el fue el primero, se puso una máscara de hierro sobre su rostro para no avergonzar a la familia. Estuvo cautivo Luis XIV, el omnipotente Rey Sol, por veintidós años

No se esperaba de los Marchiel-Possé. No del esposo de Soledad, madre de Ana Catana, quien ha tenido que abandonar la España azul. Este se hizo republicano, guerrillero y repitió las herejías que hicieron que el Du Junca, en su diario, registrara en 1698, que un De Marchiel fue transferido de Pignerol a la isla Santa Margarita, en la bahía de Cannes, y ese hombre «es más importante que el resto de los reos en la isla».

Y la familia de ese hombre, que terminó en La Bastilla, fue tradicionalista y, desde entonces, ha comprado muchos predios en la Bahía de Cannes, asegurando que no sucederá más que un miembro de la familia copie mal el modelo que se le ha enseñado.

—El niega la personalidad de su clase, el Ego de su familia, el Ego de todos los individuos ricos. Es un rico que se niega a sí mismo. Niega su libertad personal y dice que el colectivismo de la nación, el Estado demócrata y social, es más importante que él. Eso es ponerse el gorro. O dejarse poner un sabenito... Que se engorre él, que le crea la revolución a Marx o al taylorismo, éstos últimos, con Henry Ford, constructores de la clase media—.

Quien habló a la pequeñita Ana Catana, aún en España, es venenoso. Ella es una esponja e hipersensitiva. Proteja y guarda lo que oye en su memoria para siempre.

—Esta clase media, que es la peor y más mercenaria de las clases, porque es una clase aspiracional sin inscripción política definida, le piden a la izquierda y a la derecha, a Dios y al diablo. Piden a base de maldición y gesticulación de fe. La clase media y su modelo social burgués es el colmo de la hipocresía... —, oyó que le dijo. Indiscutiblemente, que Ana Catana no sacó nada en claro.

Fue lo citado, rigurosamente. Ella puede memorizar lo dicho: «Que su padre siendo adinerado, hijo de una sociedad opulenta, que se había paseado por Francia, Alemania e Inglaterra, visualizó la consolidación de ese grupo emergente, a través de la sociedad de masas, y en vez de reprender y destrozar la aparición de ese modelo en España, lo ayudó a crecer. Lo predicó. Elogió el que se copiara el modelo imperfecto de la Izquierda y se puso el Gorro Frigio / Jacobino / para que fuese la burla de los periódicos y de los anarquistas y de la gente que, por surgir de las capas más bajas de la sociedad, no entienden estos postulados y otros, claro está, que el republicano De Marchiel Possé también puso en duda, yéndose con todo al tacho:

La familia de Marchiel-Possé no puede justificar el ateísmo, con su Divinidad: la Impaciencia y la Polarización. Mucha secularización político-social es mala consejera cuando se desean cambios. Si. Los cambios son necesarios y la necesidades, aún no satisfechas, con cierta magnitud, revelan cómo han de satisfacerse los cambios.

—Dar poco a poco, porque dar con exceso es revolución que destruye lo bueno, junto con lo malo. No es que sobrevaloremos la tradición, o creamos que las normas y costumbres todas sean buenas. La esencia de nuestro pensamiento es que complacer, en exceso, el apetito de cambio, el apetito de revolución, entraña un peligro moral que ahonda el caos. Y preferimos ser, entonces, prudentemente contrarrevolucionarios, conservadores—.

Ya en la Escuela México-España de Morelia, en el día de su formal registro, una mujer se ha parado frente a un pizarrón. Apunta las horas en que las niñas se levantarán, tendrán horas de alimento diario, asistencia a clases, ejercicios en el patio. Horas de lavandería y horas de limpieza en las instalaciones. Diagrama hábilmente ideado. Por observar a Ana Catana con más curiosidad que otras niñas, había quien, ella era una, notara que todo lo suyo fue de mayor calidad y costo que lo que otras niñas del embarque trajeron.

Tendría que decirle no presumas, eres la realmente minoritaria en esta mayoría de zalapastrosas, entristecidas y hambrientas. Al plantear cuáles serían los términos, tomó en cuenta, lo que observara en ella: su corte de pelo, su dentadura, de higiene disciplianda, su cajoncito con cepillos, dentríficos, uno que otro potecito de aroma y su jabonera; aún vestida en fachas, era pulcra. Miró sus medias y zapatos impecables, tan ;impios; el abrigo con que se protegía de aires y alturas, es elegante, caro y bonito, pero, lo dijo enfáticamente para que se lo enchuten todas las niñas: «Que no se tolerará el robo y que la desobediencia será castigada».

Dibujó una cabeza, con orejas de burro y, tras borrar la imagen de la burla, arguyó: —Aquí no hay ricos ni pobres. Aún tú, pequeña, vas a utilizar el uniforme. Aquí se te coserá la ropa y te darán zapatos. Aquí no hay mucho que dar, no estamos en una Feria de las Vanidades; pero tampoco éste es el Valle de la Humillación... No se insultará a la gente porque responda a un nivel social específico; sólo que aquí no se para bola al que viene de viborita, pa'cuaima, yo; y como este lugar no es necesariamente la iniciativa de una bola de rojetes y, ¿quién sabe si dure tanto como para que digan, caray si hicieron algo por nosotros? Lo que yo les pido es que jalemos parejos el mecate. La soga se puede partir y no hay por qué buscar culpables, o echar más responsabilidad algún pagapedos que la que tiene—.

Ha vuelto a dibujar una figura y le ha puesto un gorro frigio. La señora no tiene idea de que Ana Catana rememora a su padre. Es sólo una coincidencia que la mujer dibuje algo tan parecido a la vieja caricatura de a la prensa española que estigmatizara a su padre. Se asoman lágrimas a sus ojos porque asocia la caricatura que viera a la edad de seis años, en vísperas de perder contacto con él, con la calaverita que se dibuja sobre el pizarrón con tiza.

—A ninguno nos gustaría que éste sea nuestro destino. Unos huesitos despreciados... con un gorrito de burla en el Valle de la Humillación.

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[Este relato pertenece al libro en preparación En Memoria de Catana, biografía novelada de una de las niñas de Morelia, o españolitas enviadas a Morelia (Michoacán, México) y otras ciudades, como parte de programa de ayuda a refugiados, durante la Guerra Civil Española y el gobierno en México del presidente Lázaro Cárdenas, ex-gobernador de Michoacán y simpatizante de los Republicanos españoles].

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Visitas inesperadas / Diario El Libre Pensador (España) / En Parnassus / En Los Puños de la Paloma / Centenario de Ferrer i Guardia / Poetas de Hoy

Sunday, September 13, 2009

10. Nunca apuestes con los narcisistas

Recuerdo una época en mi niñez, en la que mi propia ignorancia, por desgracia, me impidió ayudar. Había razones para esa clásica definición de la ansiedad como «tensión anticipatoria, o vaga amenaza o disfraz del sentimiento de fracaso» ante las relaciones interpersonales. Mamá sufría. Ella sabía que, de la noche a la mañana, no se podía cambiar a quien fue mi padre. Un fantasma. Un ser que no fue más que una proyección que él hizo de otro. De una imagen en una pantalla. Mi padre se llamaba Pedro. Tenía ancestros asturianos. Nosotros, Pedrito y yo, no usamos el apellido de él, poque no nos lo dio. —Los fantasmas no tienen apellido—, como decía mamá.

Si consideramos este otro lado que duele, o invita a que se tenga lástima por él, fue un hombre teatral, inmaduro, según lo describe Mamá. Me dijo que cuando murió Rodolfo Valentino en Nueva York en 1926, papá Pedro adoptó su mito. Aquí tiene este detalle. Dice que la primera generación del 1900, esos primeros 30 años del Siglo XX, son la Generación del Narcisismo. Una en que los hombres se ponen, ya no sólo el uniforme de cachacos, de militares modernos. Visten el uniforme de la Eugenesia y dizque el Buen Nacimiento... Hay que buscar una excusa para decir, «yo no soy el hombre-simio», la bestia darwiniana. La guerra, la fealdad y la miseria, no son mi legado.

Este tipo de hombre, o de tío alega para su filosofía social, que la herencia ha sido mejorada, hay mejoras sustanciales de su genética. Herencia no es sólo un patrimonio material que se deja al morir, o se lega... Hay rasgos sanos y evidentes, inteligencia protectiva y belleza, que nos hacen superiores al promedio de la gente, y que deben considerarse una parte de la herencia. Con la complicidad de padre e hijo, Mamá me explicó por qué no exigió el apellido Valdez para Pedrito y yo. Como su hipócrita propuesta de alivio al sufrimiento humano, estos hombres narcisistas que han cuajado, son los perfectos seductores en los decenios del '20 y 30. Mamá dice que a ese gajo de sinvergüenzas perteneció Pedro Valdez, mi padre, y pertenecía la imagen de Rodolfo Valentino. Usted, cuando hable con ella, observe cómo a quienes tengan por nombre Pedro, Rodolfo y / o Adolfo, los califica de gilipollas. A su juicio, son putos, todos por parejo. Hombres que quieren ser bonitos para que su bonitura sea un arma más contra nosotras, un arma más, sofisticado machismo...


No estudio estas cosas, como Caterine, no sé mucho sobre artistas de cine, pero... dicen que Rodolfo Valentino fue afeminado. Que desafió a duelo a periodistas que le dijeron: Lo eres. En estos narcisistas, como fue mi padre, la orientación genética se vuelve fuerte, obsesiva, su visión eugenésica se profundiza amoralmente y el narcisismo personal obliga a que se vaya por componendas y cómplices. Mamá no sirvió a Pedro Rodolfo Valdez Valentino, como se presentaba, haciéndolo más náufrago de su propia mentira, no fue la cómplice propicia...

—No, tú, Baturro, dejáos de gilipolleces—.
—¿No crees que es mi nombre de pila, ah?

—Por supuesto que no, eres un baturro y, a más de que seas torpe, no ando yo buscando hombres bonitos... Agradezco si encuentro compañeros de trabajo y de buena voluntad, mas por ahora... ni siquiera eso. No ando buscando macho...

—Mentira. Eres linda, te andará por tener... macho. ¿No estoy guapito, nena?—

—¿Y eso pa' qué te sirve, si eres un baturro?—

—Para mejorar, la raza. Por ahi es que debemos comenzar a discutirlo... para haya selección natural, no artificial, de los mejores especímenes. Acaso, si estuviera en tus posibilidades un diagnóstico prenatal, ¿te negarías la oportunidad de influir en el propósito de que tus hijos sean sanos, bellos e inteligentes?... Te voy a decir ésto, entre Los Valdez, mi padre es el primero que lo dice: No te vayas a buscar una tarasca, malhecha y hedionda, para que yo le entregue mi heredad... De modo, que yo sé donde pico y con qué guitarra me acerco y doy ronda, con danza nupcial... Yo he viajado toda la República. Reviso las jorras y nunca pierdo de vista el modelo que me llena el ojo. No es la primera vez que te observo.

—Cierto. Abora me sigues a la universidad.

—Yo estudié aquí. Unos meses, sé que aquí pierdo el tiempo. Aquí vengo a revisar ganado... aunque yo lo hago, viendo ciertos modelos.

—¿Por ejemplo?

—Con pelo oscuro, Louise Brooks, güeras grandullonas que sean como Greta Garbo, Marlene Dietrich, una que otra que sea flacuchona como Claudette Colbert; una bobarra, insulsa, como Ginger Rogers... ahora te lo voy a plantear de otro modo, porque estamos ya en la época del condón y las píldoras, yo no puedo entender que una universitaria, como eres, no sepa quién es Constance Bennett y menos Louise Brooks, que fue la flapper más famosa de su tiempo, los '30... Si yo digo que, hasta mi madre lo dijo, ésas son mujeres bellas no pasan de moda... Yo me parezco a Rodolfo Valentino. Lo confirmé por ver sus películas.

—¿No has visto sus películas?

—Películas mudas, gringas, no...

—Okay. Veo de dónde vienes. Yo soy mujeriego, no lo niego. No es suerte, es pinta y voluntad... Y, ¿sabes? hasta mi padre vio a quien se te parece, se peina como tú, se maquilla como tú... Constance... mi padre se ha jalado la polleta por ella porque mi madre murió... Esta es la época de Pedro Infante, Jorge Negrete, ¿los oyes? ¿vas al cine a verlos? ¿Tampoco?... Tú sí que me necesitas. Estás muy jodida y virgen... ¿Cómo te llamas?

—Ana Catana...

—Horrible, no te hace justicia ni el hombre... Y eso que hablas francés y nacíste en Europa... mas ahora, formalmente reunidos, porque yo lo he forzado, parece que te hubieran criado, amarrada a un corral. Ajena al mundo, no sabes ni por donde se orinan los cabros... ¿Tienes vida? ¿Dónde está la mente tuya? ¿Has tenido alguna vez ganas de coger, de ser mujer, y olvidarte de los malditos libros? ¡Yo te voy a enseñar, me cago en la retaguardia que sí! ... ¿Un pinchi, puto empleo, es la meta de tu vida? Sea, va... pero apuesta conmigo a la vida... No muy lejos de aquí, a la vuelta de la Calle Corregidora y la casa en que naciera el Cura Morelos, ¿sabes quién es? ... está una abarrotería. Papá puso tal almacén, dizque que pa'que yo me componga... yo no puedo atender ese lugar. Yo siempre ando con mis negocios para aquí y para allá. Se comprende. No estoy tan chamquito...

—Me dijeron que tiene par de hijos.

—Yo soy soltero. Te han mentido.

—No importa. Por lo que le avisaron sobre mí es porque necesito trabajo...

—Comencé mi propuesta. La abarrotería atiéndelo tú, son tres empleados y tú, si hay trato... mira, yo voy a buscar el afiche que tengo con la foto de Constance Bennett... si, con honestidad, me dijeras tu parecido a ella, ya tienes empleo y, en la planta alta de la aborrotería, te puedes mudar. Yo saco a mi padre y te quedas ahí. El quiere irse al campo con sus caballos. El puso ese negocio para mí. Mas ni él ni yo nacimos para vender abarrotes... él, si no respira bajo el cielo, se muere... y cuidado, que él agarra vieja también, así con 60 años, ruco, como está, y él no bebe como yo, que me raspo. Se acuesta siempre sobrio para amacizarse con la vieja que caiga. A él lo tengo que sacar, porque se va enamorar de tí y, por tí, Constance, que sería capaz el cabrón de desheredarme... Entonces, ¿qué?-

—Empleo condicionado a qué, ¿eh?—

—Casa y verga. No está mal el negocio para una foránea. Que no tiene seguridad laboral ni familia... ahora bien, es la verga mía. No la de él, tú no me traiciones...—

—¿Por qué la inseguridad, Valentino? ¿Acaso tu padre es mejor que tú?

—¿Jugarías con fuego para probarlo? ¿Apuestas conmigo, o por qué esa insolencia?

—Insolente tú desde el primer segundo...

Recuerdo esa época en mi niñez, cuando mamá me dijo que apostó por primera vez. Que es tan fácil... copiar el modelo malo, tentarse con la primera ilusión de lo que conviene, aunque una no sepa la dimensión del error. El demonio en la forma de Valentino avanzó, día a día, ganándole su confianza. Sincerarse es más que hablar sin tapujos. Hay que tener ideales y compartirlos. Mamá creyó que lo podía ubicar en su mundo, bajarle los humos, seducirlo con su hermosura interna y externa... pero él era Pedro Rodolfo Valentino de Mierda de Valdez/

Y él la aventajaba en edad y malas mañas. Al principio, jugaba a la generosidad, a la sincera identificación. Sólo forjaba su trampa. La llevó el día que se graduó de la Universidad Michoacana a que le cortaran el pelo, tal como en la foto que él llevó de Constance. Ella prefería ahora el pelo corto, con el estilo de Louise Brooke. El insistió. «Yo quiero que le gustes a mi Padre. Que él viva la fantasía de Constance Bennett, porque mi madre se llama Constanza, ¿entiendes?» Ella le dijo: —Pero es mi pelo—. «Pero, carajo, tú vas a apostar conmigo. Es un juego de par de días».

Durante esos días, ella se portó como no habría querido. Conoció a Los Valdez. Se distrajo con su mundo vulgar. Le sacaron confusas alegrías, cosas ocultas, neutralozadas por la soledad y el humillarse del exilio. Le sirvieron horrores de vino y terminó borracha. Se acostó con El Baturro Valdez. No le dio tiempo a negociar si de veras quiso hacerlo. Sería la primera vez. Sólo supo que amaneció con él y no se sentía virgen. Y si es cierto que el hijo estaba en su cama, por las miradas y lascivias del padre, no se convenció, no tuvo certeza de si pudo haberse revolcado con él, que la tocaba confianzudamente como si fuera una mesera sacada de la cantina o de un prostíbulo. Por causa de la apuesta tuvo que decirle a los dos que ya no juega más y que piensa que no beberá una gota de licor mientras viva...—

—Borracha no se vale—, les dijo. Vencer sobre los machos, a puro golpe, será arduo y tiene ganas de golpearlos. Echos juegan rudamente como si fueran mocosos, con una marimacha. Le han roto su ropa, la abren de pierna, se le suben. Hasta el viejo quiere ir en profundo. Y Valentino se quita la máscara zorruna y la protege de su padre.

—Es juego. Déjala viejo, mira que tiene coraje y te pega...—. Buenas uñas que tenía Ana Catana.

La vida de él, ah sí, no cambiaría. Cuando ella se fue, la buscaba, a deshoras, cuando supo que no quiso ni su compañía ni su auxilio. «El viejo se fue, ya no hay juego». Una segunda vez que abandonó la abarrotería, que le dio empleo por unos años, le dijo que su padre murió. Que le perdonara que a él lo excitara besuquarla, deseándola, sabiendo que Pedro es padre de sus nietos. —Es culpa mía, te puse al alcance de él. Y te hizo daño. Te besaba por soledad, por la pérdida de la otra Constanza que era mi madre. ¿Te hizo daño?—

Todo acoso sexual daña. Yo sé, mamá. Ofende. —Sólo fue su juego...—, justificaba El Baturro. Son dos tales para cuales, machistas...

—Yo no te quiero al lado de mi hija—, dijo al chantajista cuando vino a procrear a Pedro, el segundo hijo con Ana Catana.

Dicen que la más linda de las mujeres de las que se jactara El Baturro, «la Bennett que preñé dos veces», fus mamá. Cuando se emborrachaba, en cantinas o donde estara, decía: «Sólo esa ingrata, me partió el corazón»... Para que no hablara sobre mamá, se pensó en matarlo. Voisin se puso celoso cuando nació Caterine. Y buscó gente que lo provocara y golpeara.

Dicen que que El Baturro llegó a encelarse de su propio padre, porque, tan dura es la catalana, que no le dijo: «Estás guapito, Pedro». No se lo dijo. Le echó un discurso sociológico, empero, declarándolo parásito. Lo comparó con un ladrón en el sentido más burdo: el que nunca aprende a ser un hombre productivo. El que, con prodigalidad, todo lo derrocha porque no le ha costado su esfuerzo, sacrificio de su parte. Al menos, Pedro I, el padre del Valentino de Marras, crió sus caballos, tenías energías naturales en el cuerpo e hizo que pariera la tierra. Este otro sólo entierra el nabo para que le digan «varoncito y guapito», no macho-Narciso, suplantador de puto.

Si ésto es así, en cuanto a expectativas sociales fracasadas, mi padre emocionalmente es igual. Como esposo no se pudo contar con él para nada. Entró a la vida de Ana Catana para hacerla parir. Ella no se arrepiente, al final de cuentas; pero no frivolza el dolor y el odio que guarda, con un esfuerzo de no contaminar a sus hijos con la memoria de lo ingrato.

El marido no fue llamado Eros, el placer a sus puertas. —Dímelo con tu vocesita que soy mejor que ninguno de los que te haya comido las nalgas, dándote por ojo, boca y narices, mira, puta, que me parte el corazón, no saber cómo piensas y me mortifica verte con ese politicón, Voisin...—

¡Qué estúpido obseso fan de las películas de los años 20! Ahora con celos... Cuenta mamá que iba a San Diego a ver cine, cuando no lo había en Michoacán. Viajaba por todo el Norte para seguir la imagen de Lupe Velez, o de Constance, o Louise... Dicen que Narciso lloró, como si fuera una vieja, cuando murio Rodolfo Valentino. «Mi hermano. Mi gemelo».

—Para decir eso, tú debes sentirte más solo que yo. Sin embargo, yo tengo hijos y un Camarada de Oro, socialista, Cárdenas y cada año sé de combatientes nuevos, —Para amorosos; yo no necesito a putos como Rodolfo Valentino. ¡Qué pena me das, Baturro!—

Lo mejor que El Baturro descubrió fue que Constance Bennett podía ser tan real como la adolescente de la Escuela Industrial España-México o la Universidad Michoacana de San Nicolás. Mamá se recogía el pelo, como ella, caminaba como ella, pero tenía voz. Era de carne y hueso, exístía cercana... No era una escena en una película muda... Ni fue una casualidad que el padre de El Baturro viera primero. Pero ambos la tuvieron tan cerca, era más linda que Constance, eran más fuerte y tierna, y en vez de amarla, la golpeaban con la punta de capullo, con el pene de sus desprecios...

Si pudiera consolarte, Mamá, por ese recuerdo de la apuesta...

«No lloren, pinchis viejas. Aquí estoy, pa' lo que me manden. Llegó por quien lloraban». Otra vez. Viene borracho... Siempre ha vestido bien para donjuanear. Llega como un patrón. Seduce como un Valentino. Va a los cines, después donde haya mujeres y naipes. Suplanta a Rodolfo Valentino, quien dejó el mito abierto, porque murió a los 31 años. El tenía 30 años de edad cuando entró a la vida de mamá, diez más que ella. Y la embarazó. Ahora tiene 38 y vuelve.

—Es posible que no lo sepas. O no lo quieras creer. Pero, realmente, Rodolfo Valentino no ha muerto.

—¿Qué trae?—, preguntó mamá.

Emsayó una escena de tango, con una imaginaria mujer. La que evoca de Los Cuatro Caballos del Apocalipsis.

—Déjate de payasadas. Debo completar unas lecturas para entregar para una clase en la universidad. Estoy tratando de terminar una maestría.

—Los hombres seductores, de sangre caliente, no tenemos libretos que estudiar... El Latin Lover es ídolo no ya del cine de matineé, es lo de menos. Subiré a las camas de las niñas, aún insatisfechas porque nadie las llena de besos y les hace arder en la piel con los deseos de posesión y humedad. Vengo por una segunda oportunidad. Quiero que me des un hijo que se llame como yo.

Y Ana Catana, con casi 30 años de edad, erró otra vez. Nunca se lo ha podido perdonar.

Saturday, September 12, 2009

9. El gorrito de la burla

Recuerda que, por unas u otras razones, junto a otras niñas, fuen transportada aparte, aunque su destino fuese el mismo. Irían a uno de los caserones, habilitads para dormitorios y comedores de la Escuela México-España de Morelia. Como era el caserón más pequeño, se dispuso para las niñas, la cocina, la escuela del taller de costura, una salita que llamaron la futura «Biblioteca».

El camión entró por la parte oriente, donde está la Plaza de San Juan de Dios, al parecer, la que hoy se identifica como la Plaza Melchor Ocampo. No recuerda si la estatua que honra al estadista, se había eregido. Sí rememoró que un hospital tenía ese nombre: Melchor Ocampo. Y recuerda que bajó, con las otras niñas y según caminaban el hospital quedaba a sus espaldas.

La plaza tenía árboles sembrados en sus bordes. A la catalana, le trajo vagas memorias de Barcelona. Sin embargo, cuando alcanzó con su mirada unos edificios, no tan distantes al fondo y hacia el Norte, a pesar de que le dijeron: «Les daban la bienvenida», la pancarta semicaída y desdoblada por una violenta brisa, parecía como si, por enojo, la estropearan. O hubiesen decido que se caiga y se pierda. No se le quita de la cabeza que en España se compara al grupo de niños que arribó, con el buque Mexique, a niños en campos de concentración en Francia.

Ana Catana leyó otra pancarta en el edificio, aún más grande y amarrada a una pared, sobre la altura de dos puertas, de un extremo a otro: «Todas las elecciones son una farsa: almanzista, únete al sinarquismo». Preguntó en voz alta qué significa el sinaquismo y qué es un almanzista. Sólo le dijeron que la campaña presidencial comenzó y será reñida.

A las siete de la noche, a poco de haberse servido lo que fue su primera cena en el centro, leyeron la cartilla a las niñas. —Darse su lugar, evitar jugar con los varones, porque la edad no es garantía de protección ante criatutras perversas y lujuriosas, como son ciertos niños—. Le mostraron una habitación. Había como diez camas; sólo dos habían sido ocupadas; las niñas fueron solicitadas por familias católicas y caritativas, que las adoptarían, en su momento. —Ahora ya son seis con ustedes—. Todas para compartir una sección, donde había una ducha, tres lavamanos, tres bidets, con su toilet al lado. Se habló sobre cómo no desperdiciar el papel de toilet, tras la limpieza post-defecatoria, porque «está tardando y dificultándose la compra del papel de China». Cuando eso sucede, aún las niñas educadas en las buenas costumbres y progresos, utilizan o un trapo, o papel de periódicos viejo.

El vestido que Ana Catana había elegido para estos primeros días en México lo cuidó celossamente dentro de un morral, muy distintinto al que le dieron luego. Mas ella defendió estos vestidos, no más de tres, uno de los cuales eran su ropón de dormir y una enagua. Ahora vestía el mejor vestido, con fina tela y prendas interiores que delataban su clase. En ningún momento, ella hizo aspavientos de serlo. Si niña rica fue como inconvenientes, porque, a su padre lo asociaban con el Gorro Frigio. De hecho, así salió en una caricatura que un día, en Barcelona, vio en la prensa. Como pequeñita, no supo el por qué de lo que leyó. Leyó, sin entender, y le explicaron, que con la caricatura y unas parrafadas bajo el epígrafe se le recordaba a su padre que ser rico / goliardo / rentista y señorón / no va tan acorde con la vida política que él había iniciado: Marchiel Possé discursa sobre la libertad para las masas, la conveniencia de la democracia jacobina.

—Pero eso es una iniquidad y contrasentido, viniendo de usted, Señor Marchiel. Usted se ha olvidado de cuál es el Modelo Original y lo que debería imitar deliberadamente, como un tradicionalismo. Los cambios del mundo... deje que se dén, no los apoye. La Mano Invisible que gira el mundo es Dios. No copie los giros y malgiros de los humanos, copiando de malos modelos, por las generaciones sucesivas no perdonan... Corta memoria tiene la reacción de los revolucionarios jacobinos y muy larga y segura es la memoria de los tradicionalistas—.

A su padre le estuvieron diciendo traidor del Tradicionalismo. Fue el primero de los Marchiel-Possé que cayó en la herejía, tan abiertamente. El primero se puso una máscara de hierro sobre su rostro para no avergonzar a la familia. Estuvo cautivo Luis XIV, el omnipotente Rey Sol, por veintidós años

No se esperaba de los Marchiel-Possé, esposo de Soledad, padre de Ana Catana que ha tenido que abandonar la España azul, porque su padre se hizo republicano, guerrilero y repite las herejías que hicieron que el Du Junca, en su diario, registrara en 1698, que un De Marchiel fue transferido de Pignerol a la isla Santa Margarita, en la bahía de Cannes, y ese hombre «es más importante que el resto de los reos en la isla». Y la familia de ese hombre, que terminará en La Bastilla, es tradicionalista y ha comprado muchos predios en la Bahía de Cannes, asegurando que no sucederá más que un miembro de la familia copie mal el modelo que se le ha enseñado.

—El niega la personalidad de su clase, el Ego de su familia, el Ego de todos los individuos ricos. Es un rico que se niega a sí mismo. Niega su libertad personal y dice que el colectivismo de la nación, el Estado demócrata y social, es más importante que él. Eso es ponerse el gorro. O dejarse poner un sabenito... Que se engorre él, que le crea la revolución a Marx o al taylorismo, éstos últimos, con Henry Ford, constructores de la clase media. Esta clase que es la peor y más mercenaria de las clases, porque es una clase aspiracional sin inscripción política definida, le piden a la izquierda y a la derecha, a Dios y al diablo, piden a base de maldición y gesticulación de fe. La clase media y su modelo social burgués es el colmo de la hipocresía... —, se le dijo. Indiscutiblemente, que Ana Catana no sacó nada en claro. Fue lo citado, rigurosamente, lo que se le dijo: «Que su padre siendo adinerado, hijo de una sociedad opulento, que se había paseado por Francia, Alemania e Inglaterra, visualizó la consolidación de ese grupo emergente, a través de la sociedad de masas, y ves de reprender y destrozar su aparición en España, lo ayudó a crecer. Lo predicó. Elogió el que se copiara el modelo imperfecto de la Izquierda y se puso el Gorro Frigio / Jacobino / para que fuese la burla de los periódicos y de los anarquistas y de la gente que, por surgir de las capas más bajas de la sociedad, no entienden algunos postulados, claro está, los que el republicano De Marchiel Possé también puso en duda, yéndose con todo al tacho:

La familia de Marchiel-Possé no puede justificar el ateísmo, con su Divinidad la Impaciencia y la Polarización. Mucha secularización político-social es mala consejera cuando se desean cambios. Si.Los cambios son necesarios y la necesidades, aún no satisfechas, con cierta magnitud, revelan cómo han de satisfacerse los cambios. Dar poco a poco, porque dar con exceso es revolución que destruye lo bueno, junto con lo malo. No es que sobrevaloremos la tradición, o creamos que las normas y costumbres todas sean buenas. La esencia de nuestro pensamiento es que complacer, en exceso, el apetito de cambio, el apetito de revolución, entraña un peligro moral que ahonda el caos. Y preferimos ser, entonces, prudentemente contrarrevolucionarios, conservadores.

La mujer se ha parado frente a un pizarrón. Apunta las horas en que las niñas se levantarán, tendrán horas de alimento diario, asistencia a clases, ejercicios en el patio. Horas de lavandería y horas de limpieza en las instalaciones. Diagrama hábilmente ideado. Por observar a Ana Catana con más curiosidad que otras niñas, había quien notaba que todo lo suyo fue de mayor calidad y costo que lo que otras niñas del embarque trajeron.

Al plantear en tales términos, se referió a su corte de pelo, su dentadura, su cajoncito con cepillos, dentríficos, uno que otro potecito de aroma y su jabonera; sus medias y zapatos parecen impecables; el abrigo con que se protege de aires y alturas, es elegante, bonito, pero, han dicho enfáticamente para que se lo enchuten todas las niñas, que no se tolerará el robo y que la desobediencia será castigada y dibujó una cabeza, con orejas de burro y, tras borrar la imagen de la burla, arguyó:

—Aquí no hay ricos ni pobres. Aún tú, pequeña, vas a utilizar el uniforme. Aquí se te coserá la ropa y te darán zapatos. Aquí no hay mucho que dar, no estamos en una Feria de las Vanidades; pero tampoco éste es el Valle de la Humillación... No se insultará a la gente porque responda a un nivel social específico; sólo que aquí no se para bola al que viene de viborita, pa'cuaima, yo; y como este lugar no es necesariamente la iniciativa de una bola de rojetes y, ¿quién sabe si dure tanto como para que digan, caray si hicieron algo por nosotros? Lo que yo les pido es que jalemos parejos el mecate. La soga se puede partir y no hay por qué buscar culpables, o echar más responsabilidad algún pagapedos que la que tiene—.

Ha vuelto a dibujar una figura y le ha puesto un gorro frigio. La señora no tiene idea de que Ana Catana rememora a su padre. Se asoman lágrimas a sus ojos porque asocia la caricatura que viera a la edad de seis años, en vísperas de perder contacto con su padre, con la calaverita que ella dibuja con su tiza.

—A ninguno nos gustaría que éste sea nuestro destino. Unos huesitos despreciados... con un gorrito de burla en el Valle de la Humillación
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